OPINION
Los intelectuales y España

Fernando Ónega: "Casado es un gran orador, su problema es que no sale del discurso del no"

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Es uno de los periodistas y analistas políticos de más larga y reconocida trayectoria en España. Fue director de prensa de la Presidencia del Gobierno con Adolfo Suárez y 'Puedo prometer y prometo', su obra sobre el ex presidente cuyo título se sirve de la icónica frase de Suárez que el propio Ónega ideó, es la primera de una colección de biografías imprescindibles que cada sábado el lector podrá conseguir con EL MUNDO

El periodista Fernando Ónega.
El periodista Fernando Ónega.ANTONIO HEREDIA

A los politólogos y demás expertos corresponderá dilucidar si el periodista Fernando Ónega (Mosteiro, Lugo, 1947) cumple con aquellos eslóganes de la extinta UCD y representa «lo bueno de la derecha y lo bueno de la izquierda». Por lo pronto, él dice que cuando conoció al extinto político Albert Rivera, en una recepción del 12 de octubre en el Palacio Real, el otrora líder de Ciudadanos se le acercó eufórico: «¡Está Ónega, el centro existe!», parece ser que le soltó. «Mira qué simpático», pensó Ónega.

Cuenta que iba para cura, pero... Bueno, no sabe muy bien por qué confiesa esto. Durante un año, fue director de prensa de la Presidencia del Gobierno con Adolfo Suárez, de quien escribió una biografía o, mejor dicho, «un cariño» de evocador título: Puedo prometer y prometo. Mis años con Adolfo Suárez. La ideología de Ónega tal vez sea un misterio, cosa de meigas, diríase. Y quizá eso se deba a que con respecto a su carrera profesional siempre afirma lo mismo: «Soy periodista y gallego, aunque no sé en qué orden». Y, claro, por ahí tendremos que empezar...

