Uno de los temas recurrentes en los ensayos y artículos de Ramón González Férriz (Granollers, 1977) es la relación entre política y cultura. Una "cultura" entendida en sentido amplio, y que algunas veces se concreta en tratados filosóficos, otras veces en música pop y otras veces en vídeos que circulan por las redes sociales. Y una "relación" que interesa más al autor cuanto más dinámica y compleja resulte.
Las épocas sobre las que ha escrito -desde los años 60 que abordó en La revolución divertida hasta los 90 que analizó en La trampa del optimismo- han tendido a ser aquellas en las que la cultura y la política fueron cambiando a la vez, incorporando nuevos formatos y mensajes. La admirable capacidad de análisis de este autor suele volcarse en explicar esos cambios y en trazar sus múltiples y a veces inesperadas consecuencias.
La otra Guerra Fría
Alianza. 184 páginas. 17,50 ¤ Ebook: 12,99 ¤
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La otra Guerra Fría proyecta esta mirada sobre las políticas culturales de EEUU y la URSS durante la segunda mitad del siglo XX. Narra una serie de episodios -desde el despliegue de la doctrina Zhdánov hasta la promoción del expresionismo abstracto, y desde el "caso Pasternak" hasta el apoyo de la CIA al Congreso por la Libertad de la Cultura- que ilustran cómo ambas superpotencias instrumentalizaron distintas expresiones artísticas en su pugna por la hegemonía global. También se incluyen episodios y fenómenos cuya conexión con los aparatos de Washington y Moscú resulta menos explícita -como el éxito de James Bond o la polémica del "caso Padilla"-, pero que también derivaron su sentido de la lógica bipolar impuesta tras 1945.
Un conflicto que podía ser frío, pero que desde luego no estaba congelado. Una de las virtudes de este ensayo es mostrar, precisamente, lo dinámico que fue el universo cultural durante la Guerra Fría, y cómo esos cambios llevaron a los dirigentes políticos a revisar sus criterios y preocupaciones. Al principio de este ensayo, los soviéticos están ocupados en censurar los versos de Anna Ajmátova; al final, los comunistas alemanes están cortando la señal de un concierto de Bruce Springsteen.
Ese dinamismo no está reñido con algo que se mantuvo constante, y que González Férriz se ocupa en destacar: la enorme importancia que la cultura adquirió en aquella época. Y, efectivamente, es fácil compartir el asombro del autor ante "la trascendencia que algunos sectores muy influyentes daban a la trama de una novela o a los versos de un poema".
Resulta inevitable preguntarse si esa trascendencia estaba bien calibrada por parte de aquellos gobiernos -es decir, si la cultura efectivamente desempeñó un papel fundamental en el devenir de la Guerra Fría-, o si más bien los episodios que se narran en este libro dan fe de una paranoia muy improductiva por parte de las élites políticas de ambas superpotencias. Pese a lo excepcional del enfrentamiento que supuso la Guerra Fría, este ensayo nos conduce a una pregunta que va mucho más allá de ese marco: ¿cuánto importa la cultura, realmente?
González Férriz también anima a reflexionar sobre lo que ha ocurrido tras la disolución de la Unión Soviética. Está claro que mucho ha cambiado desde entonces, aunque no es del todo sencillo averiguar el qué. Es cierto que la diplomacia cultural y el 'poder blando' han seguido estando muy presentes después de 1991, pero la novela, la poesía o incluso la pintura no tienen el papel central que una vez tuvieron.
Como se argumenta en La otra Guerra Fría, esas expresiones culturales han ido perdiendo terreno desde los años 60 en favor de otras mucho más masivas y populares. Tampoco ha habido ningún país que haya buscado rivalizar con EEUU en términos culturales de la manera en la que lo intentaron los soviéticos; potencias como China o Rusia pueden moldear o limitar la americanización cultural de sus sociedades, pero no ofrecen un universo cultural alternativo para el resto del mundo. A la nueva Guerra Fría le falta esa "otra" guerra que este libro describe con gran claridad, eficacia e inteligencia.



