MADRID
Arte

La galería de la que todo el mundo habla: arte urbano en un almacén con aires palaciegos de Carabanchel y el mejor muralista del mundo detrás de ella

El madrileño Sfhir, cotizado a nivel internacional, lidera este espacio, que pretende elevar a lo más alto el trabajo de los artistas de la calle

Sfhir, junto a su obra 'El caballero', en 95 Art Gallery.
Sfhir, junto a su obra 'El caballero', en 95 Art Gallery.JAVIER BARBANCHO
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Es singular, sorprendente y tiene un punto canalla. Quizá por eso está en boca de medio Madrid. También porque un tipo llamado Sfhir, reconocido como el actual mejor muralista del mundo, está detrás. Y es madrileño. 95 Art Gallery llegó hace poco más de un año a las calles de Carabanchel para romper esquemas y prejuicios, y ya va camino de convertirse en un santuario del arte urbano.

Se esconde en los bajos de un edificio residencial de la calle Álvarez Abellán, tras un gran portalón de metal negro y un pasillo larguísimo y grafiteado por decenas de artistas callejeros, conocidos y por conocer. No es fácil de encontrar. Un día de diario, por la mañana, GRAN MADRID se ha dejado caer por allí. La galería está cerrada y la comisaria, Inés Alonso, consciente de la curiosidad que este lugar despierta, dicta con una sonrisa: «Cerrad la puerta; si no empieza a entrar gente sin parar».

La entrada es toda una declaración de intenciones, no sólo por ese túnel plagado de color de suelo a techo, sino por la obra de Sfhir que recibe a quien se adentra en este lugar: una imagen suya con mascarilla que reza Wanted for illegal art since 1995 (Buscado por arte ilegal desde 1995). Una protesta a la eterna disyuntiva entre arte y vandalismo que él aquí pretende moldear.

Sfhir e Inés Alonso posan en un sofá, en la galería.
Sfhir e Inés Alonso posan en un sofá, en la galería.JAVIER BARBANCHO

«El arte urbano siempre se ha considerado un arte denostado. Hay un cliché de que el grafitero es un delincuente y aquí quiero enseñar que hay otras realidades, aunque esa también existe», dice Sfhir. «Se le ha dado importancia a otras corrientes, pero el urbano siempre ha sido el hermano pobre», añade el artista, que empezó en el grafiti de adolescente y ha evolucionado hacia el mural (e incluso la escultura y la pintura realista), convirtiendo su firma en una de las más cotizadas no sólo en nuestro país sino a nivel internacional.

Como ejemplo, sus obras, al igual que las de Muelle, Suso 33 o Zeta, han sido incluidas en el listado de Patrimonio Inmaterial de la Comunidad de Madrid; una de sus pinturas, La violonchelista, en Fene (La Coruña) ha sido premiada por la plataforma internacional Street Art Cities, que elige al mejor mural del mundo; y ha realizado intervenciones en toda Europa, además de China, Tailandia, Marruecos, Colombia, Guatemala, Las Vegas o el Caribe.

«He aprovechado la oportunidad de que he podido viajar mucho por el mundo y he conocido a grandes artistas internacionales, y los he puesto en común en un mismo sitio. Porque la relación entre un artista y un galerista se basa en la confianza», asegura Sfhir, quien prefiere que no citemos su nombre real: «La fama me gusta en tanto y cuanto me da trabajo y da visión al arte».

El interior de 95 Art Gallery.
El interior de 95 Art Gallery.JAVIER BARBANCHO

La galería es un reflejo de su gusto personal. «Hay una estética brutalista industrial intervenida por lo urbano mezclada con el arte barroco, que es lo que más me ha influenciado artísticamente, la forma en la que trataba el detalle Caravaggio o Miguel Ángel», indica el artista. «Es una forma de poner en relieve que el arte urbano no rechaza la tradición sino que la trae a hoy», puntualiza a su lado la comisaria, encargada de gestionar el espacio y seleccionar a los artistas de las exposiciones temporales.

