INTERNACIONAL
Entrevista

Michael Ignatieff, Premio Princesa de Asturias: "Con la costa tan grande y desprotegida que tiene España, debería preocuparle los cortes de cables submarinos que Rusia está realizando en el Báltico"

"No hay ningún argumento que justifique una guerra de EEUU contra Irán", afirma en esta entrevista el ex candidato a primer ministro por el Partido Liberal canadiense y Premio Princesa de Asturias

Michael Ignatieff, politólogo y ex candidato a primer ministro de Canadá.
Michael Ignatieff, politólogo y ex candidato a primer ministro de Canadá.Ángel Navarrete
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A cada ganador del Premio Princesa de Asturias le llama la atención algo diferente de Oviedo. A la escritora Siri Huvstedt -que estuvo dos veces: una cuando lo ganó su esposo, Paul Auster, y otra cuando lo obtuvo ella-, que "toquen la gaita". Al politólogo y ex candidato a primer ministro de Canadá Michael Ignatieff, que lo obtuvo en 2024, "la forma tan increíble en que la ciudad se vuelca con un sentido de celebración popular que nunca he sentido cuando he recibido otros galardones".

Ex profesor en Harvard, ex candidato a primer ministro por el Partido Liberal canadiense -el mismo al que pertenece el actual jefe del Gobierno de ese país, Mark Carney- y ex rector de la Universidad de Europa Central -que el primer ministro húngaro Viktor Orban expulsó de ese país-, Ignatieff, que participó en el seminario de Aspen España-Deusto Geopolítica, Liderazgo y Valores, celebrado en Bilbao la semana pasada, es un defensor del orden democrático liberal que se encuentra cuestionado en, precisamente, los países de tradición democrática y liberal.

