Ser a la vez un gigante e invisible no es fácil. Pero tampoco imposible. Es lo que le sucede al Parque Forestal de Valdebebas, enorme espacio verde madrileño por su extensión y por los valores ambientales que contiene, que es desconocido por gran parte de los vecinos de la Villa y Corte, excepto para los vecinos de esta barriada del noreste de la ciudad.
Con una extensión de 312 hectáreas, resultado de unir los parques forestales Felipe VI y Princesa Leonor, su extensión es similar a la de Central Park de Nueva York y más del doble de la del Retiro. Solo la Casa de Campo lo supera en tamaño entre las zonas verdes madrileñas.
En el décimo aniversario de su fundación, el Ayuntamiento de Madrid quiere llamar la atención del último gran parque público inaugurado en la capital. Desde la corporación, se señala que este parque del distrito de Hortaleza ha sido importante para que, por sexto año consecutivo, Madrid haya sido reconocida Ciudad Arbórea del Mundo por la ONU.
Valdebebas surgió en 2015 en Las Cárcavas, área que fue el mayor vertedero ilegal del Madrid de finales del siglo XX. «Era una zona muy degradada, con enormes escombreras y vertederos», explica María Asunción Centenera, directora del espacio verde, delante las fotos de uno de los paneles instalados en el propio parque, que explican cómo era entonces el territorio.
Muestran un área desnuda, apenas poblada por un par de bosquetes en medio de la nada. Se removieron 12 millones de metros cúbicos de suelo y, según destaca el Ayuntamiento de Madrid, donde antaño se hacinaban montañas de basura, hoy crecen 15.298 nuevos árboles y 163.783 arbustos.
Por ello, Valdebebas puede presumir de amplias masas forestales de árboles maduros, parterres deliciosamente cuidados, terrazas pobladas por masas de árboles frutales y de ornamento y relajantes cursos fluviales recuperados. Un paisaje más propio de un área en medio de la naturaleza antes que en una ciudad de más de tres millones de habitantes.
«Se ha restaurado la hidrología natural, con la recuperación de los arroyos de Valdefuentes y Valdehigueras», señala Alberto Rigaud, jefe de Servicios de Acciona, empresa responsable del mantenimiento del espacio verde. El agua de lluvia es canalizada por estos arroyos que acaban en sendos estanques. Desde allí, se remonta a las cabeceras de sus cursos, mediante la energía obtenida en un huerto solar que está instalado en el propio parque.
A lo largo de la década, se han sucedido nueve fases de recuperación. Han tenido como norte el desarrollo sostenible, para lograr una combinación de un parque urbano con la esencia del medio natural. Junto a las avenidas de franco tránsito y las ordenadas laderas aterrazadas, se suceden cuarteles abiertos donde un manto vegetal autóctono crece a su libre albedrío.
Centenera sabe que el trabajo debe continuar para que Valdebebas no pierda su esplendor. La instalación de un servicio de bicicletas eléctricas gratuitas, nuevas plantaciones, los huertos urbanos... En la cabeza de la gestora bullen proyectos sin fin. «Hay que entresacar algunos árboles para que crezcan sanos», señala al pasar por una de las zonas replantadas con el proyecto Bosque de los Ciudadanos, en el que los vecinos realizan plantaciones arbóreas.
«Las zonas perimetrales concentran gran parte del mobiliario y equipamiento para practicar deportes y actividades lúdicas», explica Centenera. El paseo relajado junto a la marcha nórdica, el patinaje al lado del breakdance ante una sorprendente mesa de mezclas de DJ al aire libre. En el interior, un mundo salvaje donde campan conejos, zorros, más de 90 especies de aves e, incluso, se han visto corzos.
Valdebebas cuenta con una singular zona agrícola. «Esta campaña hemos implantado cártamo, cebada, guisante, veza, avena, centeno y esparceta», señala Rigaud.
La vocación con la que nació el espacio verde fue decisoria para otorgarle forma. En los planos y a vista de dron, la silueta de Valdebebas asemeja un árbol gigante, una encina, para ser exactos. En su enramada se distribuyen cinco ecosistemas del centro de la Península Ibérica: Montes de Toledo, Sistema Central, La Alcarria, La Mancha y el Sistema Ibérico. Junto a ellos, se extienden otros ecosistemas como dehesas, praderas, monte abierto y humedales.
