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El último escaño

¿Qué trama el cerebro del putinismo?

Hombre escurridizo y misterioso, Vladislav Surkov ha dado en una entrevista algunas claves del desconcertante presente y del futuro que nos aguarda

Surkov y Putin
Surkov y Putin
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Como Abascal, tampoco hice la mili. Mi quinta fue de las últimas que pidió una prórroga de estudios para escaquearse, ya que enseguida se benefició de la decisión de Aznar de eliminarla. En mi hábitat de clase media acomodada barcelonesa, «hacer la mili» era algo inimaginable, un destino para balas perdidas, pirados, aventureros y gente sin posibles... Todavía vivíamos en la inercia de los felices noventa, creíamos que la tiranía comunista se había derrumbado, Europa subcontrataba su defensa a EEUU y las guerras estallaban lejos. ¡Paz, amor y Erasmus!

En ese ambiente, la decisión de Aznar de abolir la mili reforzó la creencia de que el Ejército no servía para nada, una rémora franquista. Caricatura sazonada, además, con el error de pensar que España estaba a salvo de las grandes convulsiones geopolíticas, y con una izquierda que emboscó en su pacifismo tramposo el odio a EEUU y al libre mercado.

Un cuarto de siglo después, ese "pacifismo" y el desprecio al Ejército, que Sánchez mantiene en precario, no han variado en exceso: impregnan la resistencia de los políticos y la opinión pública a asumir que el rearme que exige Bruselas es una necesidad existencial también para España. Es lógico que, en este aislacionismo, haya pasado desapercibida la entrevista de L'Express a Surkov, el arquitecto del putinismo.

Un tipo escurridizo que además de insistir en que Ucrania será «aplastada» y en que el destino histórico de Rusia es «expandirse en todas las direcciones», da algunas claves para entender el futuro que nos aguarda y el desconcertante presente. Acuñando el concepto de «norte global», la contraparte del «sur global» que maneja China.

Surkov vaticina que, tras unos próximos años convulsos, en los que habrá más conflictos armados y mucho sufrimiento a modo de «depuración», Europa, Rusia y EEUU se aliarán para garantizar la «supervivencia de la gran cultura nórdica» frente a la «presión demográfica del sur». Una convergencia para la que será necesario que Europa se vuelva más autoritaria, renunciando a los principios de la democracia liberal con la colaboración de los partidos «europutinistas y eurotrumpistas», y que Rusia suavice su neozarismo.

¿Una teoría descabellada? Surkov ni es imbécil ni bromista. De hecho, los ataques de Trump a la UE, el desprecio por el Estado de derecho y su complicidad con Putin apuntan en esa dirección, igual que lo hace el obsceno abrazo en el Congreso entre los nietos políticos de la Pasionaria y los de la División Azul para dejar a Europa cautiva y desarmada.