MADRID
El Rompeolas

Invocación de Andrés Rábago, y OPS y El Roto

Andrés Rábago, El Roto, junto a uno de sus dibujos.
Andrés Rábago, El Roto, junto a uno de sus dibujos.JESÚS DOMÍNGUEZ
Actualizado

Hace unas semanas en la Real Academia Española se cumplía homenaje al poeta Ángel González y fui a escuchar (y a decir alguna cosa). Entre los asistentes me fijé en la cabeza de un hombre que salía de atrás del hueco que dejaban los hombros de dos personas que estaban sentadas delante de él. Aquel ciudadano destacaba por algo importantísimo: la atención. Y a mí eso me fue fascinando poco a poco. Cómo atendía: serio, con el ceño algo fruncido, la boca sellada, el cuello enjuto. La camisa impecable. Como me recordaba a alguien puse la memoria en sabueso y así estuve un buen rato hasta que deduje que era, seguro, Andrés Rábago, El Roto, Ops, exactamente él o ellos. A quienes tanto admiro.

No me pareció oportuno violentarlo con entusiasmos al final del homenaje al poeta Ángel González. Creo que es la primera vez que lo vi en vivo. Con las viñetas de este tipo he pasado momentos asombrosos o inquietantes, y lo he celebrado a solas en casa o lo hemos festejado Lara y yo pasándonos sus dibujos con apetito. Andrés Rábago es un Pessoa, uno de esos seres extremos que pueden pasar inadvertidos en una comisaría y sin embargo son un baúl lleno de gente. De gente que dice cosas tremendas con una precisión insectívora. Guardo viejas entregas familiares de Hermano Lobo y ya estaba ahí, como uno de los necesarios del humor gráfico, junto a Chumy Chúmez, Summers, Forges, Perich... Desde entonces algunas de las mejores historias de un periódico las he gozado en su recuadro. Tengo la sospecha de que es un tipo que pinta o dibuja con un cinturón de dinamita ceñido a la cadera. Y cuando lo deflagra, las víctimas son quienes deben ser: los culpables de cuanto denuncia.

A cuenta de una conversación sobre sus viñetas, alguien intentó convencernos de que El Roto es un surrealista genial y solitario, pero a mí no me parece. Los surrealistas, cuya poesía amé cuando era casi niño, son demasiado solemnes y cometieron el delito de creerse surrealistas a tiempo completo, lo cual limita con la vanidad peligrosamente, y con el ridículo. En Rábago/OPS/El Roto hay una cautela formidable que empieza por no olvidarse de que sin ironía casi nada es absolutamente nada. Por eso lo tomamos tan en serio. Si un día saliese el periódico sólo con el dibujo de El Roto estoy seguro de que no echaríamos de menos el resto de asuntos que suceden, pues ese día el periódico sería exactamente lo que alguna vez creímos que es: un espejo de verdades implacables.

Miraba a Andrés Rábago con empeño y sonaron unos versos del poeta a quien celebrábamos esa tarde: "Que sería posible todavía,/ hoy o mañana, si no fuese/ todo un sueño".