MADRID
Justicia

Cómo salir de una banda latina dentro de un centro de internamiento para menores de Madrid: "Me uní a ellos porque no tenía amigos... En dos años aquí he aprendido a tener disciplina"

En Brea del Tajo, al sureste de la región, se encuentra el mayor centro de internamiento de menores infractores de España; GRAN MADRID accede a su interior para hablar con varios ex pandilleros

Dos ex pandilleros frente a un mural del centro Teresa de Calcuta.
Dos ex pandilleros frente a un mural del centro Teresa de Calcuta.DANIEL SOMOLINOS
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"Al llegar a España no conocía a nadie. Hasta que me acerqué a un grupo [Trinitarios] que empezaron a contar conmigo. Ellos me dijeron desde el primer momento que, si me unía, solo podía acabar en tres sitios: o preso, o muerto, o en el hospital. Y aun así acepté. Lo di todo por aquella ideología". Quien habla es Alexis [nombre ficticio por miedo a desvelar su identidad], un joven ex pandillero que desde 2022 cumple sentencia [de cinco años] por tentativa de homicidio en el centro de internamiento y reinserción de menores infractores Teresa de Calcuta.

Ubicado a menos de 10 kilómetros del límite con Guadalajara, muy próximo a la localidad de Brea del Tajo, se erige esta macroconstrucción en la que hay internos, 132 adolescentes y trabajan más de 260 profesionales relacionados con la Psicología y las áreas sociales.

Algunos jóvenes, como Alexis, dado su "notable" cambio de personalidad y de forma de ver la vida desde que están internos, continúan en este centro aun después de cumplir la mayoría de edad (podrían estar hasta los 26 años). Otros, cuando no colaboran -o cuando lo piden por voluntad propia, que también los hay-, son dirigidos a un centro penitenciario.

Fachada del centro de internamiento Teresa de Calcuta.
Fachada del centro de internamiento Teresa de Calcuta.D. S.

Este expandillero, nada más entrar en el Teresa de Calcuta, comenzó a estudiar peluquería, algo que le motivaba, aunque no llegó a terminar la formación. Ahora mismo estudia una FP de mecánica, con el que sí pretende ir hasta el final. "En estos dos años interno he aprendido a tener disciplina. También a reflexionar sobre mi delito", cuenta Alexis, quien aquí ha "abierto los ojos": "He visto a gente morir ante mí, no quiero terminar así. Ni hacer sufrir a mi madre. Ella ya ha llorado mucho".

Además de su familia, su gran apoyo, ha encontrado sostén en los consejos de su psicóloga y otros trabajadores sociales que "siempre me dicen si quiero hablar cuando me encuentro mal".

Su objetivo prioritario, en la actualidad, es borrar todo lo relacionado con su pasado. Reinventarse, a base de estudios y autorreflexión. "Con 14 años comencé a juntarme con un grupo que no iba a clase. Nos quedábamos fuera fumando y bebiendo. Yo no tenía amigos en aquel momento, y ellos me aceptaron", evoca, valorando que "con esa edad es muy fácil que entren en tu mente, ya que eres muy influenciable".

Internos en el FP de Cerámica.
Internos en el FP de Cerámica.

Ahora, en el Teresa de Calcuta, convive con chavales que también pertenecieron a otras bandas latinas, tanto a la suya como a otras rivales, pero lo tiene claro. "Esto no es lo mismo que en la calle... Aquí hay que aprender a convivir. Conoces a las personas y su interior, no solo un apodo", apunta, confesando que, aunque algunos "no quieren salir de esa nube", él no quiere saber más de sus antiguos compañeros. Busca "desaparecer". "Yo no quiero volver a salir a la calle mirando todo el rato a mis espaldas. Eso no es vida".

Los internos de este centro de internamiento tienen la posibilidad de estudiar por las mañanas una FP o realizar algún taller (de restauración, de esparto, de jardinería, de cerámica...). Después comen, se echan la siesta en sus habitaciones (todas individuales y con baño privado) y, por la tarde, hacen deporte. A veces, si así lo desean, acceden a un área supervisada donde pueden meterse en internet, pero no está permitido el uso de teléfonos móviles.

