La salud del teatro madrileño no sólo se calibra por los grandes montajes con butacas repletas o por las prestigiosas direcciones internacionales que visitan la capital. También la sostienen «esos lugares que son auténticos refugios de la creación, laboratorios donde artistas nuevos y consagrados se encuentran para dar vida a propuestas únicas, con la libertad de arriesgarse y salirse de lo convencional». Es decir, por lo que se cuece en las salas alternativas, tal y como detalló ayer Alberto García, coordinador, junto a Natalia Ortega, de la última edición del festival Surge Madrid en Otoño, presentado en Réplika Teatro.
Esta muestra de la escena experimental arraigada en la región se despliega esta vez con 56 espectáculos que, del 18 de septiembre al 12 de octubre, ocuparán 21 escenarios off de la capital y de los municipios de Alcorcón y Navalcarnero. Teatro, danza, performance y música que, en esa variedad de géneros y de formatos, son ejemplo del potencial cultural que bulle desde hace décadas en Madrid y que se ha mantenido gracias a esa naturaleza inconformista de las salas alternativas de Madrid. Allí donde «la creación artística es un acto de valentía y cercanía, explorando temas que tocan el alma y la realidad con honestidad brutal, pero siempre con un punto que los hace accesibles y conmovedores», alabó Alberto García.
De hecho, los 34 estrenos, las 13 actividades transversales y las 7 propuestas emergentes que acoge Surge Madrid no dejan ni un frente por abordar. Componen una constelación teatral que es una invitación a explorar y a iluminar el presente y lo cotidiano. Porque abordan la violencia patriarcal; las desigualdades de clase; el deseo reprimido de las mujeres; las relaciones familiares; la muerte; la desesperanza y la precariedad laboral de la juventud; el paso del tiempo en los cuerpos; los movimientos sociales y los cambios que ha vivido España desde 1975; la soledad; el fracaso; los derechos LGTBIAQ+; la salud mental; la experiencia de vivir en Madrid o los abusos sexuales.
También se revisarán clásicos como Bodas de sangre, El Quijote, Medea y Fuenteovejuna y se presentará la pieza Haxän, de George Marinov y su agrupación Eskatón, que exhibirán esta obra en el 43º Festival de Otoño, ya en noviembre. Y en colaboración con la cita Hispanidad 2025, se exhibirá Vivir en una casa prendida fuego, de Julieta Koop y Danae Cisneros, y la intervención plástica Del teatro al mural, de Ame en la tierra.
Las compañías «aprovecharán el lugar como un espacio de encuentro donde el arte se atreve a ser vulnerable y provocador, a hablar sin tapujos», explicó Natalia Ortega, en una puesta de largo secundada por el consejero de Cultura, Turismo y Deporte de la CAM, Mariano de Paco. «El espíritu de Surge es es el de las salas cercanas a su público, cercanas a los creadores, interrelacionadas entre ellas, unidas para conseguir un buen fin en pos de las artes escénicas», destacó el consejero. Y añadió sobre el apoyo del Ejecutivo regional al festival, ya en su duodécima celebración: «La receta está bien clara, trabajar por los profesionales, por el tejido del sector y por el acceso a la cultura, favoreciendo el trabajo digno y calmado de los artistas e invirtiendo cada vez más». Porque lo alternativo siempre ha sido el cimiento de la riqueza escénica.

