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Música

Metrika y la exaltación total del sexo: "Todo lo excuso en que soy joven"

La nueva reina del trap da por superada la fase del empoderamiento con nuevas canciones y toneladas de actitud. "Tengo inseguridades. Muchas menos de las que debería"

Metrika y la exaltación total del sexo: "Todo lo excuso en que soy joven"
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Thais Amores está de espaldas. Sentada en una silla, aprovecha para comer un poco. Da un bocado en la planta baja del espacio Cupra, en la calle Serrano de Madrid, un lugar con poca luz, unos cuantos globos en el suelo, con la apariencia de un after a punto de airearse. Descansa de ser Metrika, la artista que en 2020 revolucionó la escena del trap. Como sus mujeres ya estaban empoderadas, ella canta a la nueva generación sin dar explicaciones. Ya t has corrido, Ave María Putísima, Semen up, Toto de loca o Virgen putita son torbellinos con un millón de estímulos considerados himnos. Ahora presenta Jane doe in the dream house, su nuevo EP. Esta musa de Castellón nació en el cero tres (2003), acumula millones de reproducciones y su estética reivindica la transgresión frente al falso punk conservador. Camina resuelta. Tiene las cejas finísimas. «Puedo cantar lo que canto gracias a que otras ya lo cantaron. Si hubiera sido de su generación habría hecho lo mismo que ellas. La Zowi o Bad Gyal abrieron el camino».

Encontró el nombre de Metrika en el libro de Lengua y literatura. «Leí algo de la métrica, me gustó y se quedó». Responde como canta: al grano. Sus letras identifican en el sexo una máscara con la que esconder los sentimientos. Han cambiado los polos y decir 'te quiero' es demasiado íntimo. Al revés, «Ya me lo ha comido una vez estos meses / es de avariciosa comulgar dos veces» no es personal. «Hablar de sentimientos me parece atrevido. Para mí lo normal es hablar de sexo. Soy un poco hombre en ese aspecto. Puedo hablar de la polla de no sé quién, pero mis sentimientos solo los cuento a una amiga. La canción Toto de loca no va de despecho. Es todo lo contrario. ¿Es una broma? Básicamente quiero hacer un trío, pero a mi amiga no le gusta lo que a mí».

Otra barra: «Hace dos ex que me das igual». «Es para las niñas que hemos estado pasando de novio en novio durante mucho tiempo. Dicen que un clavo saca otro clavo, ¿no? Te acuerdas de hace dos clavos y dices: pues sí, ya lo he superado. Al anterior no, pero al que está allí, sí».

Para saber más

Tiene a mano algunas convenciones recientes. Pone las coletillas «en plan» o «cien por cien» en la puerta de cada respuesta. «Con mis letras quiero reflejar la realidad de algunas personas. No de todas las niñas de mi edad, pero sí de un nicho de gente. No todas las cosas son verdad. Muchas cosas pasan en mi cabeza y esas fantasías las considero reales y me gusta contarlas. En las canciones cuento lo que contaría en un audio a una amiga, pero al público. Compongo frente al espejo. A mí me viene como de la nada un concepto. ¿Y si me siento así? Mejor dicho: ¿y si me quiero sentir así? Hago la música que me gustaría escuchar y hago la música para sentirme como me gustaría sentirme cuando la vaya a escuchar. Si me quiero sentir con mucho poder, lo hago de una manera determinada», trata de explicar la rapera su proceso creativo.

Va tan segura de sí misma que apenas queda un resquicio de fragilidad. «Hay inseguridades. Sí. Muchas menos de las que debería tener. Soy muy impulsiva. No sé de dónde lo he sacado. Me asustan pocas cosas. Lo que me asusta no es humano. Nada de lo que pueda hacer un humano ahora mismo me puede asustar. El otro plano me da respeto y miedo. Por ejemplo, no me gustan cosas como Los Simpsons. Me dan mal rollo. El otro día un amigo me preguntó también cuál es tu mayor miedo. Tío, pues Los Simpsons. Me dan paranoia. Les veo una cosa muy rara detrás. Un trasfondo extraño, ¿sabes?».

Metrika refuta la ola conservadora. ¿Es por convicción o ha llegado tarde a ser una monja? «Válgame lo que yo sería si fuese monja. Soy muy radical. Soy Marina Yers. Si se me cruza ser monja, me vuelvo monja. Luego me arrepiento y soy paracaidista. No me quiero quedar con ganas de ser nada en la vida. Lo que soy ahora es por el fomo». El asunto de la vuelta a las llamadas esencias le trae sin cuidado. O no. «Tengo muchos pensamientos encontrados. No tengo un pensamiento formado de lo que es ser tradwife. Si alguien quiere, ¿por qué no? Ahora mismo en España el 99,9% de las mujeres están donde quieren estar. A mí no me han impuesto nada. La libertad la decide cada una».

Su padre, DJ de hardcore, le puso en el camino. «No me hablo con mis padres. Tengo un poco más de relación con él. A mí todo lo que me ha enseñado mi padre me ha gustado muchísimo. En Fabrik pinché los temas que me ponía de pequeña. En el coche de mi padre sonaba de todo. Remember cantaditas. Hardcore. Michael Jackson. Britney Spears. Le gustaba toda la música. O un tema de SFDK. Con mis tías me llevo súper bien. Están orgullosas de mí».

La última foto de la galería del móvil es un pantallazo de una storie de Eladio Carrión. Los aros le llegan a la clavícula. No se considera postrap. «Creo que mantengo la base de lo que se hacía antes. No es postrap. Quien venga después no sé». Las canciones, por los ritmos, las letras y las referencias, reflejan una realidad supersónica. «Estamos expuestos a muchísimos estímulos. Ahora mismo necesito para escuchar temas de cinco minutos una pantalla del Subway surfers [un videojuego] arriba. Necesito estímulos para concentrarme. Por eso mi música es tan barroca», defiende.

Y no habrá nada de lo que arrepentirse. «Todo lo excuso en que soy joven. Mi meta es ser manager y si con 45 años me veo y digo válgame, qué vergüenza, me quito esta cara negra, me pongo el pelo negro, con un corte bob, y nadie sabe quién soy. Me queda el alivio de ser joven».