A Erik [también nombre ficticio], le impusieron otros cinco años de reclusión por otra agresión violenta a pandilleros rivales. "Me avergüenza mucho ver llorar a mi madre por mi culpa. Aquí he aprendido a valorar más las cosas, a entender que mi familia siempre estuvo ahí. Que lo tenía todo y no supe apreciarlo. También arrepentirme del daño causado. Somos seres humanos... de los errores se aprende", expone este joven, de 20 años.

Dos ex pandilleros en el Teresa de Calcuta.
Dos ex pandilleros en el Teresa de Calcuta.D. S.

Este ya hizo una FP de pastelería el año pasado y, ahora, está cursando un grado medio relacionado con el cuidado de personas mayores. Aunque su sueño es acabar trabajando en un colegio con niños pequeños cuando vuelva a ser libre, etapa en la que, tiene claro, comenzará "una nueva vida".

"Ni mi familia ni mi novia sabían nada de mi pertenencia a una banda. Se sorprendieron al enterarse, pero se han quedado a mi lado. Eso lo valoro mucho". Tanto Erik como Alexis reconocen que en este centro no hay amigos, solo conocidos. Saben que su paso será temporal, y que mientras estén aquí metidos han de dar lo mejor de sí para labrarse un futuro próspero. "Con la FP de Pastelería que tengo ya podría estar echando CV si estuviera fuera", dice el segundo ex pandillero, confesando que le pagan seis euros a la semana por las labores realizadas en el Teresa de Calcuta. Una parte va a una cuenta que no pueden tocar. Otra, a una especie de hucha con la que tienen la posibilidad de comprar ropa, refrescos, productos de higiene o chucherías.

Todo para hacer más llevadera su estancia, aunque de eso ya se encarguen los propios educadores sociales, como Asun, que tutoriza actualmente a seis jóvenes. "Nuestra función es ayudarles en su día a día, que nos asuman como referentes educativos. Algunos proceden de entornos muy desestructurados donde la norma o el límite no han existido en su vida. Otros no conocen la figura paterna o materna. Y ahí entramos nosotros", afirma esta trabajadora.

Internos en el FP de Jardinería.
Internos en el FP de Jardinería.

"Es muy importante que estos menores tengan una rutina establecida. Hacemos un servicio muy enriquecedor porque sí vemos cambios en ellos. En algunas ocasiones, al principio, puede ser algo duro porque parece que no terminan de adaptarse, pero sí te escuchan, sí reflexionan y sí evolucionan positivamente", apunta Asun.

Y cuando las cosas no van tan rodadas, intentan por todos los medios de reconducir las situaciones. "Cuando cometen un error a nivel conductual, se lo hacemos ver, les pedimos que miren los pros y las contras. Y sobre todo les preguntamos qué sacan de positivo de eso y qué de negativo", cuenta Asun, de cuyos informes de seguimiento dependen muchos de estos muchachos. "Es fundamental una actitud positiva para gozar de ciertos privilegios, como poder ir a la piscina. Porque si tienes una evolución negativa tampoco te podemos estar premiando".

El 90% de los menores infractores no vuelve a delinquir

La tasa de reinserción en los centros de internamiento de menores infractores de la Comunidad de Madrid es del 90%. O, lo que es lo mismo:nueve de cada 10 jóvenes no vuelven a delinquir, según datos de la Consejería de Presidencia, Justicia y Administración Local. Actualmente hay seis de estos lugares en la región (Altamira, Renasco, El Madroño, El Laurel, El Lavadero y, el más grande de todos, el Teresa de Calcuta).
En ellos, la media de edad internamiento se sitúa en los 17 años y, tal y como se desprenden de las estadísticas oficiales, el 63,35% de los internos son de nacionalidad española mientras que el 36,65% restantes son extranjeros. Respecto a la distribución por sexos, la mayoría de los chavales son varones (un 92,43%) mientras que las mujeres representan el 7,57%. El grueso de los delitos cometidos por los menores de edad son el robo en sus diferentes tipos, las lesiones y el maltrato familiar.