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Reconoce que es «absolutamente disparatada la escena de la naumaquia con los tiburones blancos» o que «la vestimenta de los gladiadores no se corresponde con la realidad histórica». Pero aun con su autoridad científica, el director del Museo Arqueológico y Paleontológico de la Comunidad de Madrid (MARPA), Enrique Baquedano, se lanza de cabeza a la polémica sobre el taquillazo del momento: «En Gladiator II me lo he pasado de maravilla, fueron dos horas y media embelesado y la repetiría encantado. Soy un absoluto entusiasta de Ridley Scott. Cuando vi Blade Runner a principios de los 80 me volvió loco, fue una sacudida en la cabeza. Y que ahora las corazas o los cascos no tengan nada que ver con la realidad o que el protagonista sea el sobrino de Cómodo me parece secundario». Sobre todo porque ese rigor histórico y pedagógico es labor de arqueólogos y museólogos: «Para eso estamos. Para hacer exposiciones que cuenten la realidad y aprovechar para difundir la enseñanza de la historia».
Como la que presentarán sobre la historia de la gladiatura en este convento dominico reconvertido de Alcalá de Henares, a partir del 6 de marzo del próximo año, adelanta a GRAN MADRID, y en la que andan trabajando desde hace algo más de dos años, «cuando se rumoreó que Scott estaba preparando una segunda parte de la película». Volcadas en la labor precisa, sobre la que por primera vez en España «se ha enfocado desde la revisión histórica», han estado las comisarias Trinidad Nogales, directora del Museo de Mérida, y María Ángeles Castellanos, cabeza del departamento de Antigüedades Clásicas del Museo Arqueológico Nacional. Las especialistas que han logrado reunir 170 piezas arqueológicas originales, como armas, puñales, grebas, esculturas o las defensas usadas en los espectáculos públicos por los antiguos luchadores, procedentes de más de una decena de valiosas colecciones españolas e italianas.
«Mi debilidad es poder ver los relieves que muestran con claridad la vestimenta y el equipamiento de los gladiadores, desde el tipo de espada y de escudos hasta los tridentes y elementos de protección», selecciona Baquedano su resto arqueológico predilecto, que aterrizará desde el yacimiento Lucus Feroniae, en Capena, junto a otros del Museo de Arte Romano de Mérida, de los arqueológicos de Nápoles, Mérida, Sevilla, Córdoba, Albacete y el nacional o El Prado, de los Musei Capitolini, el Museo Nacionale Romano o el Museo de la Civiltà Romana. También se recreará un anfiteatro hispano en el patio y no faltará en esta ¡Hispano! Gladiadores en el Imperio Romano un espacio para la cultura pop, con Quo Vadis?, Espartaco, Ben-Hur o Gladiator, donde «Scott no se permite, digamos, tantas aventuras» como en la secuela. «Hacer una exposición sobre gladiadores es un sueño para cualquier arqueólogo».
Y para el público. Porque en este viaje entre la cinematografía y el patrimonio se aprende que no existió un gladiador que luchase sobre un rinoceronte, aunque sí está documentado históricamente que brilló uno célebre por «entrar a la arena a lomos de un elefante disparando con un arco» o que, en los últimos años, abundan las investigaciones que niegan el carácter tan sangriento de las contiendas, de las que, además, se resolvían con sus luchadores indemnes en su mayoría, al contrario de lo relatado por la historiografía cristiana. «Recordemos que los emperadores cristianos terminaron prohibiendo la gladiatura, porque les parecían verdaderamente atroces y una aberración estos espectáculos. Pero algunos historiadores sostienen que, en un análisis de las fuentes clásicas, fue un mundo más complejo».
Tanto como el actual, pues de este bebe esa fascinación por el Imperio romano, sobre todo entre los hombres, según saltó a la conversación pública desde los trending topic de las redes sociales. «Es que los romanos eran como nosotros», afirma rotundo este especialista en evolución humana. «Los neandertales eran más parecidos a nosotros de lo que se ha contado, pero aún así eran muy diferentes, tanto anatómicamente como en comportamiento intelectual y cognitivo. Pero es que los romanos eran clavados a nosotros. Estamos todavía en el mundo del último postimperio», insiste, apoyándose en la mentalidad sobre el poder, en la ingeniería, el derecho o el latín como muestras.
Quizá eso explique también el embeleso que aún provoca esta época, de nuevo en boga desde la gran pantalla. Pese a que Baquedano contempló Gladiator II «con ojos de apasionado del cine de aventuras y no de arqueólogo», él mismo reconoce méritos, con escenas con «una base académica muy potente» por parte del director. «La imagen de los foros romanos es brutal y debo confesar que la reconstrucción de las dos grandes naves en el Coliseo es un sueño. Cuando vi el primer Gladiator, me emocioné con la escena de los romanos tomando una ciudad gala. Toda mi vida me imaginaba a los numantinos saliendo a la desesperada frente a las tropas de Escipión con esas expresiones en el rostro», defiende este numantino, demostrando que el cine y la historia, pese a las licencias de la ficción, pueden hermanarse.
Más con tanto por investigar desde la misma Primitiva Complutum, en el cerro de San Juan del Viso, cuyo descubrimiento «cambió la mirada hacia la presencia del mundo romano en el interior de la península ibérica», valora. «Los arqueólogos trabajamos como construyendo un mosaico romano, tesela a tesela. Cada descubrimiento, por poco importante que parezca, tiene su relevancia». Quién sabe, no se descarta un Gladiator III.


