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Cuando Isabel Preysler (74) y Mario Vargas Llosa cesaron su convivencia en 2022 y él volvió para pasar sus últimos años con Patricia Llosa, la reina de corazones se quedó sin celebrar San Valentín quizás por primera vez en su vida adulta. No le importó mucho, porque en todos los medios de comunicación aseveró que ella fue la que le puso punto y final a su historia con el novelista.
Según desveló en su día a periodistas de su confianza, lo hizo a través de una carta. Una carta cuyo contenido acaba de publicar en Isabel Preysler: mi verdadera historia, su autobiografía. El último capítulo se lo dedica a sus ocho años de relación con el autor de La ciudad y los perros. Desde la primera vez que la besó en un ascensor tras una fiesta cuando Patricia Llosa estaba en Perú, hasta que ella supuestamente le dejó tras una escena de celos. En otra fiesta. Una fiesta organizada por una conocida marca de bebidas alcohólicas a la que Preysler cita en su misiva.
"Lo mejor es que demos por terminada esta relación ya tan cargada de rutina y costumbre", escribió la viuda de Miguel Boyer en esta carta fechada el 12 de diciembre de 2022. "Me cuesta encontrar las palabras adecuadas para explicarte el asombro que me produjo tu ridícula escena de celos la noche después de la fiesta de Moët & Chandon", continúa explicando en su ruptura epistolar.
En este escrito está reflejado todo lo que el entorno de Preysler dijo en su día: que él le pidió matrimonio varias veces, pero que ella no quería casarse; que era un hombre celoso y que le levantó la voz... Amén de otros detalles de una convivencia que ella describe como tormentosa e inestable.
Algo que también constató a este suplemento en su día, cuando se dio a conocer el fin de su relación. "Solo diré que quiero que esto pare. Lo único que quiero es que esta guerra se acabe", explicó entonces. "No quiero hacer declaraciones. Estoy en un momento en el que prefiero quedarme callada, porque parece que todo lo que digo es una cosa gordísima y solo estoy diciendo la verdad", zanjó.
Pero la historia de amor entre Isabel Preysler y Mario Vargas Llosa tuvo un principio feliz que la socialite ha querido reflejar perfectamente. Y qué mejor manera de hacerlo que usando las palabras de un premio Nobel de Literatura, que con tanto cariño le escribió cartas de amor que ha hecho públicas sin dilemas. "Son mis cartas y hago con ellas lo que quiero", sostuvo durante la presentación del libro el pasado 22 de octubre.
Quizás las cartas fueron escritas con más pasión que literatura. Al menos, las que compartió la madre de Tamara Falcó. "Te quiero mucho y te mando muchos besos y palabras bonitas para esas orejitas que parecen dos signos perfectos de interrogación", reza la despedida de las epístolas que le envió el autor en 2015.
En otra carta de ese mismo años, loa su forma de moverse: "Ahí estaba tu linda silueta, tu cintura de avispa y tus pasos como de danza, balanceándote muy despacio, con mucha gracia, como una bailairina y acompasando todo el movimiento con el vaivén de tus brazos", le dice. "Me moría de ganas de acercarme y besarte en el cuello y abrazarte por la cintura, pero no lo hice para no destruir ese maravilloso espectáculo que es verte caminar", prosigue.
Además de declaraciones de amor, también hay estallidos de pasión en sus odas a Preysler. "Esta noche me reuniré contigo y te diré cosas hermosas y dulces al oído mientras te hago el amor", destila una de ellas. "Te quiero mucho y hoy te beso, en cámara lenta, en tus orejitas, en tus hombres, en las manos y en los pies".
Estos cumplidos rimbombantes, metáforas naive y trovas sin demasiada musicalidad contrastan con el estilo sucinto de las líneas de Preysler. No es ella la que entra en detalles íntimos. Ni tan siquiera cuando cuenta cómo se enamoró de Vargas Llosa.
Como es sabiado, se conocieron en 1986, cuando ella le entrevistó para su sección de la revista ¡Hola!. Se hicieron amigos y se vieron como tal en alguna ocasión. 2015 lo cambió todo. Según desvela, él empezó a cortejarla con cierto sigilo. "Me había quedado viuda en 2014 y Patricia estaba en Perú", describe. Asgura que, en ese intervalo sin su mujer, empezó a invitarla a cenar fuera. Ella prefería que fuera a su casa para "evitar las habladurías", sin conocer, aparentemente, las intenciones del escritor.
Hasta que un domingo de febrero su amiga Elena Benarroch la invitó a una reunión en su casa para ver los premios Óscar. Iban muchas personas del cine y la crónica social y Benarroch le dijo que invitase a amigos. Poco antes, había tenido una cena con otro grupo, donde también estaba Mario Vargas Llosa. El autor se ofreció a acompañarla a la fiesta de su amiga después de la sobremesa.
"A la salida de la fiesta, me besó en el ascensor". Elipsis. "Ahí empezó a todo". Otra elipsis.
En el relato se omiten detalles como posibles remordimientos por su parte o la de él. Se pasa a la fase de la convivencia, en la que revela que pudo conocer su personalidad "muy compleja, con aspectos que mucha gente ignora porque conseguía ocultarlos". También cuenta cómo apoyó al novelista cuando le diagnosticaron un mieloma múltiple.
En 2022, todo se hundió en aguas turbias. El autor se fue de Puerta de Hierro y volvió con Patricia Llosa. Patricia luchó y esperó por el Nobel de Literatura casi tanto como Murakami. Él murió a su lado en abril de 2025.





