INTERNACIONAL
Europa en guerra

Vida y muerte en la zona de aniquilación

El frente de Ucrania se diluye en una gran zona gris en la que los soldados ocupan sus posiciones durante meses sin rotación posible

Interior de un blindado M113 con tripulación ucraniana.
Interior de un blindado M113 con tripulación ucraniana.
Actualizado

Vasil, sargento mayor de la Brigada 153, nos resume un día corriente en su vida actual: "Tenemos que aprender a leer nuestro entorno. Si no sabes qué aspecto tienen las minas, pisarás una. Si llega la noche y no has encontrado un agujero donde meterte, los drones detectarán tu calor corporal y morirás. Si no escuchas llegar a los enemigos infiltrados, atacarán tu posición y morirás. Si no llevas máscara antigás, los rusos lanzarán sus gases venenosos al refugio y morirás. Si no tienes nada que comer y nada que beber y no pueden abastecerte por el aire, también morirás".

Le pido que nos ponga un ejemplo: Vasil muestra lo que parece una piedra con cierta forma esférica y textura natural, casi imperceptible en cualquier camino. Un segundo después, la abre en dos y descubre que dentro se esconde un percutor y espacio para el explosivo. "Este tipo de minas no las habíamos visto antes. Las dejan en el suelo con drones y se unen al enorme catálogo de cosas que te pueden matar", dice. Este ingenio no te quita la vida de golpe, pero te revienta el pie, igual que las llamadas minas mariposa. Si no cortas la hemorragia con un torniquete, te desangras. Si no te sacan de allí en un par de horas a un hospital (algo casi imposible), te quedas sin pierna. Si no pueden hacerlo durante varios días, date por jodido. Estas son las reglas.

Un soldado del batallón 107 fue evacuado con una gran herida en la pierna días muchos después de que la metralla lo desgarrara. Los médicos, al cortar la tela de su pantalón, tuvieron que quitarle con unas pinzas, uno a uno, los gusanos que le habían colonizado la carne.

Los soldados llaman a este territorio "kill zone" o "zona de aniquilación". No es un campo de batalla clásico, con un frente en el que dos ejércitos chocan, sino un paisaje indefinido de muchos kilómetros a ambos lados: cráteres, bosques arrasados, enjambres de drones en busca de presas, cadáveres sin recuperar y algún herido gritando en busca de ayuda. Se trata de ese espacio entre las líneas de contacto, donde la vida y la muerte se deciden en segundos. Es un territorio liminal: un umbral físico entre lo ocupado y lo libre, lo visible y lo invisible, donde el Estado y la ley quedan suspendidos entre el barro, los blindados reventados y los muertos boca arriba.

Nuevos combatientes

En este campo de batalla, los soldados más condecorados de las guerras de Irak o Afganistán, expertos en lucha urbana, morirían en minutos, eliminados por un gamer de 23 años con sobrepeso o una estudiante universitariaque no ha disparado un arma en su vida.

En ese nuevo territorio, que comprende unos 20 kilómetros de ancho, teniendo en cuenta el rango de 10 kilómetros de los drones FPV, uno se mueve a la antigua, con mapa y brújula. Los GPS han dejado de funcionar por la guerra electrónica, que es cada vez más intensa, y pueden situarte en algún lugar que te confunda o llevarte por una carretera que acaba en las posiciones enemigas. Si vas caminando, hay drones que localizan la señal de tu móvil, así que hay que hacerlo en modo avión y sólo conectarse al WiFi que proporciona la antena de Starlink cuando se alcance el refugio. Si tienes un reloj inteligente con acceso a internet, déjalo en la base porque también te pueden rastrear con él. Por eso aquí casi todos llevan uno de la marca Casio.

Un soldado ucraniano, con su equipo de combate.
Un soldado ucraniano, con su equipo de combate.

Tenemos delante a Maxim, Valery y Bogdan, piloto de dron nocturno, armero militar y piloto de dron Mavic, o sea el observador. Ellos tres hacen equipo en la zona de aniquilación con uno de los instrumentos de guerra más temidos (y aún no copiados) por los rusos. Aunque su nombre es Vampire, aquí lo llaman "Baba Yaga", o sea, "bruja". Lo tienen en la parte trasera de una pick-up y deben bajarlo entre dos. Se trata de un diseño de dron agrícola transformado en un bombardero nocturno capaz de portar cuatro proyectiles que carga Valery en la panza de la gran araña negra. "Puedo ver a los rusos huyendo de pánico cuando alguien descubre nuestra presencia. Es un dron de una precisión terrible, que vuela de noche y que podemos usar incluso para llevar alimentos y agua a nuestros compañeros, porque soporta 40 kilos de peso", cuenta Maxim.