Un ejército de más de 120 trabajadores se ocupa del mantenimiento. Estos días llaman la atención los jardineros, afanados en preparar la llegada del buen tiempo. Poda, siega de praderas, control de malas hierbas, plantaciones.... «No, no nos aburrimos, pero es un trabajo muy bonito», explica satisfecho Antonio, quien asegura que ver el fruto de su trabajo es la mejor recompensa. «A pesar del frío que pasamos en invierno y el calor de los veranos», añade.
También han quedado unidos a la historia del espacio verde los avatares por los que ha pasado su nombre. En 2015, el Gobierno municipal de Ana Botella aprobó cambiar el que tenía y Valdebebas pasó a llamarse Parque de Felipe VI. Las protestas vecinales a favor del nombre tradicional calaron en la corporación municipal y, bajo el mandato de Manuela Carmena, en 2018 cambió a Parque Forestal de Valdebebas.
No quedó aquí la cosa, apenas tres meses después de tomar asiento, la corporación de José Luis Martínez-Almeida volvió a cambiarlo con una decisión salomónica: desde 2019 se llama Parque Forestal de Valdebebas-Felipe VI.
En 2023, se recuperaron los terrenos baldíos de la orilla este del arroyo de Valdelasfuentes. Los primeros proyectos los contemplaban como una ampliación de Valdebebas, pues es el mismo espacio verde, pero el Consistorio decidió otorgarle un nombre propio. Así nació el Parque Princesa Leonor, con una superficie de 78 hectáreas y, desde 2024, ya con su propio Centro de Educación Ambiental.
Esa última denominación que ha recaído en Valdebebas reafirma la vocación monárquica del distrito, al menos en cuanto a los nombres de sus enclaves. Los parques Felipe VI y Princesa Leonor se unen al cercano parque Juan Carlos I, cuya entrada preside el busto de su padre, Juan de Borbón, Conde de Barcelona. Hay más, la calle María de las Mercedes de Borbón, madre de Juan Carlos I, bordea el norte del parque forestal y, desde los miradores de este espacio verde, se atisba el enorme escudo coronado que preside la ciudad deportiva del Real Madrid.
En los lugares desde los que el arbolado deja ver el horizonte, se descubre otro bosque que nada tiene que ver con los que crecen en el interior de Valdebebas. Lo conforman las decenas de grúas que construyen sin descanso nuevos edificios. Este barrio es el último gran proyecto urbanístico del noreste de Madrid. Son más de 7.500 viviendas y siguen creciendo. En su centro se extiende el parque forestal de Valdebebas, pulmón para 30.000 vecinos. Ellos sí conocen, y disfrutan, este gigante que enseña cómo deben ser los parques urbanos del futuro.
10 Tips PARA RECORRER VALDEBEBAS
1. Mirador del laberinto. En el centro del espacio ajardinado se alza esta singular torreta de madera. Su cumbre es el mejor oteadero del parque forestal.
2. Maqueta interactiva. Vista aérea del espacio verde al alcance de la mano, para entender sus dimensiones y diferentes zonas, en el Centro de Educación Ambiental del Parque Princesa Leonor.
3. Bosque de los ciudadanos. Plantaciones populares que se realizan todos los años desde la inauguración del parque y que han plantado hasta la fecha 18.847 árboles autóctonos.
4. Huertos urbanos. Junto al Centro de Educación Ambiental del Parque Princesa Leonor, pequeños espacios para que los vecinos cultiven plantas para su propio consumo.
5. Virgen del Abrazo. En la recóndita área Los Cenagales, se erige la imagen de la Virgen María. Esculpida en el tronco de un pino piñonero por el escultor Jesús Arévalo en 2018, por iniciativa vecinal aprobada por el Ayuntamiento de Madrid.
6. Toboganes colosales. Así llaman los vecinos a estos cuatro gigantes de curvas de 20 metros de recorrido y 8,5 metros de altura y son de los más altos de España.
7. Mesa de mezclas de DJ. Única en los parques españoles, permite realizar mezclas como un verdadero pinchadiscos al aire libre y practicar 'breakdance', que es deporte olímpico desde los Juegos Olímpicos de París 2024.
8. Vía pecuaria. Se ha recuperado esta antigua vía ganadera llamada Vereda de los Toros, que transita por el lado este del espacio verde.
9. Paseo perimetral. Seis kilómetros para recorridos en bici, para correr y pasear.
10. Jardín de polinizadores. Situado junto a plantas aromáticas, estos nidales artificiales son 'hoteles' para escarabajos, mariposas, polillas, moscas, abejas, avispas y hormigas.




