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¿Qué hace el Padre Apeles en el funeral de Valentino?

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Roma se ha despedido del último gran emperador de la costura en una jornada cargada de solemnidad, elegancia y un profundo sentimiento de pérdida. La Basílica de Santa María de los Ángeles y los Mártires, una joya del siglo XVI proyectada por Miguel Ángel, se convirtió en el epicentro de la cultura internacional para dar el último adiós al "grandioso" Valentino. El funeral no fue solo un acto religioso, sino un emotivo homenaje repleto de flores blancas y rojas que recordó el legado cromático del modista italiano.

Para el público español, el evento tuvo un significado especial debido a la estrecha relación del diseñador con nuestra sociedad. Llamativa ha sido la presencia del Padre Apeles, quien sigue vinculado a la Iglesia y desde hace un tiempo vive en Roma. Además, lleva alejado de los focos mediáticos varios años.

Las españolas Naty Abascal y Rosario Nadal, musas eternas del maestro, desfilaron visiblemente afectadas por la entrada del templo, acompañadas por otras figuras de la talla de Donatella Versace, Anna Wintour y el diseñador Tom Ford. La emoción fue incontenible para muchas de las celebridades presentes. La actriz estadounidense Anne Hathaway entró llorando en la iglesia, reflejando el sentir de una industria que pierde a su principal referente. Junto a ella, rostros conocidos como la actriz Liz Hurley o la directora creativa de Fendi, Maria Grazia Chiuri, lucieron pequeños detalles en carmín como guiño al icónico "rojo Valentino", sello distintivo de su obra.

El rito fúnebre estuvo cuidado hasta el más mínimo detalle artístico. El féretro, presidido por un retrato en blanco y negro de Valentino sonriente, entró en la basílica al son del Lacrimosa de Mozart. La comitiva estuvo encabezada por Giancarlo Giammetti, socio y expareja del creador, quien se mostró arropado por familiares y allegados en todo momento. El impacto de Valentino en la identidad italiana fue resumido por su colega Brunello Cucinelli, quien no dudó en señalar la magnitud histórica del fallecido. Según Cucinelli, el diseñador es "(Valentino es) el padre de la moda italiana, junto al señor Giorgio Armani y Versace, son quienes han llevado nuestro estilo y nuestra idea al mundo". El modista añadió con esperanza que "el creador los habrá puesto en un lugar muy especial".

Fuera del templo, el fervor popular fue igual de intenso. Cientos de personas se congregaron con pancartas y consignas espontáneas, tales como "Grandioso Valentino, en el paraíso, un día nos encontraremos" o la sentida frase "Todo el mundo llora a Valentino".

Entre las numerosas ofrendas florales, destacó la corona enviada por la mítica Sophia Loren, cuya banda rezaba un sencillo pero potente: "Siempre en mi corazón". Tras la bendición final bajo los acordes del In Paradisum de Fauré, el coche fúnebre partió entre aplausos hacia el cementerio Flaminio de Roma. Allí, el cuerpo de Valentino descansará en la capilla familiar encargada por él y Giammetti, cerrando así un capítulo de oro en la historia de la alta costura. Con este adiós, Valentino se despide de la ciudad que lo acogió, dejando una huella imborrable en la cultura, no solo en Italia, sino en el mundo.