Lugar de encuentro y destino de acogida universal, a partir de ahora Madrid también es acogedor punto de partida para quienes recorran un ramal muy especial de la Vía Láctea compostelana. «Faltaba este albergue, punto de llegada internacional a España, pero también punto de partida de todos los madrileños que cada año vamos a Santiago». Las palabras del alcalde, José Luis Martínez-Almeida, subrayaron la inauguración, la pasada semana, del primer albergue estable de peregrinos de la capital. Lo hizo en un acto al que asistieron el cardenal y arzobispo emérito de Madrid, Carlos Osoro, el presidente de la Asociación del Camino de Santiago de Astorga, Juan Carlos Pérez Cabezas, y otras autoridades.
La ceremonia sirvió igualmente para la inauguración del Centro Internacional del Peregrino, que ofrece asistencia y referencias culturales para los que realicen el peregrinaje desde la capital. El proyecto ha sido posible gracias a la colaboración con la Asociación del Camino de Santiago de Astorga y la Red Internacional de Asociaciones Jacobeas y a la financiación de los fondos Next Generation EU, dentro del marco de las ayudas Experiencias Turismo España.
Con la apertura de este albergue, la Villa y Corte prioriza su deseo de convertirse en puerta de entrada de peregrinos extranjeros. Con una capacidad de 26 camas, el albergue abre su puerta en el convento de las Comendadoras de Santiago el Mayor, en el centro histórico de la capital y a poca distancia del inicio de la ruta madrileña, la Real Iglesia Parroquial de Santiago y San Juan Bautista. Se une al albergue de peregrinos inaugurado el pasado mes de marzo en la ermita de Peña Santa, en Manzanares el Real, punto clave del tramo madrileño del Camino de Santiago de Madrid.
Además de a los peregrinos compostelanos, el albergue acogerá a los que recorran el Camino de Uclés, ruta de peregrinación cristiana estrechamente relacionada con el Camino de Santiago, aunque no incluido en la red jacobea. Se inicia en el Monasterio de Uclés, fundado por la Orden de Santiago en esta localidad conquense, y alcanza Madrid después de recorrer 145 kilómetros en 6 o 7 etapas.
La región madrileña es la segunda comunidad autónoma emisora de peregrinos hacia Compostela, solo por detrás de Andalucía, aunque la mayoría de los madrileños lo hace por ramales diferentes al que se inicia en la capital. Según los datos de la Oficina del Peregrino, en 2024, Año Santo en el que se batieron todos los récords, de los 499.228 peregrinos que llegaron a Compostela, solo 881 lo hicieron por el Camino de Santiago madrileño.
De hecho, el Camino de Santiago francés, que se inicia en Roncesvalles y transita por Navarra, La Rioja, norte de Castilla y León y Galicia, es el más recorrido de los más de 50 caminos jacobeos que cruzan la Península Ibérica. Aunque este ramal hace tiempo que perdió su mística original para convertirse en destino turístico universal, siendo la masificación su principal característica. Los 236.324 peregrinos que recorrieron esta ruta en 2024 contrastan con las enjutas cifras de la ruta madrileña.
La característica principal del Camino de Santiago de Madrid es precisamente eso: su soledad. Virtud para muchos que otorga preciadas tranquilidad y calma, en un viaje que aparta distracciones mundanas para encontrarse con lugares inalterados y consigo mismo. La ruta madrileña regala la posibilidad de peregrinar a Compostela como se hacía hasta finales de los años 60: lejos de tumultos, de la falta de alojamiento y de los abusos que campan por los ramales más populares.
Siempre por sendas rurales, vías pecuarias y pistas forestales es un caminar a la manera perdida de tiempos pasados. De paso, encontrarse con el regusto aventurero de recorrer una ruta perdida entre los páramos castellanos, caminar solitario jornadas enteras y el llegar a pueblos donde los peregrinos son los únicos visitantes en toda la semana.
La Asociación de Amigos de los Caminos de Madrid, fundada en 1987, empleó 10 años de estudios históricos y cartográficos, así como arduos trabajos de campo para recuperar el trazado perdido que utilizaban los antiguos peregrinos madrileños. Lo logró en 1996.
El Camino de Santiago madrileño cruza desde la capital el norte de la Comunidad de Madrid, para pasar a Segovia y Valladolid hasta Sahagún, donde se une con el Camino Francés, por el que alcanza Compostela después de 676 kilómetros. Hay que calcular un mes para recorrerlo a pie y entre 10 y 15 días si se hace en bicicleta. El tramo madrileño mide 77 kilómetros, que se recorrerse de manera habitual entre tres y cuatro jornadas.
Este trazado madrileño es el mejor señalizado, gracias a abundantes hitos, señales, marcas y las inconfundibles flechas amarillas. Consta de cuatro etapas, una urbanita, dos hasta el pie de sierra y otro para cruzar la Sierra de Guadarrama.
Se recomienda echar a andar por el Camino Madrileño ante el crucero gallego enclavado junto a la puerta de la citada iglesia de Santiago, en cuyo interior no hay que dejar de encomendarse ante el monumental cuadro Santiago matamoros, de Francisco Rizi, que preside el altar mayor y representa a Santiago en la batalla de Clavijo contra los árabes. Pequeñas placas clavadas en punto estratégicos de la calzada dirigen el rumbo peregrino.
La travesía urbana madrileña debe pasar por el Real Monasterio de las Comendadoras de Santiago, en cuyo edificio está el albergue. Desde aquí se pasa por las barriadas de Chamberí, Cuatro Caminos y Bravo Murillo hasta la plaza de Castilla. El Paseo de la Castellana da acceso a Fuencarral y Montecarmelo, junto a cuyo cementerio un segundo crucero despide la travesía urbanita.
Por caminos vecinales, carriles bici y el hermoso cauce del arroyo de Tejada se alcanza Colmenar Viejo. Una sucesión de vías pecuarias conduce a Manzanares el Real. A partir de aquí, se debe seguir el tránsito por el pie de sierra a través de El Boalo, Matalpino y Navacerrada, hasta alcanzar Cercedilla. Es el preámbulo de la etapa más bonita del Camino de Santiago Madrileño, también su trecho más esforzado: la travesía de la Sierra de Guadarrama.
Por la milenaria calzada romana se asciende al puerto de igual nombre. Sus 1.792 metros lo convierten en el Everest de todos los caminos de Santiago de España. Ningún otro lugar de la red de rutas jacobeas supera su altura. Límite de la Comunidad, un mojón señala que hasta Santiago de Compostela sólo quedan 599 kilómetros. Para concluir estas líneas, nada mejor que el saludo peregrino habitual, para que dé ánimo el resto de la ruta: ¡buen camino!