Humor negro

Todos ellos deben entrar en la kill zone para hacer volar su dron, con lo que están sometidos a la misma carga de miedo y peligros que el resto. "Esto ya es como un trabajo. Estamos acostumbrados, pero estamos deseando que esto termine. No podemos permitirnos entrar en depresión. Para ello nuestra mejor arma es el sentido del humor. Las bromas se suceden durante todo el día y nos permiten continuar para no quebrarnos", dice Bogdan, que lleva un año combatiendo. "También hay drones terrestres para hacer estas entregas logísticas y cada vez se utilizarán más", nos dice Maxim. Cuando dejamos su posición, nos cruzamos con uno que va cargado de bolsas, avanzando por un camino embarrado. Su cámara nos ve, porque se gira hacia nosotros, pero sigue adelante.

Maxim y Valery preparan su dron Vampire para volar.
Maxim y Valery preparan su dron Vampire para volar.

El caso que mejor ejemplifica la vida y la muerte en esa zona de aniquilación es el de dos hombres. Aprovechando una niebla densa, salieron de sus posiciones de combate el sargento Olexander Tishaiev y el soldado Olexander Aliksyenko, del Batallón 138 de Ucrania, tras 165 días de lucha (cinco meses y medio en un agujero). Caminaron 12 kilómetros hasta Orijiv el 28 de octubre ante la sorpresa de sus propios compañeros. Fueron recibidos como héroes: llevaban barbas de náufrago, pelo desgreñado, ojos enrojecidos, uñas negras, uniforme acartonado y heridas mal curadas por todo el cuerpo. Ellos aún tenían fuerzas para sonreír. Días después, Zelenski los condecoró con la Cruz del Mérito Militar. Sus compañeros ya se habían despedido de ellos por radio, porque pensaban que jamás volverían a verlos.

El caso de Aliksyenko y Tishaiev ejemplifica la nueva guerra a la que se enfrentan los humanos, no ya en inferioridad con un enemigo superior, sino contra máquinas cada vez más poderosas y autónomas.

Interior de un blindado M113 con tripulación ucraniana.
Interior de un blindado M113 con tripulación ucraniana.

La referencia más cercana de este tipo de guerra, con posiciones ocupadas a veces rodeadas de enemigos, a su vez circundados también, quizá haya que buscarla en los "zanry nipponhei", o sea, en los soldados japoneses que siguieron combatiendo en islas del Pacífico incluso después de que la Segunda Guerra Mundial hubiera terminado.

Sin tanques

Estamos, posiblemente, en el momento de la guerra más mortífero desde 2022. Las bajas diarias superan algunas jornadas los 1.000 muertos, heridos y desaparecidos. Ya no se usan blindados, no sólo porque la mayoría han sido destruidos, sino porque son vulnerables y, en la mayoría de los casos, inútiles. Todos los carros de combate están en la retaguardia, esperando que un milagro los devuelva al momento en el que eran decisivos. "A nuestros tanquistas ya los usamos como infantería", reconoce el sargento Vasil, añorando los tiempos en los que eran el puño que hacía avanzar a los ejércitos hacia la victoria.

Dron Vampire o Baba Yaga, el más temido por los rusos.
Dron Vampire o Baba Yaga, el más temido por los rusos.

"¿Habéis visto los perros esos robóticos?", pregunta Maxim. "Pronto los veremos aquí. Algunos dispararán balas, otros llevarán un lanzallamas y algunos incluso entrarán en las trincheras enemigas y se harán explotar", dice cuando le preguntamos qué guerra espera el año que viene. Algunas fuentes nos confirman que están entrenando drones con inteligencia artificial para funcionar de forma autónoma, ya sin humanos, para que patrullen una determinada zona del campo de batalla y respondan ellos solos a la presencia de humanos. La IA tiene que ayudarlos a distinguir un soldado ruso de un perro o una vaca. Más difícil será que distingan a un militar ruso de un ucraniano, y más teniendo en cuenta que ambos ejércitos usan ahora el mismo tipo de uniforme, y que desde las alturas resulta imposible saber si un soldado pertenece a uno u otro bando.

Con los actuales avances, y con drones controlados con cable de fibra óptica de hasta 60 kilómetros de rango, casi toda la región de Donetsk se convertirá pronto en una zona de aniquilación. Estos aparatos, fabricados al por mayor, a veces impresos cerca del frente con impresoras 3D, son cada vez más baratos y a la vez más letales.

En estos últimos meses, la aparición del grupo ruso Rubicón, que ahora combate cerca de Pokrovsk, ha nivelado las tornas. Si Ucrania mantenía ventaja en este tipo de guerra, ahora Moscú ha equilibrado la balanza. "Se trata de buenos pilotos, muchos de ellos civiles, que atacan no sólo nuestras posiciones, sino nuestra logística. Es lo que hacíamos nosotros antes, y ahora lo hacen ellos contra nosotros", cuenta Max, un jovencísimo piloto de drones que se enfrenta cara a cara con los operadores de Rubicón.

Max nos enseña su gran trofeo: un AK-12, es decir, la versión más moderna del viejo Kalashnikov, arrebatada a un soldado ruso al que mató. "Ahora estamos en una fase decisiva. Tenemos que aguantar hasta el año que viene. Rusia colapsará".