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El último escaño

¿Utiliza Sánchez la Inteligencia Artificial?

El presidente debería dirigirse cuanto antes a los españoles y explicarles que la IA nos sitúa a las puertas de un cambio de paradigma

Pedro Sánchez
Pedro SánchezJavier LizónEFE
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En todas las conversaciones de sobremesa que he mantenido recientemente con profesionales liberales acabé preguntando sobre el uso que hacían de la Inteligencia Artificial. Para mi sorpresa, la mayoría de ellos dijeron no utilizarla, o solo de forma esporádica, y en general mostraron una actitud hostil y/o de desconfianza con argumentos -algunos contradictorios entre sí- como los siguientes: 1) La creencia de que van a poder vivir al margen; 2) una cierta relativización de la capacidad real de la IA -como si fuera únicamente un «Google avanzado» -; 3) la esperanza de que los Gobiernos limiten sus efectos; 4) el temor de que a la larga envíe a todos al paro; 5) incluso que provoque la destrucción de la humanidad.

Aunque comparto algunas de sus preocupaciones -también lo hacen los impulsores de la IA, como Sam Altman, CEO de ChatGPT, quien ha declarado: «si esta tecnología sale mal, podemos causar un daño sustancial al mundo»-, debido a la proliferación de deepfakes, automatización masiva de ciberataques, armas autónomas, brecha digital..., también estoy deslumbrado por la capacidad de razonamiento y abstracción que ofrece. Más que una revolución tecnológica, la posibilidad de un nuevo renacimiento.

Por tanto, es una estupidez suicida la oposición a un inevitable cambio de paradigma -algunos estudios en EE.UU. plantean que acabará con el 70% de los puestos de trabajo, y ya ha dejado obsoleta la actual educación universitaria-, como lo es también la demora a impulsar un gran debate social, cultural y político sobre la IA que estamos construyendo, para no reaccionar a los problemas que esta plantee a posteriori, sino anticiparse a ellos. Fomentando desde la cooperación internacional una regulación que dote a la IA de un marco ético cuyo fin no sea la sustitución del hombre por cálculo mercantil, sino una herramienta que le complemente y potencie su pensamiento crítico. Aquello que le distingue: la creatividad, el juicio ético, la empatía y la capacidad de establecer relaciones humanas profundas...

En este contexto histórico resulta muy grave la falta de sinceridad de algunos gobiernos. Pedro Sánchez no se haya dirigido a los españoles para explicarles, con claridad, crudeza y ninguna exageración apocalíptica -es decir, hablándoles como a adultos-, el impacto que va a tener la IA en sus vidas cotidianas. Una dejación de responsabilidades del presidente (¿o de desconocimiento?) que encuentra la complicidad de una población española que en general, y como hace con otras cuestiones críticas, prefiere no saber, no pensar.