Lejos quedaron los tiempos -abrió en 1965- en los que House of Ming, en la Castellana, hacía las veces de gran restaurante chino en Madrid, dedicado sobre todo a los oficiales norteamericanos de la base de Torrejón, porque el público autóctono no era muy partidario de exotismos, aunque sí que engullía con delectación los cócteles Mai Tai en el bar. Hoy, con China Crown y Bao Li, de María Libao, y Don Lay, de Nieves Ye, la gran cocina china, esencialmente cantonesa, está muy bien representada en la capital de España. Y descubrimos que hay un nuevo grupo, Macao, que quiere estar en las grandes ligas y ha abierto hace unos meses este Le Chinois, apenas a unos metros de donde estuvo aquel histórico House of Ming.
La cocina todavía no escala todas las alturas, aunque es buena, pero el marco, desde luego, supera todo lo esperable. Tras un enorme ventanal que cubre los dos pisos del restaurante, la decoración más imponente que hayamos visto en un chino de aquí impresiona y llega a asustar un poco -ese tremendo dragón- a la clientela. El objetivo es recrear el ambiente de la china imperial de la dinastía Qing, del siglo XVII, y sea o no sea precisa la versión ofrecida, el cambio de ambiente es espectacular.
No sabemos mucho del planteamiento culinario de Le Chinois, aunque haber escogido la lengua francesa para llamarlo el chino indica una intención de refinamiento. Eso sí, comprobamos que los precios no se suben por las nubes, y nos extraña bastante que la anunciada como gran especialidad de la casa, el pato laqueado, sólo esté disponible por encargo previo. Así que habrá que regresar para probarlo.
Las empanadillitas chinas, tan populares hoy entre nosotros -unas veces llamadas dumplings, otras dim sum-, figuran en cabeza de los entrantes de Le Chinois, y desde ese momento ya comprobamos una de las características de la casa: un esfuerzo por ofrecer materias primas españolas de primer nivel, como el cerdo ibérico, con varias menciones de los proveedores -Discarlux, Aquanaria-, para información del cliente. Así, el clásico xiao long bao de Shanghai, empanadillita al vapor rellena de caldo de gallina y cerdo, aquí viene con cerdo ibérico. El problema es que el porcentaje de caldo en el conjunto es demasiado bajo, el jiaozi es muy compacto y se pierde el encanto sutil de la versión dominada por el caldo. Más convincente, en cambio, el jiaozi, que es un dumpling guisado, de mayor tamaño y alargado, aquí hecho con gamba guisada en salsa de chiles, y resulta muy sabroso.
Buen nivel también el de los platos principales que probamos: un arroz negro salvaje, hecho con arroz jazmín y tinta de calamar, salteado con gambas, cangrejo, huevo, maíz y rousong (carne seca de cerdo), y -a falta de pato laqueado- un pollo de corral crujiente con salsa agridulce, acompañado de piña, flor de canela y sésamo blanco, francamente apetecible.
Los postres no son lo que uno busca en un restaurante asiático, ya se sabe, pero aquí ofrecen algunos, como una tarta de queso semilíquida que es agradable.
La carta de vinos incluye unos cuantos blancos secos, sin duda lo más apetecible de entre ese añadido líquido europeo a la cocina china -recordamos un restaurante de moda en Shanghai en el que se bebía vino en una sola mesa y reinaba el té en las demás-, y una buena opción asequible es un Kientzler 2022, un riesling alsaciano básico pero con el frescor y la fruta que apetecen con los diversos dumplings.
En resumen, este nuevo y ambicioso local oriental de María de Molina se merece ya un aprobado alto, aunque deberá afinar su oferta algo más si su intención es entrar en la misma liga que el Don Lay -su vecino, unas manzanas más arriba- o el China Crown. En todo caso, muy superior a lo que fue aquel pionero, el House of Ming.
Más información sobre Le Chinois
- María de Molina, 6
- Horario de apertura: No cierra
- Pagina Web Oficial: https://lechinoisrestaurante.com/
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