Bart de Wever se había dado 50 días, hasta Navidad, para cerrar el acuerdo presupuestario multianual y salvar a Bélgica del caos. O de un caos mayor, al menos. Pero el primer ministro belga, de extrema derecha e independentista flamenco, ha logrado cerrar el acuerdo mucho más rápido de lo que se esperaba, y justo antes de que este lunes el país comience tres días de huelga como protesta a medidas de recorte aplicadas sobre el sistema de pensiones.
El pacto negociado durante la noche del domingo al lunes y anunciado a primera hora de esta mañana incluye un notable recorte de 9.200 millones de euros hasta 2029. Los datos de déficit de Bélgica están entre los peores de las UE, según las previsiones que Bruselas publicó la semana pasada. Y este recorte era necesario para ajustar esa desviación presupuestaria, que este año se irá hasta el 4,5% del Producto Interior Bruto (PIB) mientras que la deuda rozará el 105%. Una situación "desastrosa", según ha apuntado el propio De Wever en más de una ocasión.
Entre las medidas acordadas destacan la modificación en el IVA, con productos que pasan del tipo del 12% al 21%. También habrá un incremento directo sobre el impuesto del gas, que se compensará parcialmente con una rebaja en la electricidad, así como subidas en los gravámenes para hoteles y alojamientos turísticos.
Se producirán asimismo subidas impositivas en el ámbito financiero y modificaciones en las indexaciones para los sueldos que superan los 4.000 euros. Porque sí, en Bélgica los salarios suben automáticamente para proteger el poder adquisitivo de los trabajadores, algo que en España puede sonar a ciencia ficción.
Y todo esto, justo antes de que el país comience un periodo de tres días de huelga general. Según informan los medios del país, este lunes la comenzará el transporte público, lo que afectará de manera importante a trenes y autobuses. Mañana martes los colegios y los hospitales se sumarán al paro, y el miércoles se prevé una huelga general total. La situación puede ser tan compleja que ningún vuelo despegará del aeropuerto de Bruselas, el principal del país, ni de Charleroi, el secundario de la capital.
La sexta economía de la UE, por lo tanto, se adentra en una etapa de ajustes y con el descontento social en aumento. Los paros y huelgas son comunes en los últimos años, pero la movilización de esta semana amenaza con ser muy relevante. El acuerdo es también muy relevante para la propia Unión Europea: Bruselas acoge la sede de Euroclear, compañía en la que se acumulan los hasta 185.000 millones en activos rusos que el Ejecutivo comunitario quiere utilizar para dar un préstamo de reconstrucción a Ucrania.
De Wever siempre se ha negado y las negociaciones con él están siendo muy intensas en esta cuestión. La posible renuncia del primer ministro hubiese cambiado totalmente la situación, dejando a Bruselas con un interlocutor en funciones para intentar cerrar una cuestión fundamental. Aunque esto, siendo Bélgica, no se sabe si hubiese sido bueno o malo.

