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Historia

El oeste de Richard Avedon: la otra cara del sueño americano, 40 años después

Cuando el fotógrafo publicó en 1985 su libro 'In The American West', el resto del mundo cambió su idea sobre lo que era el Oeste de Estados Unidos. Su serie de retratos, a primera vista simples pero turbadores y trascendentes, jugó un papel crucial a la hora de cuestionar la idealización épica de los wéstern y 'Dallas'

El oeste de Richard Avedon: la otra cara del sueño americano, 40 años después
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In The American West, uno de los más icónicos libros de fotografías de Richard Avedon, cumple 40 años. La obra fue el hito que en cierto modo rompió la burbuja en que vivía el resto del mundo, esa idealización del oeste americano especialmente fomentada por los wéstern y series como Dallas.

La publicación tuvo lugar en 1985 por la editorial Abrams y ya hacía más de una década que se encontraba descatalogado. Ha sido ahora, con la llegada del 40 aniversario, cuando la misma editorial ha vuelto a sacarlo al mercado. Al mismo tiempo, hasta el 12 de octubre la Fundación Henri Cartier-Bresson de París acoge una exposición dedicada en exclusiva a esta obra, cuyas fotografías nunca habían sido expuestas en su totalidad en Europa (aunque sí en Estados Unidos). Además, incluye material previo como polaroids de la preparación y cartas del autor con sus retratados: mineros, feriantes y vagabundos, entre otros.

Avedon (1923-2004) comenzó su carrera como fotógrafo de moda, tomando retratos para publicaciones como Harper's Bazaar, Life, Rolling Stone o Vogue y llegando a realizar algunas de las sesiones de fotos más caras de Condé Nast, la casa de Vogue. A Clément Chéroux, comisario de la exposición en París y director de la Fundación Henri Cartier-Bresson, esto es lo que más le sorprende de este trabajo de Avedon: ¿por qué un fotógrafo en la cumbre de su carrera decide abandonar su zona de confort e irse a recorrer carreteras secundarias?

"El fotógrafo más famoso de su generación, en su punto más alto, quiso volver a los orígenes porque necesitaba contar algo"

"En los años 80 él ya había tenido una exposición en el MoMA de Nueva York, había publicado varios libros y fotografiaba a los mejores modelos. Estaba trabajando con los mejores artistas de su generación: Francis Baker, Jean Renoir, grandes escritores, pintores, cineastas...", explica Chéroux. "Entonces el fotógrafo más famoso de su generación se convirtió en el más humilde, porque de las diferentes ocupaciones de los fotógrafos, probablemente la más baja sea la del itinerante que hace retratos y viaja de una ciudad a otra. Si ahora tuviera delante a Avedon, le preguntaría qué descubrió sobre la fotografía y sobre sí mismo al volver a los orígenes".

Sobre sus motivaciones, "en su momento se dijo que quería renovar su práctica, hacer algo diferente, porque estaba aburrido de la moda y la publicidad. Yo creo que no fue eso, sino que él sentía muy a menudo la necesidad de hacer un proyecto por su cuenta, algo personal que realmente contase algo", continía el comisario.

La realidad es que en aquel momento Avedon ya había tenido otros proyectos reivindicativos: entre otros, uno con James Baldwin en los 60 por los derechos de la población afroamericana y otro en torno a la Guerra de Vietnam. Por eso, Chéroux sostiene que en los años 80 Avedon simplemente necesitaba hacer algo relacionado con lo que estaba pasando en aquel momento en su país. "Y es, desde mi punto de vista, lo mejor que hizo en su carrera", afirma.

En palabras del comisario, el trabajo de Avedon "es a la vez muy sencillo y muy elaborado. Él estuvo en el Ejército como fotógrafo, encargándose de hacer los retratos de identificación a los soldados, fotografiando de manera muy sencilla a personas mirando a cámara sobre un fondo neutro con luz natural. Siempre le fascinó esta forma tan simple de fotografiar a las personas, los retratos de identificación, como en un fotomatón", dice. Y así siguió la estela con In The American West.

En 2022 la galería FotoNostrum de Barcelona presentó la primera muestra en España dedicada a Avedon. La comisaria, la diseñadora de moda y coleccionista de fotografías Joanna Mastroianni, cuenta que "Avedon era un fotógrafo único, un pionero. Tenía mucha curiosidad, se mantenía al día de la actualidad y la cultura y era un ávido lector. Creó imágenes muy atrevidas y memorables".

En concreto sobre sus retratos, Mastroianni asegura que "una vez que los veías, no los olvidabas, te gustaran o no. Pasó lo mismo con su fotografía de moda, donde creó algo muy novedoso en aquella época: aportó movimiento, energía y emoción. Era algo diferente a todo lo que habíamos visto antes. Podías sentir a las modelos saltando de las páginas", dice.

Para Mastroianni, Avedon era de los que saben que para conseguir algo sencillo, paradójicamente, hay que trabajar mucho. "Ya en su momento artistas como Picasso o Leonardo da Vinci hablaban de la dificultad de hacer cosas sencillas.Avedon, por su parte, dominó el poder o la fuerza de una sencilla fotografía como de DNI".

"Es interesante ver la comparación entre cómo quería mostrarse el país en series como 'Dallas' o 'Dinastía', y las fotos de Avedon"

El libro, que fue un encargo del Museo Amon Carter de Texas, surgió tras cinco años fotografiando a diversas personas en el oeste del país. Un total de 103 retratos en blanco y negro -sobre fondo blanco, para no desviar la atención- tomados mientras conversaba con sus modelos, más de 1.000 personas. Así, entre 1979 y 1984 recorrió casi 200 poblaciones, dando lugar a un libro ya histórico que, a pesar de no agradar demasiado entonces, hoy se celebra.