«Yo quería una entrada como la gran pirámide, que te cuente la evolución del grafiti, que impresionara», cuenta Sfhir sobre el pasillo que da paso a la galería, un antiguo almacén, con las paredes desconchadas y ladrillo visto, vestido con molduras doradas propias de un palacio y angelitos traviesos que desde el cielo incitan con sus rodillos y sprays de pintura.

En las paredes hay impresas obras de más de 20 artistas urbanos como Albert Bonet, Marco Prieto, Pablo Hablo, Duo Amazonas, Guido Palmadessa o La Rouille, pero de ellas también cuelgan lienzos que simulan ser pedazos de pared arrancados, con las tuberías incluidas. Algunos, del propio Sfhir. «En realidad son trozos de pladur texturizados. Es una técnica que lleva desarrollando desde hace años por no dejar el muro», señala la mano derecha del artista mostrando un curiosísimo tríptico, El caballero, una interpretación que el muralista madrileño ha realizado sobre el clásico retrato ecuestre, donde el armado sale a defender su reino con el rodillo de pintura en la mano.

El mural que ha pintado Sfhir en Moratalaz, su última obra en la capital.
El mural que ha pintado Sfhir en Moratalaz, su última obra en la capital.E. M.

Junto a su obra, del techo y de las paredes se despliegan creaciones de artistas como Boa Mistura, Suso 33, Spok, Kors y Ruinero, además de Belin o Albert Bonet, protagonistas de la exposición temporal. Pinturas que conviven también con las esculturas creadas por Sfhir, porque este artista autodidacta, ha ido ampliando su mira artística desde que empezara con el grafiti a muy temprana edad.

«Quizá mi primer grafiti fue en el año 95, con 13 años, cuando pinté con un rotu en la Torre Eiffel», confiesa antes de subrayar que él, con esta galería, no pretende hacer negocio (es gratuita y abre sólo los viernes por la tarde y sábados por la mañana). Él busca hacer reflexionar. «Se necesita más educación y no tanto castigar», suelta a modo de queja política y también artística, pues reconoce que hay chavales que sobrepasan líneas infranqueables. «Yo siempre he intentado pintar en lugares donde aportase algo positivo. Cuando empecé, había unos códigos básicos que ahora, a veces, no se respetan. La gente tiene que aplicar sentido común», añade tras deslizar alguna gamberrada de juventud.

«Hoy todo son políticas represivas y reducir los sitios. En Madrid no hay ni un solo lugar donde se pueda pintar, porque enfada a la gente», dice Sfhir como protesta. «Hay que concienciar a la gente de que el spray no es malo, sino cómo lo utilices. El arte urbano está muy criminalizado y cuanto más se castiga, más actos vandálicos hay y lo que se pinta es menos estético y más agresivo», agrega.

Desde su galería busca cambiar esa visión, poniendo sus paredes a disposición de los artistas y mostrando que el arte urbano no es más que otro movimiento artístico nacido en la calle. Y por ahora, la 95 no está dejando indiferente a nadie. La última apertura de temporada organizaron un funeral. ¿Qué será lo próximo? Quién sabe. A Sfhir siempre le acompaña una frase donde quizá ustedes encuentren respuesta: «Sólo sé que no puedo parar».

De Madrid a comerse el mundo

  • Empezó grafiteando su nombre en los muros de Madrid, la ciudad que le vio nacer, pero la técnica de Sfhir se ha ido depurando tanto que ha acabado plasmando, no sólo a base de spray, obras de arte en medio mundo. Aprovechando el relieve y las características de los muros que se han cruzado en su camino (encargos mediante, ya nada es casual) ha creado recientemente un mural en el Centro de Servicios Sociales Fuente Carrantona, de Moratalaz. En el verano de 2023, en Fene, La Coruña, pintó también a 'La violonchelista', que le valió el actual título de mejor muralista del mundo.