- Política Ayuso destituye a su primer consejero desde que llegó a la presidencia: releva a Emilio Viciana por el bloqueo con las universidades
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Nadie manda más que los rectores. Ni los consejeros autonómicos ni los ministros han podido sacar adelante sus reformas sin el beneplácito de unos señores «magníficos» que todavía hoy -en ocasiones especiales, eso sí- se visten con togas, mucetas y birretes. Ni José Ignacio Wert ni Pilar Alegría pudieron cambiar la Selectividad porque los representantes de las universidades públicas se negaron a perder su statu quo. Por el mismo motivo tampoco Madrid ha podido tener nunca una ley integral de universidades. No quieren que nada se mueva.
Lo más cerca que estuvo de aprobarse una norma fue en 2018, pero un error de la propia Cristina Cifuentes durante la votación en la Asamblea forzó a retirar la Ley del Espacio Madrileño de Educación Superior (Lemes). La entonces presidenta madrileña estaba distraída con el móvil y no llegó a pulsar el botón. Cuando su sucesor, Ángel Garrido, quiso volver a presentar el proyecto, los rectores se lo desaconsejaron con la excusa de que pronto habría elecciones y no convenía remover las cosas. Y hasta ahora.
La llamada Ley de Enseñanzas Superiores, Universidades y Ciencia (Lesuc) de Isabel Díaz Ayuso ya tendría que haberse aprobado -el Gobierno regional se comprometió a hacerlo para finales de 2025- pero se encuentra atascada y con los rectores, una vez más, enrocados. El Gobierno madrileño tiene a los seis campus públicos en contra, empeñados en que la norma no salga adelante y con la comunidad educativa preparada para salir a la calle. En los últimos días se han convocado asambleas y ha cobrado intensidad un movimiento para establecer acciones de protesta en contra de la ley y en respuesta a la insuficiente financiación pública.
Desde hace tiempo corrían rumores de que en Sol iban a prescindir de Emilio Viciana porque estaban enfadados por cómo había gestionado todo lo relacionado con la ley. Este es el motivo principal por el que Ayuso ha decidido destituir a este administrador civil del Estado que, pese a ser buena persona y conocer al detalle los pormenores técnicos de la Administración, sabía muy poco de educación y no estaba bien arraigado en el organigrama del partido. Todo lo contrario de su predecesor, Enrique Ossorio, que en 2023, al empezar la nueva legislatura, fue sustituido por Viciana y enviado de presidente de la Asamblea.
Según distintas fuentes, a Viciana lo puso el dramaturgo y actor Antonio Castillo Algarra, un asesor oficioso de Ayuso, sin cargo formal en la Consejería, al que se le atribuye casi tanta influencia en la presidenta como a Miguel Ángel Rodríguez. Según publicó El País, cuatro altos cargos vinculados a la Consejería han formado parte de For the fun of it, la compañía teatral y academia de preparación de opositores de la que es dueño Algarra. Viciana habría sido profesor en la academia de oposiciones y formaría parte de este grupo -un musicólogo, una bailarina...- que la comunidad educativa considera que no ha estado a la altura de lo que exigían las circunstancias.
Las fuentes consultadas sostienen que Algarra ha tenido tanto poder en la Consejería que uno de los últimos borradores de la ley de universidades madrileña surgió de su entorno. Esa versión era tan estrafalaria que puso en contra a los rectores. Así que Sol decidió nombrar viceconsejera a Mercedes Zarzalejo -la diputada que representó al PP en la investigación parlamentaria de Begoña Gómez- con el fin de que pusiera orden en la Consejería. Zarzalejo, persona también cercana a Miguel Ángel Rodríguez, se encontró al llegar con un desastre absoluto, según las mismas fuentes, lo que ha terminado por precipitar la caída de Viciana.
Andalucía, que tiene de consejero al ex presidente de la Conferencia de Rectores José Carlos Gómez Villamandos, aprobó su ley de universidades la semana pasada con muchísimos menos problemas que Madrid, cuya ley los expertos sostienen que está mal redactada, mezcla innecesariamente a las universidades con otras educaciones superiores y no soluciona correctamente la cuestión de la financiación. En uno de los borradores incluso se llegó a plantear dar más incentivos a los campus que ofertaran títulos que pusieran en valor a Madrid como potencia cultural.
El asunto de la financiación también ha desgastado mucho a Viciana. En estos dos años los campus madrileños -los mejores en los ránkings junto a los catalanes- han sufrido una crisis reputacional sin precedentes que el consejero no ha sabido paliar y ha llevado a las familias a plantearse recurrir a la privada, un modelo exageradamente favorecido por Ayuso mientras desatendía las peticiones de auxilio de los campus públicos.
Lo paradójico es que Viciana, pese a su perfil bajo y su problema con los rectores, ha hecho un trabajo valiente en la enseñanza no universitaria. La recuperación de la jornada partida, la ley contra las pantallas -que le ha enfrentado a la escuela concertada- o la vuelta a EGB son medidas que han respondido a la demanda de las familias y que están siendo imitadas por otras comunidades autónomas u observadas de cerca por el PP nacional.
De Zarzalejo, que tiene un perfil más político que Viciana, dicen que es educada en las formas, inteligente y trabajadora, pero impermeable a las críticas y poco dispuesta a alejarse de sus posiciones iniciales. Así que, si no cede, también lo tendrá difícil para sacar la ley.