"En la actualidad es bastante difícil, cuando hablas con la generación más joven de fotógrafos y sale el tema del retrato, que no salga Richard Avedon en la conversación", asegura Chéroux. También Mastroianni concede que Avedon ha influido en muchos compañeros, también en la moda. Él inició una tendencia que todos querrían seguir después en la fotografía. Más que un avance a nivel técnico, desarrolló un modo de trabajar y de transmitir: sus retratos se estudian hoy como se estudia el Guernica en pintura, porque abrieron una nueva manera de mirar.

"No se trataba solo de un fotógrafo que iba a un lugar, tomaba una foto rápida y se marchaba. Se trataba de hablar con la gente, de intentar honrarlos a través de un gran retrato", explica el comisario. "Quienes vienen a la exposición a veces me dicen: 'Siento que he conocido al de la foto al mirarlo a los ojos'. Probablemente nunca haya recibido tantos correos electrónicos de elogios de fotógrafos que me dicen que les ha conmovido mucho lo que han visto. Creo que esta es una de las razones del éxito de las fotos: que te encuentras con personas reales".

"Su obra trata de crear emoción, crear encuentros, formas de encontrarse con la gente. Eso es muy difícil, no es algo que se consiga con una buena técnica, sino durante la sesión, hablando con la persona, reaccionando a su forma de ser. Está en la forma de hablar con la gente, la forma de interactuar con ellos. Y ahí es donde está su talento, ahí está su arte. No se trata del encuadre, ni de la luz. No se trata de la película o de la cámara que utiliza, sino de la relación humana, y yo creo que la gente lo ve", continúa Chéroux.

Los retratos nos clavan la mirada y nos ponen a prueba. Con una puesta en escena que acentúa cada arruga y cada gesto, dejan sin aliento: frente a nosotros no está el mito del oeste, sino hombres y mujeres de mirada apagada que desnudan la derrota de la América profunda.

"Decían que los explotaba, pero Avedon desarrolló una fuerte relación con sus modelos y pagaba a todos un salario"

Pero, como decimos, cuando salieron a la luz las fotografías, a Avedon comenzaron a lloverle las críticas. Se le afeaba que un fotógrafo que trabajaba por encargo no podía hacer ese tipo de obra documental y, sobre todo, se afirmó que explotaba a sus modelos. Chéroux considera que esto último no tiene pies ni cabeza, puesto que el fotógrafo "desarrolló una fuerte relación con algunos de sus modelos y les pagaba a todos un salario acorde a su trabajo, como puede verse en las cartas que se enviaban". En realidad, en aquel momento muchos de sus detractores eran sencillamente ciudadanos que se negaban a ver EEUU de aquella forma. Según el comisario, preferían consumir series como Dinastía o Dallas y pensar que su país era eso: "todo bling-bling". "Es interesante comparar cómo EEUU estaba intentando mostrarse a sí mismo en contraposición a las fotografías que hizo Avedon", valora Chéroux. La obra retrata un oeste sin maquillaje: brutal, inmediato y alejado de la épica romántica del cowboy y las llanuras infinitas.

Hoy en día esa imagen del sueño americano ha explotado para algunos como una burbuja que hasta el momento solo parecía agrandarse. Y, bajo el punto de vista de la Fundación, el momento de reeditar el libro era ahora, no solo por el aniversario. "En su época este era un proyecto contemporáneo, ahora es un proyecto histórico, pero hubo un periodo intermedio en el que se encontraba en una especie de zona gris, y no era el momento de traerlo de vuelta. Ahora esta serie pertenece a la historia de la fotografía", dice Chéroux.

El libro contiene numerosas imágenes icónicas, como la niña de la portada, con su peto vaquero, tan americana. Y, por supuesto, la que es seguramente la imagen más icónica, citada y reapropiada de Avedon, la del apicultor Ronald Fischer, que tomó en 1981 en la ciudad de Davis, en California, con su torso desnudo cubierto por abejas.

Chéroux, sin embargo, apunta que es importante mencionar que esta foto es la excepción a la norma: es la única que tiene una puesta en escena completa, una producción. "Puso un anuncio en una revista para apicultores, American Beekeeper Journal, pidiendo que una persona posara para él. Buscaba a alguien acostumbrado a trabajar con abejas, y recibió unas 50 polaroids de personas interesadas en posar. Eligió finalmente a Fisher, que como tenía alopecia y era muy pálido, Avedon pensaba que las abejas lucirían muy bien sobre él", cuenta.

"Su obra es un documento sobre los Estados Unidos, no una ficción, pero estaba tan seguro de que sería atacado por críticos que le dirían que lo que mostraba no era la verdadera América, que utilizó al hombre abeja como una especie de coartada", apunta Chéroux sobre cómo Avedon jugaba con esta idea.

Esta manera de trabajar y esta personalidad burlona la reconoce también Mastroianni: "De él me llamaron la atención los fascinantes detalles que se escondían detrás de las cámaras de sus proyectos, antes de que viéramos las icónicas imágenes finales. Y fue maravilloso ver el lado más divertido de Avedon, lo juguetón que era. Creo que es algo que muy poca gente llegó a ver".

Hoy, con el sueño americano medio resquebrajado, la reedición deIn The American West llega como un recordatorio de que el poder de la fotografía no está solo en embellecer, sino en revelar. Lo dijo Mastroianni: las imágenes de Avedon no se olvidan, te gusten o no. Ahí está su secreto: en lograr que cada retrato no sea solo un rostro, sino un espejo incómodo. Cuatro décadas después, seguimos mirándolos. Y ellos siguen interrogándonos.