Una crítica revisionista a la figura de Suárez se centra en que provenía del Movimiento. Haciendo un paralelismo, usted trabajó en el Arriba donde, entre otras responsabilidades, tuvo la de editorialista. ¿Cómo convivía su ideología con la del diario?
Había una solución muy fácil, que era hacer un editorial y su contrario, lo cual, además, era una práctica muy bonita. Lo hice muchas veces y en alguna ocasión le di un buen un susto al director. El Arriba fue un periódico donde empecé como alumno de prácticas y del que tengo un buen recuerdo profesional. Yo sabía dónde trabajaba, obviamente, y cuando te encargan un editorial pues te sometes a la línea editorial de la casa, que no tiene por qué ser la opinión de uno. Aquello tenía un funcionamiento muy singular: se recibían consignas de arriba, y no me refiero al periódico, sino a la Delegación Nacional de Prensa del Movimiento. Siempre me acordaré de una: conviene elogiar la uva de Almería. Los temas que se trataban tienen muy poco que ver con los que se tratan ahora.
¿Por qué parece imposible no acudir a ese pasado ideológico? El Movimento, el Arriba...
Supongo que forma parte de la biografía. Ni yo la oculto ni me molesta que se me diga, es más: me parece normal. Que no es agradable en algunos aspectos, sin duda, pero tengo 74 años, viví y trabajé en aquella época, hice cosas que supongo que fueron buenas y otras que me ponen colorado. A veces tengo la tentación de escribir algo, pero me falta valor, sobre cómo se pasa del Franquismo a la Democracia, y hacerlo en primera persona. Uno es un aldeano de la provincia de Lugo en los años 50 y tienes la perspectiva de que en la aldea se acaba el mundo, no existe otra cosa que Franco, no viajas al extranjero, tienes una realidad muy limitada y eso lo llevas en la cabeza. Calculo que es lo que le pasaba a gran parte de la sociedad, no conocías otra cosa. Ahí se produce una división de clases: hay los que están en una situación económica mejor, que sí salen al extranjero, incluso a estudiar, y son los avanzados de la democracia; y estamos los que nos quedamos y continuamos en el régimen franquista porque era lo que había. En medio de ello, tienes tus lecturas, que es lo que te van haciendo percibir que hay otra cosa. ¿Por qué el entierro de Franco es un entierro masivo? ¿Por qué hay un franquismo sociológico que dura tanto?
Usted mismo escribió sobre el sentimiento que se exhibía en Madrid por la muerte del dictador.
Hubo un sentimiento sincero de la gente que fue al entierro, nadie fue a escupir al Caudillo. Era la normalidad de la vida: es que el señor Franco se murió en la cama. Había mucho antifranquismo pero en su final no se movió ni para hacerle una mala despedida.
¿Qué fue lo que peor gestionó Suárez?
Seguramente fue la economía, porque no era la prioridad en aquel momento. Cuando Suárez coge las riendas del Gobierno, el proyecto de país que existía era llevar a España a la democracia y a Europa, no había otro. Se heredó una situación económica fastidiada: la crisis del petróleo, una inflación altísima, huelgas, la calle estaba agitada y no se hizo la reconversión industrial que se debía hacer. Pese a todo, esa gestión, que es la más criticable, no era la prioritaria. Luego, mi valoración es absolutamente positiva. Se puede discutir si la construcción del Estado de la Autonomías y si las primeras concesiones que se hicieron fueron excesivas. Yo creo que no. Por ejemplo, si la concesión de la educación fue acertada es un debate que siempre ha estado ahí y yo creo que se ha hecho bien.
Cuando Calvo-Sotelo llegó a La Moncloa, escribió que no encontró un libro, insinuando que su predecesor no era un hombre leído.
Sotelo era más culto que Suárez, también era de familia más rica. Suárez no era un gran lector, pero culturalmente a mí, por ejemplo, me superaba. Yo no puedo suscribir la mala leche del señor Calvo-Sotelo, pero te puedo decir que, en la etapa que estuvo Suárez en la Presidencia, tiempo para leer no te tuvo.
Hay quien dice que aquella frase fue para marcar distancia entre generaciones y estilos. ¿Es como los que afirman que «los políticos de antes» tenían, por ejemplo, mayor sentido de Estado que los actuales?
No me gusta mucho comparar la talla de los políticos de entonces con los de ahora, porque estamos juzgando vidas enteras y otras de solo unos años. La comparación es injusta. Ahora, contundentemente, el sentido de Estado que poseía toda aquella gente, independientemente de la ideología, no existe hoy ni de broma. Ahora hay un predominio de la idea partidista que entonces no, de lo contrario, no se podrían haber redactado la Constitución o los Pactos de la Moncloa. Hoy son imposibles los grandes acuerdos. Decía que antes había un proyecto de Estado y de país: en estos momentos hay tantos proyectos de Estado y de país como partidos, y hoy no me atrevo a decir de nadie aquella frase de tiene el Estado en la cabeza. Seguramente los independentistas tienen más sentido de su Estado que los políticos constitucionalistas del suyo.
¿Eso puede ser porque se juega en un tablero diferente? Hoy la democracia está consolidada.
Es posible que, dadas las circunstancias, tener un proyecto de Estado fuera más fácil porque había consenso absoluto de que el franquismo se había agotado, pero eso no quita que ahora debiese haber un proyecto y pactos de Estado sobre lo sustancial. Me refiero a que se entiendan, sobre todo, el PP y el PSOE. Haría falta un pacto territorial y otro sobre la Monarquía -o sobre la república-, que son dos aspectos básicos para dar seguridad de futuro a este país. Que estén enfrentados en su concepción de España los dos únicos partidos que tienen la posibilidad de gobernar me parece que es fortalecer al independentismo y quitarle toda la fortaleza al Estado. No es presentable que no se sienten ni a hablar. Sobre la Monarquía, tiene que existir claridad de ley: ¿por qué no se ha hecho una ley de la Corona en 40 años? No lo entiendo. Tienen que estar claramente establecidos los derechos, los deberes, los límites de la Familia Real. Y la transparencia debe ser total, porque es la única manera de que desaparezcan los rumores.
