MADRID
El Rompeolas

Invocación de Javier Lostalé, poeta y periodista

El poeta y periodista Javier Lostalé.
El poeta y periodista Javier Lostalé.E. M.
Actualizado

Algunas tardes de Madrid, en cualquier espacio donde la poesía suene, es probable encontrar a Javier Lostalé escuchando a otros leer poemas. Bueno, generoso, poético, dotado de la elegancia frágil de quienes toman un verso por última barricada y jamás descompone el gesto. A Javier Lostalé le debemos el regalo de una pasión desprendida: la de avivar el periodismo desde la orilla de la cultura. Ha pasado casi toda la vida en RNE abriendo espacios para dar cuerda y sitio a la poesía, difundir la obra de poetas y hablar de los demás con más empeño que de sí mismo. Si hay un Premio Nacional de Periodismo Cultural de consenso fuerte es el que merece Javier Lostalé porque nadie, exactamente nadie, ha divulgado tanto la poesía como él. Tres o cuatro generaciones estamos en deuda. Cientos de libros echados a volar desde la radio. Y jamás, jamás pidió nada a cambio.

Cuántas veces, con la voz honda de los tímidos, le he escuchado dar cuenta (sin presunción alguna) de los ratos en Velintonia con Vicente Aleixandre. Cuántas ha hablado con respeto o entusiasmo de compañeros de generación: Félix Grande, Diego Jesús Jiménez, Paca Aguirre (algo mayor); y de los que llegaron después: Luis Antonio de Villena, Jaime Siles, Antonio Colinas, Luis Alberto de Cuenca, Eloy Sánchez Rosillo... Y de los que irrumpieron más tarde: Blanca Andreu, Miguel Velasco, Fernando Beltrán... Si le preguntas por los jóvenes sabe quién pita y ya está tras su pista. Javier da foco a la poesía del último medio siglo sin aspavientos, sin tirarse el rollo.Y es, exactamente, un poeta entero.

De aquel primer Jimmy, Jimmy aprendí cosas importantes cuando yo era bisoño. Y también de otros tantos libros suyos reunidos ahora en un volumen bien armado y con el título de Revelación (Antología), publicado por Bartleby Editores. Recoge aquí su escritura poética y la deja dispuesta para quien quiera asomarse, porque (insisto) él no va a pedirlo nunca. Ha salido sin mácula de las banderías literarias e ideológicas que de tanto en tanto untan el mínimo espacio de la poesía hasta dejarlo en un reducto de odio asfixiante, como ahora la política. Sin mancha ha salido no por falta de implicación, sino porque prefería hablar de versos ajenos en la radio mientras afuera todo está a punto de derrumbarse.

Javier Lostalé es muy reconocible, casi transparente. Está rematado en un sombrero de fieltro, tiene los ojos de un azul cansado, habla despacio con sonrisa de duende. Y si se pone nervioso o la timidez lo acecha se frotará mucho las manos, como pidiendo perdón. Aunque en verdad nos corresponde a nosotros darle las gracias.