Victoria Elizabeth von Hohenlohe-Langenburg, de 26 años, duquesa de Medinaceli, podría festejar su matrimonio por derecho propio en el palacio sevillano de Pilatos, uno de los recintos más bellos y con más historia de España. Pero el día que le comunicó a su tío abuelo Ignacio Medina y Fernández de Córdoba, su deseo de casarse en el histórico recinto familiar, cuentan que el duque de Segorbe puso el grito en el cielo. Literalmente.
Pilatos forma parte de la Fundación Casa Ducal de Medinaceli, que preside Ignacio Medina, el último de los cuatro hijos de la duquesa Victoria Eugenia, conocida como Mimi, fallecida en 2013. Pilatos no es de su propiedad, aunque allí casó a su hija Sol el pasado mes de junio y allí se han casado muchos otros Medinaceli. No hay sitio mejor para una gran boda y el palacio debería estar abierto a todos los herederos de la anterior duquesa.
Muchos de ellos forman o han formado parte del Patronato de la Fundación, aunque algunos, como Rafael y Luis Medina Abascal, fueron expulsados de la entidad por su tío. Y es que Ignacio Segorbe maneja los bienes de la Fundación, creada por su madre en 1978, como si se tratara de su propiedad privada, se quejan sus sobrinos. Las discrepancias han terminado por enfrentarles en los tribunales, donde acusan al aristócrata de no repartir la herencia de su abuela, la duquesa.
Esta es una complicada historia en la que se mezclan la ambición, los celos, la envidia, el resentimiento, y también el amor. El intenso amor que profesaba Mimi Medinaceli por su hijo menor Ignacio en detrimento de los otros tres, Ana, la primogénita, condesa de Ofalia y marquesa de Navahermosa; Luis, duque de Santisteban del Puerto y Rafael, duque de Feria, padre de Luis y Rafael Medina, nacidos de su matrimonio con Naty Abascal.
Mimi sobrevivió a la muerte de sus tres hijos mayores y entregó, aún más, su amor y el poder, a su querido hijo Ignacio, además del ducado de Segorbe, uno de los mejores títulos de la saga.
Quien conoce los entresijos del enfrentamiento familiar se atreve a decir que "son como los Borgia en versión siglo XXI. Sólo les falta que se envenenen unos a otros, porque puñaladas se las han dado todas".
La relación entre Mimi y sus cuatro hijos siempre estuvo marcada por el resentimiento de los tres mayores por la manifiesta preferencia de la duquesa hacia Ignacio, el menor, a quien dejaba manejar los asuntos económicos y patrimoniales de la Casa Ducal. Pero todo se complicó cuando a la muerte de Victoria Eugenia en 2013, estaban en juego los más de 40 títulos nobiliarios que dejaba la duquesa. El más importante, Medinaceli, tendría que haber sido para Ana, su hija mayor, pero al haber fallecido en 2012, un año antes que su madre, el ducado recayó en Marco de Hohenlohe-Langenburg, nacido del matrimonio de Ana con el príncipe Maximiliano von Hohenlohe, con quien tuvo además a sus otros hijos, Pablo y Flavia.
Ignacio Segorbe intentó llevar a su sobrino a un notario para que renunciara al ducado de Medinaceli, pero Marco se negó a desprenderse de la distinción que tanto le honraba, entre otras cosas porque adoraba a su abuela. También se negó Marco a que su tío distribuyera los títulos vacantes, un derecho que correspondía al nuevo titular del ducado.
En este primer pleito entre tío y los sobrinos que apoyaban a Marco, la Justicia dio la razón a los nietos de Mimi y la Diputación de la Grandeza, también.
Las cosas se complican aún más cuando llega el momento del reparto de la herencia de la duquesa. Su testamento dejaba claro que deseaba que todos sus nietos recibieran los bienes que formaban parte de sus riquezas. Pero al mismo tiempo, la Fundación creada por Mimi y su hijo Ignacio era la poseedora del inmenso patrimonio artístico, inmobiliario y económico de Victoria Eugenia. Una contradicción de la que los afectados culparon a Ignacio Segorbe, acusándole de haber ido introduciendo bienes personales de su abuela en la Fundación, hasta dejarles sin la legítima, que para las leyes españolas es sagrada.
Los jueces sevillanos han dado de momento la razón a los herederos. Uno de ellos, la joven duquesa de Medinaceli del siglo XXI, hija de la alemana, Sandra Schmidt- Polex, contrae matrimonio este sábado, con el franco argentino Maxime Corneille.
Los Medinaceli descienden en línea directa de Alfonso X el Sabio y los reyes Castilla, pero la Historia es imprevisible. El ducado de Medinaceli tiene hoy mucho de la gran fiesta cervecera de Baviera, algo de tango argentino y ecos de la animación de Pigalle. De Sevilla, poco.




