Hay muchos personajes que acaban saltando de la prensa tradicional a las revistas femeninas y del corazón. Lo extraño -y meritorio- es que ocurra lo contrario. Muchos conocimos a Valentina Suárez-Zuloaga en el cuché cuando se casó en su preciosa casa familiar de Zumaia (Guipúzcoa), después le seguimos la pista cuando montó su empresa de moda española EsFascinante, que viste a chicas elegantes como a su amiga Sofía Palazuelo, y ahora la redescubrimos como directora creativa de Madrid Fashion Week. Esta es su segunda convocatoria, al fin ha podido dejar su impronta en la pasarela ya que la anterior edición estaba recién nombrada y apenas le dio tiempo a meterse en harina. En estos tiempos en los que la industria se ve saturada de influencers y otro tipo de famosos de dudosa procedencia, sorprende gratamente dar con alguien como Valentina, que controla el sector y además tiene una serie de ingredientes tan sofisticados -por no volver a emplear la palabra fascinante- como sus orígenes: es tataranieta del pintor Ignacio Zuloaga. Charlamos con ella y confirmamos que la empresaria, insultantemente joven (treinta y dos años y tres hijas, la pequeña de apenas unos meses), merece más páginas salmón y blanco y negro.
- Es la primera vez que alguien desempeña este puesto de director creativo de la pasarela
- Sí, no existía. Hubo un concurso público y presenté un proyecto estratético para la mejora de la pasarela desde distintos ángulos, impulsando el talento nacional, la imagen, la comunicación, patrocinios, la parte online, los valores... La idea era darle una vuelta al imaginario, al concepto...
Valentina ganó la licitación y ahí está feliz, navegando entre el sector público y el privado, ya que sigue a tope con su empresa, de la que es socia junto a sus padres, los emprendedores e intelectuales Margarita Ruyra de Andrade e Ignacio Suárez-Zuloaga. De su mano fundó EsFascinante, algo así como el ModaOperandi o MyTheresa español, que conecta bien y mantiene sinergias con la otrora llamada Pasarela Cibeles. "Para mí, tanto el equipo de Ifema como el de Esfascinante son fundamentales. Todos están muy involucrados, esforzándose en darlo todo. Yo al final tengo la visibilidad, para lo bueno y para lo malo, pero sin ellos no sería posible". Se refiere a Arancha Priede y Asier Labarga, directora de negocio de Ifema y director de MBFW y ferias de público, eventos de ocio y conciertos.
El fichaje de Suárez-Zuloaga se puede interpretar, aunque su labor va más allá, como el relevo generacional de quien fuera madrina de la Fashion Week, la mítica dama de la moda nacional Cuca Solana, aunque los tiempos han cambiado mucho. "Los formatos ahora son otros debido a la globalización y la digitalización. Hay más desfiles crucero, hay que prestar atención a la sostenibilidad... Es decir, hay que estar muy al día", añade Valentina.
- Le adjudican el mérito de sacar los desfiles cada vez más a la calle.
- Bueno, la idea es mejorar los contenidos, ofrecer una experiencia increíble también en Ifema, donde hemos puesto una zona de artesanía, hay curadurías con ponentes interesantísimos que hablan de IA, métodos de pago... Se puede hacer muchas cosas entre desfile y desfile. En cuanto a los desfiles de fuera, como es tan costoso hemos concentrado en un mismo espacio, como por ejemplo la galería de Cristal de la Casa de Correos, la presentación de varias colecciones con producciones potentes y buenas, queremos dinamizar la pasarela.
A Suárez-Zuloaga le cuesta concretar sus retos con MBMFW. Son muchos. "En realidad todo parte del talento. Hablo con los diseñadores para saber qué necesitan y qué quieren. Más prensa, más visibilidad, más compradores. Somos ambiciosos, queremos subir los estándares. También queremos que haya variedad en la representación de estilos españoles".
Apuntalar la marca España, vaya. "Creérnoslo, vendernos mejor. Nuestro cielo, nuestra temperatura, nuestro ambiente... Madrid es el sitio donde quieres estar. Queremos que MBMFW sea foco, un lugar de negocio que inspire, de networking"...
Volviendo a Valentina Suárez-Zuloaga como individuo, es una mujer perfeccionista, socióloga de formación en Londres, que ha pasado por Temperley London y Stella McCartney antes de montar su propio negocio. "Soy perfeccionista y me cuesta delegar. A mí lo que me gusta es vender. Estudié sociología para estudiar los comportamientos de los grupos sociales desde un punto de vista antropológico, económico. Hice un master en comportamiento del consumidor en España. ¡Si hasta intenté vender chorizos y jamones españoles! Luego me centré en algo que me gustaba más: la ropa, la artesanía...".
Valentina -que lleva el nombre de su tatarabuela, Valentine Dethomas, esposa del pintor Ignacio Zuloaga- también tiene vena artística. "Me lo incentivaron de pequeña, me gustaba. Y ahora mi hija mayor también tiene esa actitud. Pero yo no continué. Soy impaciente, siempre pienso en lo siguiente. No estoy tan presente". Habla de su familia desde el agradecimiento. "Soy privilegiada. Mis padres se quieren, tienen salud... Somos una familia unida con el plus cultural. Por nuestra casa de Zumaia han pasado los grandes pensadores del siglo XX, Valle Inclán, Ortega.... De los Zuloaga espero haber heredado la excelencia y la innovación. Y como buena Zuloaga, tengo interés por vender fuera la autenticidad española, la casticidad. Mi tatarabuelo era un buen estratega y se supo rodear de gente potente, hay que estar cerca siempre de gente mejor que uno mismo. Gente elocuente y con contenido".
Afirma Valentina que intuye que sus ambiciones se van a lograr. "Realmente mi sueño es ser útil a las marcas, que puedan crecer, abrir talleres. Que realmente Madrid esté en el calendario de la moda internacional".

