INTERNACIONAL
Europa en guerra

El Gran Hermano de la guerra: EL MUNDO vive la batalla de Pokrovsk en tiempo real junto a los Peaky Blinders, una de las unidades que combaten a los rusos

Los drones kamikazes buscan los objetivos como un depredador y los pilotos compiten entre ellos para ver quién mata a más rusos

Abogado, sargento mayor de los Peaky Blinders, a los mandos del puesto de coordinación de la unidad, a pocos kilómetros de Pokrovsk.
Abogado, sargento mayor de los Peaky Blinders, a los mandos del puesto de coordinación de la unidad, a pocos kilómetros de Pokrovsk.ALBERTO ROJAS
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Una figura solitaria aparece en uno de sus monitores, caminando a ritmo de paseo junto a una línea de árboles, en plena mañana gris, avanzando hacia la destruida ciudad de Pokrovsk. En su ruta deja atrás cadáveres de compañeros que cayeron antes que él y a los que ni siquiera quiere mirar. La resolución del dron es tan precisa que podemos ver su expresión, la mochila cargada de víveres, el arma a la espalda, sus botas llenas de barro, sin que él sienta aún que le estamos observando. Si no supiéramos que es la nueva estrategia del Kremlin, enviar a sus militares uno a uno para infiltrarse en las líneas ucranianas, diríamos que el tipo se ha vuelto loco.

Estamos en una construcción rural destinada hasta hace unas semanas a guardar herramientas de labranza. Tenemos delante un muro de pantallas, aparatos de comunicación, cascos, chalecos antibala, armas capturadas a los rusos, cajas de munición y un termo de café. A los mandos de ese Halcón Milenario de la guerra se sienta un antiguo abogado -de ahí su nombre de guerra- que ahora ejerce como ángel de la muerte, o sea, como coordinador de los equipos de drones que participan en la batalla de Pokrovsk, cuyo olor a ciudad quemada podemos paladear. Las normas son las de siempre: modo avión en el teléfono y prohibido fotografiar las pantallas.

Nos reciben en una aldea cercana al frente, desértica y semidestruida, los Gostry Kartuzy, o traducido, los Peaky Blinders, una de las unidades de drones más célebres (y letales) de la guerra de Ucrania. Todos sus miembros visten sus gorras planas al estilo de los hermanos Shelby, pero con tela de camuflaje multicam. "No podéis fotografiar las pantallas, porque delatarían nuestra posición", dice Olexander Spitsyn, de nombre de guerra Zaliznyak, líder de esta extraña band of brothers compuesta sólo por un grupo de viejos amigos de Járkiv y fundada por su hermano Anton, muerto en combate.

Pero ahora toda la atención de la sala y del resto de posiciones se centra en ese soldado que avanza solo. "Es una rutina para ellos. Tratan de infiltrar a su gente todo el tiempo", dice Abogado. "Ya hemos liquidado a unos cuantos en esta ruta, pero los siguen enviando por el mismo sitio", añade, mientras contacta con sus unidades en las cercanías de ese soldado usando la batería habitual de tacos irreproducibles y jerga militar. "Tenemos un pidar [maricón, insulto habitual para denominar a los rusos] caminando hacia el foso antitanque. ¿Quién se encarga de él?".

En pocos segundos uno de ellos contesta y, en otra pantalla a su derecha, uno de los operadores nos muestra la imagen en primera persona del ataque, en tiempo real. El dron kamikaze busca su objetivo como un depredador. La radio crepita con mensajes nerviosos. "¡Lo veo!", grita alguien al otro lado de la línea. Cuando detectamos al soldado ruso ante el dron, él escucha el siniestro silbido de las hélices que le persigue. Entonces distinguimos su cara de pánico, con los ojos bien abiertos. Intenta correr hacia los árboles para esconderse. El dron le persigue, pero pega en una rama y estalla.

El soldado ruso se ha salvado por ahora, pero de nuevo el dron espía lo detecta en las alturas. Ahora más aparatos se unen a la cacería. El tipo corre con todas sus fuerzas, mira arriba desesperado y vuelve a huir. Podemos ver su cara, cómo respira con dificultad, cómo trata de esconderse. "Lánzale una granada", ordena Abogado a otro operador. El ruso vuelve a moverse mientras el explosivo cae y estalla a unos metros de él. La presa ahora permanece quieta. "¿Está muerto?", pregunta el operador desde su posición. "Voy a ver por visión termal", dice Abogado. Entonces, la pantalla pasa de color a monocromo.

Testigo directo desde Ucrania: así actúa una de las unidades que combaten a Rusia con dronesALBERTO ROJAS (Vídeo y foto)

El hombre, bajo un árbol, emite una huella blanca de calor entre el gris del bosque. "Está vivo, pero se está haciendo el muerto. Remátalo". Una segunda granada cae y esta no falla. Tanto Abogado como Zaliznyak gritan al unísono como los madridistas celebran un gol de Mbappé. "¡Davaiblyat!" ("¡Vamos, joder!"). Abogado ve nuestra cara de asombro, entre fascinados y aterrorizados, porque es la quinta muerte que presenciamos en tiempo real sólo en una hora y sólo en una pequeña fracción del frente, lleno de cadáveres boca arriba. "Estos ya no bailarán más", dice encogiéndose de hombros para zanjar el asunto, como el funcionario que liquida a tiempo los asuntos del día.