Trump siempre dice que se opone a las intervenciones militares, a pesar de que en 2002 y 2003 defendió la invasión de Irak. Pero ha bombardeado Irán, intervenido en Venezuela, podría acabar haciéndolo en Cuba y, de nuevo en relación a Irán, ha puesto frente a ese país a 350 aviones de combate y al 40% de los barcos de guerra que Estados Unidos tiene en el mar.
A una parte de sus votantes no le gusta nada eso. Es como si Trump hubiera perdido parte de su habilidad para saber qué quiere su electorado.
El ataque contra Irán -con o sin el apoyo activo de Israel- parece inevitable.
Nadie entiende esa guerra. Yo tampoco. No veo ningún argumento que la justifique. El cambio de régimen no tiene ningún sentido.
¿Por qué?
Porque si decapita al régimen iraní, el país puede caer en el caos y, en ese caso, sólo cabría esperar a ver si de ahí sale un líder proestadounidense. Tal vez espere que los bombardeos impulsen a la oposición al régimen...
¿Y si sólo quiere destruir el programa nuclear de Irán?
Después de los bombardeos de junio [de Israel y Estados Unidos] no parece que queden objetivos militares. Esta es una guerra sin justificación, sin motivo e impopular entre el pueblo estadounidense. Las operaciones militares en el extranjero no son una varita mágica que impulsa la popularidad de los presidentes, como se demostró en Venezuela.
Mientras Estados Unidos negocia con Irán, también lo hace con Rusia y Ucrania para imponer un plan de paz que le daría a Vladimir Putin mucho más de lo que ha conseguido en el campo de batalla. Si se alcanza un acuerdo, ¿qué debería hacer Europa? ¿Rechazarlo basándose en principios morales o ser realista y aceptarlo?
Aunque supone pagar un precio terrible, es mejor aceptar un acuerdo en el que Ucrania tenga que ceder la quinta parte de su territorio pero sin renunciar a su soberanía sobre él, y Putin declare una victoria que no ha logrado. Y, en ese caso, creo que es mejor que Europa no mande ninguna fuerza de paz.
¿Por qué?
Porque los únicos que pueden defender Ucrania son las Fuerzas Armadas de ese país que son, de lejos, las mejores de Europa, y pueden imponer costes punitivos a Putin si este viola el acuerdo. Poner brigadas francesas o británicas en la línea de alto al fuego no es práctico. En primer lugar, Putin no lo va a aceptar. Pero, además, esos soldados no serían fuerzas de paz, ni observadores. Necesitarían tener capacidad de combate, así que, si se diera un choque armado, la OTAN estaría automáticamente en una confrontación con Rusia, que podría acabar mal si Putin decidiera usar armas nucleares tácticas. Creo que es mejor que los ucranianos y los rusos estén frente a frente, con Europa en la retaguardia, dando a los primeros todo lo que necesiten.
Europa, de hecho, ya está dando prácticamente todo el apoyo que recibe Ucrania. La ayuda de Estados Unidos a Kiev es, literalmente, cero.
Es incompresible que Estados Unidos haya cerrado su apoyo financiero al Estado ucraniano, así que la única opción para Europa es que la UE siga haciéndolo. El plan aprobado en diciembre [que ha sido vetado por Hungría] provee financiación para dos años, pero es probable que tengan que ser muchos más, incluso aunque haya paz. Otro aspecto fundamental es facilitar la entrada de Ucrania en la UE. Eso significa recortar esos ridículos 20 o 30 puntos que Kiev debe cumplir para lograr el acceso. A cambio, los ucranianos pueden ir a todas las capitales europeas a enseñar cómo se hace la guerra en el siglo XXI.
Parece que, pese al cambio del panorama estratégico en los últimos años, Europa sigue viéndose a sí misma como una potencia de poder blando, no de poder duro.
Eso pasa en muchos países. Por ejemplo, en Canadá, donde nos hemos olvidado de que perdimos un enorme porcentaje de población en la Primera Guerra Mundial y una cantidad considerable en la Segunda. El poder blando es bueno. España tiene mucho, porque la gente de todo el mundo adora a ese país, y porque su pasado imperial hace que muchas naciones compartan con ella vínculos culturales y lingüísticos. Esos son enormes activos para España.
¿Es suficiente?
No. Es necesario el poder duro, entendido no sólo como poder militar, sino en un espectro muy amplio: económico, tecnológico, energético y de comunicaciones. Estamos en un mundo de potencias hegemónicas depredadoras y no podemos excluir la posibilidad de que usen la tecnología que controlan para reforzar nuestra dependencia. Eso explica que los franceses vean con suspicacia a Google o a Microsoft. España va a tener que tomar decisiones difíciles a la hora de determinar hasta dónde permite a la tecnología de EEUU y a la de China llegar a ciertas áreas de su economía o de su Estado. Esos son aspectos críticos del poder duro aplicado a la soberanía nacional. Yo creo que a España debería preocuparle mucho lo que está pasando en el mar Báltico [donde Rusia está cortando cables submarinos de energía y telecomunicaciones]. Ustedes tienen una costa muy grande y desprotegida en el Cantábrico, el Atlántico y el Mediterráneo con grandes redes de cables y una enorme conectividad a través de satélites sobre la que no tienen control, que es un área en la que Rusia está invirtiendo masivamente. El poder duro no es tanto defensa nacional sino resiliencia nacional. Por ejemplo, ¿qué puede hacer España para garantizar que nadie la deja sin electricidad?
España no está en peligro de que nadie la deje sin luz. Ella sola lo logró hace 10 meses.
¡Exacto! ¡Por eso he tomado ese ejemplo! ¡Para mí fue un shock! Nadie pensó que la resiliencia nacional fuera a ser de importancia capital. Ahora estamos descubriendo que, incluso en periodos de paz, los países deben invertir enormes cantidades de tiempo y recursos para asegurar la capacidad de supervivencia de sus propias redes e infraestructuras. Pensar que si la luz se va de España no pasará nada porque vendrá de Alemania o Francia no funciona.