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Así fue el discurso del Estado de la Unión de Trump: vítores, gritos y reproches

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En lo que ya se describe como el discurso más largo de la historia de Estados Unidos, el presidente Donald Trump presentó un Discurso sobre el Estado de la Unión cargado de triunfalismo, populismo y provocación. Con la mirada puesta exclusivamente en las elecciones legislativas de noviembre, el mandatario buscó recuperar el control de la narrativa nacional en un evento que priorizó el espectáculo televisivo y la viralidad por encima de la solemnidad institucional.

Trump proclamó el inicio de una "era dorada" para Estados Unidos, asegurando en sus primeras palabras que la nación es "más rica y fuerte que nunca". Durante casi dos horas, el presidente repasó una lista de supuestos éxitos, afirmando que bajo su mando la inflación se desploma y la frontera es finalmente segura, ignorando las voces críticas que señalan el estancamiento económico y la crisis migratoria. El evento se transformó en un "show" total, con entregas de medallas en directo y la aparición de invitados estrella, como la selección masculina de hockey sobre hielo, utilizada para ejemplificar la idea de un país que "no deja de ganar".

Sin embargo, la agresiva puesta en escena no logró ocultar el momento de debilidad que atraviesa la Casa Blanca. El discurso llega con la popularidad del presidente en niveles mínimos y con la creciente sensación de que Trump empieza a actuar como un "pato cojo", incapaz de controlar a un Congreso que ya ha bloqueado la financiación de agencias clave. Lejos de tender puentes para reconciliar a una nación fracturada, el mandatario optó por la confrontación directa, centrando sus ataques en la oposición, las políticas de igualdad y la inmigración.

Uno de los momentos más tensos ocurrió cuando Trump instó a los legisladores a ponerse en pie si coincidían en que el primer deber del gobierno es proteger a los ciudadanos estadounidenses antes que a los "inmigrantes ilegales". La escena, que dejó a la mitad del hemiciclo sentada entre abucheos y gestos de desaprobación, fue una maniobra calculada para alimentar los futuros anuncios de campaña republicanos. Entre la expulsión de congresistas críticos y el desfile de víctimas de crímenes, el presidente cerró apelando al próximo 250º aniversario de la nación. Aunque Trump concluyó afirmando que el estado de la Unión es "fuerte", el evento evidenció que el país sigue profundamente dividido y que la polarización en Washington es ya casi irreversible.