- Sucesos Detenido tras herir de gravedad en el cuello a otro hombre con una botella rota en una discoteca de Vallecas
- Ocio Nuevo Amanecer, el after clandestino que atormenta a Vallecas: "Se drogan, se pelean y a veces detienen a alguien, pero sigue abierto todos los días hasta las 10 de la mañana"
Riñas tumultuarias, peleas, denuncias por pagos con tarjetas robadas, cortes en el cuello con botellas de cerveza junto a la barra, ajustes de cuentas con machetazos en la pista de baile e, incluso, tiroteos desde coches en marcha al más puro estilo drive by shooting del Este de Los Ángeles. Sin embargo, todas estas escenas dignas de L. A. Confidential no han ocurrido a orillas del Pacífico, sino en la discoteca Ágora HD, en el número 49 de la calle Carlos Martín Álvarez, en pleno corazón de Puente de Vallecas.
Bordeada por una ebanistería y una tintorería, la sala -de una sola planta y fachada discreta- lleva años figurando en la crónica negra madrileña. Para los vecinos, es sinónimo de ruido, broncas, botellazos y orines en los portales. Tanto que el hartazgo ha terminado por llegar al pleno de la Junta de Distrito. Este mes de octubre, Vox presentó una proposición para poner coto a lo que define como «un foco de delincuencia». «Los vecinos nos advierten de que la escalada de inseguridad que padecen a diario, con especial virulencia los fines de semana», advertía el texto.
La iniciativa salió adelante -con el apoyo del PP, la abstención de Más Madrid y los votos en contra del PSOE- e incluye un refuerzo del control administrativo del local: cumplimiento de la Ley de Espectáculos Públicos, del Código Técnico de la Edificación, y «rigor» en las normas acústicas. Además, reclaman un «incremento de la presencia policial» para frenar lo que califican de «grave alteración del orden público», que sucede desde hace varias décadas.
El local es un punto de encuentro habitual para la comunidad dominicana residente en Madrid. Allí se celebran mítines de candidatos al Parlamento dominicano, conciertos de artistas venidos del otro lado del Atlántico y fiestas en las que, según los asistentes, «uno puede quedar con sus paisanos y sentirse un poco en casa». Pero, para los vecinos del entorno, la sensación es otra: gritos hasta el amanecer, peleas y aceras convertidas en urinarios. Las broncas menores -como una trifulca entre borrachos- ya ni se mencionan. Lo que preocupa son las puñaladas y los disparos.
El último incidente grave se produjo en mayo, cuando un hombre resultó gravemente herido tras recibir varios cortes en el cuello con una botella rota. Logró salir hasta la puerta con la sangre emanando a borbotones. Mientras, su agresor intentaba esconderse sin éxito. Meses antes, otro joven de 25 años acabó en el hospital Infanta Leonor con «un machetazo» en la cabeza, que le propinaron dentro de la sala durante un enfrentamiento entre grupos rivales.
Sin embargo, el episodio más violento llegó de madrugada, un lunes, cuando un coche se detuvo frente al local y abrió fuego contra un hombre que recibió dos impactos de bala -uno en el brazo y otro en la pierna-, antes de que víctima y agresor desaparecieran. Un drive by en toda regla, pero con escenario vallecano.
Mientras tanto, en redes sociales, el local se anuncia con vídeos de strippers bailando en ropa interior y con medias de rejillas llenas de billetes e iluminadas por luces estroboscópicas. Por su escenario han pasado artistas como Rochy RD, un rapero asociado a los Trinitarios, cuyos conciertos despiertan el interés de la policía a causa de la confluencia de miembros de bandas rivales.

