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Le llamaron 'cazafortunas'
Una peculiar historia de amor

"Rechacé educadamente su propuesta": el día que Melania, con 28 años, conoció a Donald Trump, de 52

Dos años después de que la eslovena llegase a Nueva York, conoció al magnate en una fiesta... Pero él ya tenía una cita y, además, estaba pasando por un proceso de divorcio.

Donald y Melania Trump, en agosto de 2020.
Donald y Melania Trump, en agosto de 2020.GTRES
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Tras el término del primer mandato de Donald Trump (78), Melania (54), su mujer, parecía exhausta. Es más, numerosos medios internacionales aseguraron que estaba contenta de poder dejar de fingir y que ya no se sentía presionada a seguir al lado del magnate. Así, entre 2021 y este 2024, la eslovena decidió mudarse a su residencia en Mar-A-Lago, en Palm Beach, y, posteriormente, acompañar a su hijo Barron, a Nueva York, donde él acude a la universidad.

Allí, en la Gran Manzana, Melania vive en un lujoso penthouse, al que -según sus redes sociales- tiene el placer de llamar "hogar". No obstante, es posible que, próximamente, decida dejarlo y volver junto a su marido a la Casa Blanca. Aunque, de acuerdo con diversos tabloides, la nueva primera dama de EEUU no tendría intenciones de vivir, de nuevo, en el conocido hogar presidencial.

Para saber más

Melania -que se dio un baño de masas en un mitin republicano el pasado octubre- está intentando apoyar a su esposo y eso es lo que, aparentemente, hace con su autobiografía, donde cuenta cómo conoció al que se convirtió en el hombre de su vida. Al principio, la ex modelo parecía no estar interesada (del todo) en involucrarse con el empresario. Pero, al final, terminó cayendo rendida a sus encantos.

Según se cuenta entre las páginas de Melania, la maniquí llegó a Nueva York cuando tenía 26 años. "Había tomado la decisión de poner a prueba mis habilidades en el mercado de modelos estadounidense. Había riesgos, sí, pero sentía una sensación de confianza. Sabía que podía tener éxito. Así que empaqueté todo lo que tenía en mi piso de París, me reuní con un agente en Milán, me despedí de mi familia en Eslovenia, y me desearon buena suerte en Estados Unidos", relata en un extracto publicado por The Times.

Melania describe su llegada a suelo norteamericano como una experiencia que le hizo "latir su corazón". Sin embargo, la verdadera sorpresa llegó cuando se enfrentó, por primera vez, al lujo y la ostentosidad, en la que pronto viviría inmersa. "Mi agencia me envió una limusina, que exudaba elegancia. Sentí una sensación inmediata de comodidad y tranquilidad. Aun así, me parecía que la vitalidad de Manhattan era abrumadora... Pero sabía que ese era el lugar donde debía estar", menciona.

En los días posteriores, Melania se embarcó en la misión de darse a conocer en la ciudad y, de acuerdo con sus propias palabras, "su profesionalidad y su puntualidad le hicieron ganar clientes", en tiendas como Bergdorf Goodman y revistas como Glamour. "Siempre estaba frente a la cámara y cuando tenía tiempo libre, contactaba con fotógrafos y asistía a reuniones, porque creo que el éxito en esta industria se logra a través de la automotivación", afirma.

Asimismo, Melania desvela que su propio entusiasmo le llevó a conseguir sus metas y, pronto, a mudarse de nuevo... Pero, esta vez, a un apartamento propio, en Park Avenue. "Pienso que lo que logré durante mi primer año en EEUU fue extraordinario", indica. No obstante, su vida cambió en serio en septiembre de 1998, 24 meses después de su llegada, cuando una amiga suya le invitó a la fiesta de su novio, en un club llamado Kit Kat. Y aunque ella se sentía cansada, aceptó la invitación.

"En cuanto llegué, me acerqué a mi amiga y la vi saludar a alguien. Se trataba de un hombre y una atractiva rubia. 'Soy Donald Trump', me dijo y yo reconocí su nombre. Sabía que era un hombre de negocios. Me extendió su mano, le dije mi nombre y sus ojos se llenaron de curiosidad. Se sentó a mi lado, inició una conversación y me preguntó por mi vida, pero no quise involucrarme demasiado por su bella compañía", señala.

"La música estaba alta y la multitud bulliciosa. Había mucha actividad a nuestro alrededor, pero su concentración en nuestra conversación me hizo sentir como el centro de su mundo. Me sentí atraída por su energía magnética.... Y cuando su acompañante se fue por un momento, él me pidió mi número de teléfono. Rechacé educadamente su propuesta y quedó un poco sorprendido. Entonces le dije 'dame tú tu numero'. Él llamó a su guardaespaldas y me dio una tarjeta diciéndome 'llámame'", explica.

En su libro, Melania asevera que, aunque al día siguiente viajó al Caribe, "no podía dejar de pensar en Trump", porque su look y su seguridad le habían llamado la atención. "Creo que Donald apreció mis conocimientos y experiencias y quizá me vio como a una persona con la que podía tener conversaciones profundas. Así que le llamé, pero como no lo cogió, le dejé un mensaje. Incluso le dije 'ojalá que esa noche haya acabado bien tu cita', en forma de broma. Y esa tarde me llamó", comenta.

Al día siguiente, ambos continuaron hablando por teléfono y pronto el millonario la invitó a su casa en Beford. Cuando ella llegó, él le contó que tenía planes de convertir la propiedad en un campo de golf. "Y ahora que lo pienso mejor, fue una cita muy a su estilo, una mezcla de negocios y placer. Además, me confesó que estaba pasando por un proceso de divorcio con su segunda mujer. Y aunque él tenía 52 y yo 28, sentí una conexión", declara.

De esa manera, Melania y Donald Trump empezaron a salir. Al principio, su romance fue secreto. Pero, después de un par de semanas, decidieron comenzar a salir en público. Según Melania, ambos tenían mucho en común y ella no tenía ninguna duda de su complicidad. Aunque los demás sí que dudaban. Incluso los tabloides la llamaron 'cazafortunas'. Pero ella asegura que nunca estuvo interesada en su cuenta bancaria. De hecho, afirma que podría haber generado un grueso patrimonio ella sola. "Como modelo, hice mi dinero y podría haber conseguido al famoso que quisiera", concluye.