- ¿Esta táctica les funciona a los rusos?

- A ellos les da igual el número de muertos porque ellos envían soldados mañana, tarde y noche, a veces por zonas de aniquilación bien vigiladas. A la mayoría los localizamos y los matamos rápido. Muy pocos consiguen llegar, pero al final consolidan posiciones.

No podemos seguir con la conversación porque uno de los recuadros del Gran Hermano de la guerra que tenemos delante se ha iluminado de rojo, lo que significa que, de nuevo, algo se está moviendo. Otro militar ruso trata de infiltrarse, este junto a un lago. Los abejorros zumban hacia el objetivo, que trata de esconderse en un agujero donde, atención, ¡hay otro ruso escondido de un intento anterior! Ambos intentan correr cuando son detectados. "¡Dos pidars! Ahora hay drones de varias unidades aquí", cuenta nervioso Abogado, que moviliza a los suyos por radio para que no dejen escapar a la presa.

Los dos hombres corren enloquecidos de un lado al otro, sin árboles para taparse, y acaban de nuevo en el mismo agujero sin salida. Cae una granada, no les da. Cae otra, tampoco... pero la tercera, de un piloto de drones de los Peaky Blinders, los tumba a ambos. Cuando se disipa el humo, se aprecian los dos cuerpos inertes. De nuevo, estallido de alegría en las líneas de comunicación. "Les hemos quitado los puntos a los Pájaros de Madyar y a Aquiles, dos de las unidades que compiten con nosotros", comenta orgulloso Zaliznyak. Se refiere a la gamificación de la guerra y a esa especie de clasificación en la que los pilotos de drones ucranianos compiten entre ellos por hacerse con el mejor material proporcionado por el Ministerio de Tecnología de Mijailo Fedorov. Cada ruso que matan son 12 puntos. Los que más puntos consiguen reciben los drones más modernos. Sólo en septiembre han eliminado a 18.000 invasores registrados en vídeo gracias a esta competición.

Abogado, con la taza de café que él mismo prepara.
Abogado, con la taza de café que él mismo prepara.A.R.

- ¿Qué les pasaría si intentan rendirse antes de viajar a la muerte de esa manera?

- Desde que estamos aquí, y llevamos meses, ninguno lo ha intentado. Sabemos por nuestra Inteligencia que una vez que salen ya no pueden volverse atrás. Si lo intentan, los suyos los fusilan al instante, igual que en la época de Stalin.

- ¿Qué nos puedes decir de los soldados rusos a los que combatís?

- Son soldados fuertes. Te puedo enseñar un vídeo en el que uno de nuestros drones le arranca la pierna a un ruso; él se pone un torniquete y trata de derribar nuestro dron. Minutos después muere desangrado.

Después de asistir a una buena sesión de pornografía bélica, los Peaky Blinders nos ofrecen un café que te lo firma el mejor barista de Nápoles junto a una chimenea bien abastecida de leña y una cachimba que rula entre los presentes. La conversación gira en torno al acto de matar, cosa que aquí se hace con largueza. Todo se resume en el lex talionis, o la ley del Talión: ojo por ojo, sin arrepentimiento ni clemencia posible. Abogado se explica:

- ¿No creéis que esos soldados rusos que mandan a morir son, a la vez, víctimas y verdugos?

- No, porque nadie les ha invitado a venir. La mayoría son voluntarios que se han enrolado por dinero para matar ucranianos y saquearlo todo.

- ¿Qué culpa tiene la propaganda que consumen en su comportamiento aquí?

- No es sólo la propaganda. El ciudadano ruso siempre será agresivo con Ucrania porque el imperialismo y el fascismo ruso va más allá de Putin. Es algo histórico.

Los tres jefes de la unidad Peaky Blinders.
Los tres jefes de la unidad Peaky Blinders.A.R.

Las tazas de café se rellenan varias veces mientras el sol desciende y una luz dorada se filtra por las ventanas entre el humo aromático de la cachimba. La extraña paz de ese salón, en el que se comparte una conversación tranquila sobre la guerra y sus consecuencias, contrasta con las detonaciones de artillería que se escuchan en el exterior y que hacen vibrar los cristales.

Por un momento, los presentes recuerdan en silencio a los compañeros que, en ese instante, luchan por su vida a unos kilómetros de allí, en algún lugar de las ruinas de Pokrovsk y Myrnograd, las dos ciudades que Rusia intenta capturar desde hace más de un año para antes del 15 de noviembre, la fecha límite marcada por Putin a sus generales. La diferencia de recursos humanos entre ambos ejércitos hace que la pregunta no sea si lograrán conquistarla, sino cuándo y a qué precio.

"Tenéis que iros ya. Por la noche los pidars sacan los drones con visión nocturna y atacan a los coches", dice Zaliznyak. Sabemos que no miente, porque alrededor vemos varios vehículos reventados, incluyendo un viejo Lada de algún agricultor. En el camino de vuelta, a toda velocidad por caminos infames y mirando al cielo, recibimos otro mensaje de otro operador de drones con cientos de fallecidos confirmados en su cuenta. "Yo no soy un asesino en serie pero, ¿por qué marchan ellos hacia su muerte?".