Piense que está en el atril de Saber y ganar y se juega un porrón de euros. Salen estas fechas en el bombo televisivo: 1212, 1492, 1789, 1944, 1978 y 1989. Entonces Jordi Hurtado le pide que las relacione con acontecimientos históricos. Ha tenido suerte. ¿Por qué son tan reconocibles? Se las grabaron a fuego en el colegio, las ha visto en libros y películas, incluso en postales turísticas. Son días que han moldeado la idea común que tenemos de nuestra historia. La batalla de las Navas de Tolosa, el Descubrimiento de América (y si hila más fino la expulsión de los judíos y la Conquista de Granada), el día D del desembarco de Normandía, el nacimiento de la actual Constitución, la caída del Muro de Berlín.
Son fechas clave en la conformación política de sujetos y naciones, un sofrito de territorios y guerras. ¿Pero son estos acontecimientos los que condicionaron lo que somos? Todos son acciones de gobernantes. Así nos lo indica también la Wikipedia. Si consulta cualquier año al azar, más de la mitad de sus momentos más destacados están protagonizados por generales, políticos y reyes. Al respecto, el historiador inglés Stephen Davies sostiene que a menudo ponemos el énfasis en eventos equivocados. Somos receptores de memoria inoculada por profesores, modas y propaganda. Todos los hechos que sí sabemos ubicar con precisión fueron muy importantes, nadie lo duda, pero realmente no fueron los capitales de nuestra transformación.
El mundo cambia de verdad gracias a la ciencia y las ideas, no mediante batallas y constituciones.
¿Sabe usted qué sucedió el 5 de julio de 1687? ¿El 9 de marzo de 1776? ¿Y el 24 de noviembre de 1859? Estas fechas, que podríamos definir como literarias, no las hemos aprendido a recitar como una alineación de cromos de Panini. Y deberíamos. La primera es el día de la publicación del Philosophiae naturalis principia mathematica de Isaac Newton, el libro más influyente de la historia de la ciencia. La segunda corresponde a la salida de la imprenta de La riqueza de las naciones, de Adam Smith, la primera gran obra de la economía moderna, mientras que la última corresponde a la aparición de El origen de las especies de Charles Darwin. También podríamos añadir otras fechas como la del descubrimiento de la estructura del ADN, la de la primera vacuna del Covid o la que marcó el momento final de la secuenciación del genoma humano.
¿Qué es lo que ha cambiado realmente nuestras vidas? Grandes cosas desconocidas. No tenga duda que lo sucedido el 26 de abril de 1956 influyó más en usted que el Desastre de Annual y el contubernio de Múnich. La idea que tuvo un empresario de camiones estadounidense de botar el primer buque portacontenedores revolucionó el coste del comercio de mercancías y cambió todo. O cualquier mujer debe agradecer con el mismo entusiasmo que quien sigue el santoral del Calendario Zaragozano que Gregory Pincus le diera más independencia que cualquier manifestación, ley o verso el día que sintetizó la hormona que sirvió de base para crear la píldora anticon ceptiva.
Pues eso. Nuestra vida es un calendario de adviento mal digerido con fechas que no son Las Fechas.

