El trampantojo de Muface
Sr. Director:
La noticia es que una aseguradora decide no seguir con Muface. Pero eso es un trampantojo. Lo sustantivo es el régimen especialísimo por el que los funcionarios pueden optar, gratis, por una aseguradora privada en detrimento de la Seguridad Social. Y que ese privilegio lo paguemos todos.
Llevo 50 años trabajando y cotizando por obligación a la Seguridad Social, pero en esos años he pagado de mi bolsillo un seguro privado para que la salud de mi familia sea mejor atendida. Millones de funcionarios disfrutan de una prebenda discriminatoria, ¿por qué razón? Es demasiado caro mantener este tipo de cosas, aparte de injusto. Otro día hablamos de los privilegios de senadores, diputados y similares. Mariano Blanco. Correo electrónico.
El discurso del Rey
Sr. Director:
En el tradicional discurso de Nochebuena, el Rey Felipe VI hizo honor a su función constitucional representativa, moderadora y arbitral. Desde el consenso, la concordia, la solidaridad enhebrada en el pueblo cuando sobreviene la tragedia y la serenidad apeló a la conciencia del bien común, al sentido de la comunidad, al sentimiento de país, al espíritu de encuentro y convivencia, de trabajo y compromiso para reforzar las defensa sensata de la democracia en aras al fortalecimiento de las instituciones que son pilares nodulares del Estado Social y Democrático de Derecho.
Saliendo al paso del ruido de fondo, de la crispación política, hizo un clarividente llamamiento al diálogo, a la acción de Estado, evitando que la diversidad derive en la negación de un espacio compartido. Acertó de lleno cuando aludió a la necesidad de que la contienda política, en ocasiones atronadora, no impida escuchar, prestar la necesaria atención a una demanda aún más clamorosa, la serenidad en el ejercicio de la política, en el desenvolvimiento de la vida diaria, en pos de asumir proyectos para todos. Una alocución modélica. José María Torras Coll. Correo electrónico.
Sin ellos todo sería un caos
Sr. Director:
En los balances sobre los personajes del año se suele hablar de los famosos, pero no de los millones de trabajadores anónimos que diariamente se levantan para transportar los bienes a disposición de los ciudadanos. O de los empleados de los súpers, que los tienen a disposición de los clientes cuando levanten las persianas. O de los sanitarios que atienden las distintas patologías de las personas. La lista de trabajadores es muy larga, a pesar que muchos de ellos no pueden soportar el terrible coste de la vida. Tampoco se habla de aquellos que entregan parte de su tiempo a las ONGs. Su apoyo altruista permite que estas organizaciones sigan contribuyendo al bienestar de la sociedad.
Cabe preguntarse quién mueve el mundo. Tal vez el político de turno o el empresario o incluso el presidente de un club deportivo puedan tomar decisiones que influyan en el día a día del ciudadano. Pero de lo que no cabe duda es que sin los trabajadores y los voluntarios el mundo que conocemos sería un auténtico caos. Lo que importa no es lo visible, siendo lo esencial lo que da sentido a nuestra existencia. Pedro Marín Usón. (Correo electrónico).
