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La alarma por los riesgos de las redes sociales para la salud de los menores atraviesa ya la Unión Europea y, ahora, un primer ensayo científico en España confirma la preocupación con datos rotundos, una semana después de que el Gobierno de Pedro Sánchez anunciase que España prohibirá el acceso a las plataformas digitales a las personas de menos de 16 años, en la estela de Francia, Dinamarca, Reino Unido o Australia, la pionera en la ley desde el pasado diciembre.
El estudio, presentado ayer por la Comunidad de Madrid, revela que un 76,5% de las adolescentes de 17 años sufre ansiedad si no recibe respuesta inmediata en redes, mientras que en ellos, entre los 15 y 16 años, el máximo de angustiados por la réplica rápida se sitúa en un 57%. En general, es a partir de los 14 años la edad en la que se constata un aumento de esta reacción emocional.
Desarrollada por un equipo de las universidades Rey Juan Carlos (URJC) y Pontificia Comillas (UPC), la investigación se ha llevado a cabo con 676 alumnos de Secundaria y Bachillerato (de 11 a 17 años) del Colegio Gredos San Diego Moratalaz, que participaron ayer también en la presentación, junto a Jorge Sainz, catedrático de la URJC, Emilio Viciana, consejero de Educación, Ciencia y Universidades, y Ana Dávila, consejera de Familia, Juventud y Asuntos Sociales.
Tras haber analizado las plataformas YouTube, Instagram y TikTok -esta última la estrella entre los de 13 a los 16 -, la conclusión esencial es que impacta directamente en la inseguridad y en los niveles de ansiedad del alumnado que ha participado en el estudio. De hecho, el 98,5% con 16 años reconoce sentirse perdido socialmente cuando no cuenta con acceso a internet, de manera que la conexión permanente se proclama en los adolescentes como una sólida necesidad para mantener los vínculos y para afirmar la propia identidad social, sobre todo a partir de los 15 años, en busca también de espacios de autorrepresentación. Sólo un ínfimo 3,85% asegura no utilizar redes.
conductas compulsivas
Además, de la investigación se desprende que la franja más vulnerable es la que abarca de los 14 a los 16, con la autoestima como un puntal para predecir un empleo problemático. Y se fija una clave: TikTok es la red más conflictiva. Pues su diseño de refuerzo inmediato y scroll infinito esconde una elevada capacidad para generar patrones compulsivos, como la nomofobia (miedo irracional a no disponer del móvil). Así, esta dependencia se asocia de manera significativa con mayores cotas de ansiedad, depresión e interferencia emocional en los menores, con independencia de su sexo, aunque son ellas quienes mayor presencia tienen en la red, seguido de Instagram (26,48%) y YouTube (25%).
Incluso, el 60% manifiesta perder horas de sueño con su hiperconectividad nocturna y un 20% de ellos oculta cuál es su tiempo real de conexión digital. Enfrentan serias dificultades para la autorregulación y para el control de las horas que pasan absortos en las redes, con un 18,3% de la muestra que supera las tres horas al día.
Y no sólo con los perjuicios que revela este ensayo científico deben lidiar los adolescentes, también el acoso online colisiona con su bienestar. Ocho de cada 10 jóvenes lo han sufrido, como detalla el último estudio de la organización Plan International, que se publica este martes junto a un manual para jóvenes contra el ciberacoso, financiados ambos por el Ayuntamiento de Madrid.
Ante los resultados obtenidos tras escuchar las experiencias personales de 240 jóvenes de Madrid, de entre 11 y 24 años, el Consistorio se sumará a la petición de «un acuerdo de país basado en un consenso político», como señala la ONG, con el objetivo de proteger a los menores en el entorno digital. El 51% de las personas encuestadas afirma haber sufrido comentarios racistas, discriminatorios o mensajes de odio, mientras que el 84% asegura, incluso, haber recibido mensajes insistentes para quedar o intimar, con claras intenciones de carácter sexual.
Aunque Viciana criticó en la presentación del ensayo que «la medida que ha propuesto Sánchez busca más controlar que proteger», el propósito institucional de amparar a los menores es compartido... por caminos paralelos.