Antes hablaba de líderes con vidas políticas cortas y pienso, por ejemplo, en Pablo Casado, que apenas es presidente del PP desde 2018 y ya ha enfrentado alguna crisis incluso dentro de su propio partido.
Casado es un gran orador pero su problema, a mi juicio, es que no consigue salir del discurso del no. Y este país necesita una oposición dura, sí, pero también una oposición que cree ilusión. Basar toda la estrategia en el váyase señor Sánchez... eso le funcionó a Aznar en un momento en el que la escandalera de la corrupción era muy notable y González llevaba doce años en el Gobierno. En este momento, hay que empezar a distinguir el grito de la razón. Por mucho que uses grandes palabras descalificadoras, eso se lo lleva el viento. La oposición eficaz es la que pone al descubierto los fallos del Gobierno con datos. El decir es usted un desastre, nos lleva a la ruina, España se rompe... Ni España se rompe, ni se va a la ruina, ni leches. Y las palabras esas que ha dicho a la media hora han desaparecido y cada vez ganan menos titulares, felizmente. Veo la necesidad de una oposición más de datos concretos y de menos palabrería. Mientras no haga eso, yo lo siento, pero no veo al señor Casado en la Presidencia del Gobierno. Es que no es posible que con los errores y mentiras del señor Sánchez el PSOE siga siendo el partido con más intención de voto. Y me creo las encuestas del CIS. Espero que lo que se ha dicho en los 97 discursos que se han pronunciado en la convención trashumante del PP se concrete en un programa. Porque si a mí me preguntan qué se ha dicho, no lo sé.
¿El Gobierno sí tiene un programa claro?
El programa del Gobierno tiene una esencia, que es la Igualdad, como corresponde a un Gobierno de izquierdas. Y poco más. El resto se llena de palabras como resiliencia, empoderamiento -que todavía no sé qué significa- y modernización, y va amoldando su programa a las necesidades.
¿A qué necesidades?
A las necesidades de mantener la coalición. Si no fuera por las exigencias de la coalición no tendríamos el anuncio de la Ley de Vivienda, por ejemplo. Hay una pelea: Unidas Podemos tiene la bandera social, la ha ganado a base de airear las diferencias con el PSOE. Y el PSOE tiene la necesidad de recuperar esa bandera de cara a las próximas elecciones, porque ahí está su voto. Las discrepancias en un gobierno son normales, lo malo es cuando sumas una buena acumulación de discrepancias y llegas a la conclusión de que pierden más tiempo en limar discrepancias que en gobernar. Yo no sé si esto obedece a una estrategia, y me explico con un ejemplo. Podemos dice que quiere controlar los alquileres y que las grandes empresas paguen. Primera victoria para Podemos. Segunda, el PSOE dice que no, por lo que Podemos se convierte en el partido avanzado y el PSOE, en uno derechizado. Tercera victoria, Podemos insiste en el tema aun a riesgo de que se rompa el Gobierno, y lanza así un mensaje subliminal: quieren tanto al pueblo que están dispuestos a perder el Gobierno. Y, ya lo último, se firma el acuerdo con las reivindicaciones de Podemos. Es apasionante.
Señor Ónega, en los últimos años se ha llegado a decir que Albert Rivera podría ser la encarnación de Suárez. Pero, a tenor de los diez mandamientos del ex presidente que usted glosa en su biografía...
Albert Rivera ha sido un buen invento... y se equivocó. Soñó con quitarle la primacía al PP sin darse cuenta de que eso no era posible. Su gran responsabilidad histórica es no haber intentado el pacto con Sánchez cuando tenía 57 diputados, eso hubiera cambiado el destino de este país. Al haberle fallado al país -porque él lleva las culpas, aunque también son de Sánchez- ese electorado que lo veía a él y a Ciudadanos como el partido liberal europeo que permite coaliciones de gobierno y evita que se caiga en los extremos no se lo perdonó. Y es difícil que se lo perdone a Inés Arrimadas, porque las herencias existen.
Usted, que ha estado entre las bambalinas del poder, ¿sabe cuánto poder acumulan los asesores?
El asesor es una figura fundamental y gana poder en la medida en que sea bueno. Yo defiendo a Iván en lo que hizo, se le crítica mucho que construyó una estructura inmensa de poder, pero creo que el Gabinete de la Presidencia del Gobierno de la décima potencia industrial del mundo debe tener una infraestructura de mucho poder y de mucho talento concentrado. ¿Qué le ha ocurrido a Sánchez con Redondo? Que los periodistas le hemos atribuido a Redondo unas cualidades, acciones y poderes en las que parecía que Sánchez era un juguete en sus manos y eso, sospecho, tiene que joder y ha sido manejado en esas bambalinas para hacerle la cama a Iván Redondo.
Antes, según ha escrito, para llegar al poder los líderes debían pasar multitud de pruebas. ¿Y hoy?
Entonces había un designador que se llamaba Juan Carlos y que iba haciendo pruebas y preguntando. Hoy para ser líder de un partido primero tienes que ser del partido; dentro del partido, tienes que ser killer y moverte a codazos; luego, conviene que seas un poco bueno de cabeza, aunque sea un poco. Lo más admirable en los últimos tiempos en promoción de líder ha sido Pedro Sánchez: lo echan, se rehace, renace como el ave fénix y gana la secretaría general del Partido y la Presidencia del Gobierno en un tiempo récord.
Y para acabar, vuelve Puigdemont a escena. ¡Se lee incluso que está libre de cualquier cargo!, cuando el propio juez Llarena contemplaba el escenario actual.
¿Sabes lo que ocurre? Que nos salimos del contexto y no leemos, de la desinformación vienen grandes males. Creo que si se diera un acuerdo sobre Cataluña, que no se va a dar, entre ERC y el Gobierno sin contar con Junts, sin Puigdemont ese pacto de futuro estaría cojo, porque una parte del independentismo no estaría ahí incluido y, si no los integras a todos, estaríamos ante un acuerdo de vigencia muy limitada.

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