Entre los diplomáticos europeos establecidos en Bruselas, los líderes de las instituciones comunitarias e incluso en las conversaciones que los presidentes y primeros ministros tienen en sus visitas a la capital comunitaria hay una cuestión que cada vez surge de manera más recurrente y con más fuerza: la salud mental de Donald Trump.
EL MUNDO ya publicó la pasada semana que en el ámbito diplomático se estaba extendiendo la sensación de que el presidente de Estados Unidos "se ha vuelto loco". Sus ansias expansionistas, su intención de hacerse con Groenlandia a toda costa y las amenazas a los países que habían enviado tropas a la isla del Reino de Dinamarca desataron los primeros comentarios. "Ha traspasado una línea", incidían fuentes diplomáticas.
A esto hay que sumar que, según publicó ayer Politico, una de las referencias informativas de la burbuja, el primer ministro de Eslovaquia, Robert Fico, trasladó a un grupo de líderes europeos su preocupación por el "estado psicológico" de Trump. Y que utilizó el término "peligroso" para referirse a la situación del magnate.
Diferentes fuentes diplomáticas confirman a este periódico que, efectivamente, hubo conversaciones en ese sentido durante la reunión de líderes del pasado jueves. Y añaden que las dudas y recelos sobre la salud mental de Trump se han multiplicado en los últimos días. "Escuchas algunos de los discursos últimamente y... No es descabellado pensar en esa línea", explican desde un país del norte. "Davos fue un ejemplo: divagó, fue irrespetuoso e insultó. No estuvo para nada al nivel", añaden desde otro.
Todo esto se podría entender como una forma de defensa de Europa, de decir que Trump no está en sus cabales y desdeñar sus palabras. Pero el hecho de que haya sido el propio Fico el que hablase de este tema en el Consejo, remarcan también desde el ámbito diplomático, despeja esa posibilidad. Porque el primer ministro de Eslovaquia es uno de los líderes europeos más cercanos a Trump. Un "aliado", resumen fuentes diplomáticas.
Lo que en la burbuja de Bruselas también se tiene claro es que, más cuerdo o más loco, Trump va a continuar con la misma dinámica. Sólo ha pasado un año desde que volvió a la Casa Blanca y el ritmo ha sido frenético, y eso es lo que en la capital comunitaria estiman que seguirá ocurriendo en los próximos tres años. "Después de Venezuela o Groenlandia van a venir más cosas, no hay duda. Y además no hay nadie en su equipo que le contradiga o que le diga que algunas de sus ideas no son las mejores. Él quiere pasar a la historia como uno de los presidentes más importantes de la historia de EEUU", exponen en la capital comunitaria.
En el caso concreto de la isla del Reino de Dinamarca, sigue siendo muy incierto lo que ocurrirá en las próximas semanas. Nadie ha confirmado la vía Chipre, que supondría que las bases estadounidenses en Groenlandia pasarían a ser territorio soberano, tal como Reino Unido hizo en el país mediterráneo. Esta posibilidad sonó con fuerza tras la reunión en Davos entre Trump y el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, y desde Dinamarca se limitan a señalar que es hora de diplomacia y conversaciones.
Pero lo que parece claro es que el magnate no se conformará con poco y Rutte va a empujar para que se quede contento. Porque el ex primer ministro de Países Bajos no considera que Trump haya perdido la cabeza, o al menos sus declaraciones no dejan entrever precisamente eso. Esta misma semana, en el Parlamento Europeo, volvió a hacerlo, y añadió que Europa sigue dependiendo totalmente de EEUU. Y las intervenciones del secretario general están empezando a molestar un poco en algunas capitales.

