INTERNACIONAL
Guerra en Europa

Ucrania, en su cuarto invierno de guerra: cinco escenarios para el fin del conflicto

Aún no se vislumbra una paz en el horizonte, tras el juego de adulación que Putin ha puesto en marcha ante los intentos apaciguadores de Trump

Homenaje a los muertos por la invasión rusa en los jardines de la plaza Maidan, en el centro de Kiev.
Homenaje a los muertos por la invasión rusa en los jardines de la plaza Maidan, en el centro de Kiev.ALBERTO ROJAS
Actualizado

La Operación Militar Especial del régimen de Vladimir Putin dura ya 1.331 días y se acerca a la liga de los conflictos más largos de la historia contemporánea, muy cerca ya de la Primera Guerra Mundial, con 1.567 días, y superando a la Guerra de Corea (1.129 días), la guerra greco-turca (1.246 días) y nuestra Guerra Civil española (988 días). Eso, sin contar con la guerra del Donbás, que comenzó en 2014.

Hasta el momento hemos vivido varias fases: los primeros días de invasión, en los que parecía que Rusia ocuparía el país con rapidez y tumbaría al Gobierno de Zelenski, la resistencia ucraniana, que terminó con ese objetivo ruso y venció a las tropas invasoras en Kiev, Járkiv y Jersón, la fallida contraofensiva ucraniana de 2023, la toma de Avdivka por Rusia en 2024 y la irrupción de la guerra drónica, con un atascamiento del frente en 2025.

Los dos ejércitos están hoy agotados por casi cuatro años de guerra sangrienta y de desgaste, pero no se vislumbra una paz en el horizonte, tras el juego de adulación que Putin ha puesto en marcha ante los intentos apaciguadores de Donald Trump, que parece al fin haberse dado cuenta de que el autócrata ruso sólo quiere ganar tiempo y sacarlo de la ecuación ucraniana. Pero el último mensaje de Trump a Putin pone al fin la responsabilidad de la carnicería en el carnicero: "Deja de matar ucranianos y deja de matar rusos". Llegados a este punto, con el cuarto invierno de la guerra llamando a la puerta, se distinguen estos cinco escenarios para este conflicto:

1. Donald Trump fuerza una paz precaria

Tras el alto el fuego y la puesta en marcha de su plan de paz en Gaza, Trump ya le ha pedido a Steve Witkoff, su principal negociador, que se centre en detener la guerra de Ucrania, aunque el enfoque esta vez ha cambiado. Pete Hegseth, secretario de Guerra, declaró el pasado miércoles: "Si no hay un camino hacia la paz en el corto plazo, entonces Estados Unidos, junto con nuestros aliados, tomará las medidas necesarias para imponerle costos a Rusia por su continua agresión".

Es cierto que aún no se ha tomado ninguna medida directa contra Moscú por su negativa a negociar con Zelenski, pero ahora la Casa Blanca, motivada a imponer "la paz por la fuerza", ha identificado a Putin como el único obstáculo para que ese alto el fuego llegue. Si consiguen someter su voluntad, esa tregua precaria podría no consolidarse por la falta de garantías de seguridad y el objetivo ruso, nada disimulado, de acabar con la soberanía de Ucrania y ponerla bajo el control del Kremlin con un gobierno afín a sus intereses.

Algunos analistas plantean mecanismos reales por los que Trump podría aumentar la presión sobre Putin (sanciones secundarias, presionar a los compradores de petróleo ruso o suministrar capacidades de largo alcance a Ucrania). Pero la probabilidad práctica de que pueda "obligar" a Putin a negociar una paz duradera es baja en el corto plazo, porque para el régimen de Putin (no para Rusia), la guerra en Ucrania es "existencial" y seguirá combatiendo al precio que sea. "Las negociaciones se han estancado mientras Rusia sigue exigiendo amplias concesiones", dice el centro Carnegie. "Las negociaciones no pueden poner fin a la guerra rusa contra Ucrania; sólo pueden pausarla", publica el Instituto para el Estudio de la Guerra.

2. La guerra escala y se contagia a alguno de los socios de la OTAN fronterizos con Rusia

Aunque las provocaciones rusas se han limitado de momento a violaciones del espacio aéreo con cazabombarderos o drones y a operaciones de zona gris, como sabotajes y hackeos, es evidente que Moscú está escalando en su guerra híbrida contra Europa y que está jugando con fuego, porque un error de cálculo en cualquiera de esas misiones puede resultar catastrófico. Son varios servicios secretos europeos los que han advertido (el de Alemania fue el último) de que Rusia prepara una provocación contra algún país de la OTAN, especialmente contra los más vulnerables: las tres repúblicas bálticas.

Rusia quiere saber la verdadera implicación de la Alianza y la validez de su artículo 5, pero cualquier invasión terrestre, por pequeña que sea, puede tener consecuencias graves para la seguridad del continente. Radoslaw Sikorski, ministro polaco de Exteriores, afirmó que "Rusia podría atacar profundamente en Europa, por lo que sería irresponsable no preparar la defensa". "Los funcionarios del Kremlin siguen aplicando a los países bálticos las mismas narrativas que Rusia ha utilizado para justificar sus invasiones de antiguos estados soviéticos en las últimas tres décadas. Las narrativas del Kremlin sobre los 'compatriotas' rusos en los países bálticos y en el mundo ruso en general forman parte de los esfuerzos que el Kremlin ha realizado durante años para crear las condiciones que justifiquen una posible agresión rusa contra la OTAN en el futuro", escribe el Instituto de Estudio de la Guerra.

3. La guerra continúa en 2026 sin que fructifiquen los esfuerzos por detenerla

Es, de hecho, uno de los escenarios más plausibles, porque ni los ucranianos van a rendirse (algo que tras casi cuatro años van entendiendo en Moscú) ni Putin puede permitirse escapar de la guerra sin algo a lo que poder llamar victoria. Aunque ambos países están agotando sus recursos a buen ritmo, Europa de momento sostiene al Estado ucraniano y a su ejército, mientras que China mantiene la economía rusa con la compra de petróleo a buen precio y Corea del Norte abastece de munición a sus tropas. "Ucrania está planeando esta guerra para otros tres años, y eso es razonable", afirmó el ministro de Asuntos Exteriores polaco, Radoslaw Sikorski.

4. La economía rusa se degrada y Putin debe sentarse a negociar el final de la guerra

Por primera vez en lo que va de invasión, en el Kremlin existe una preocupación real sobre la rápida degradación de la economía de guerra rusa en los últimos meses y sus previsiones negativas para 2026. Desde 2022, Rusia ha sufrido un desgaste creciente: sus reservas líquidas han caído drásticamente (estimándose alrededor de 31.000 millones de dólares recientemente) y algunos analistas advierten que podría quedarse sin capacidad de cubrir déficits antes de finales de año. Según publica Reuters, los ingresos de exportación de petróleo y productos refinados están sufriendo caídas sostenidas: en septiembre de 2025, las ganancias por crudo y combustible descendieron aunque los volúmenes exportados alcanzaron máximos recientes, reflejo del daño a la capacidad de refinación interna por los ataques con drones de Ucrania.

El crecimiento económico se ha moderado bruscamente: el FMI recortó su previsión para 2025 a apenas 0,6%, frente al 4,3% de 2024. La inflación se mantiene alta (8-9%) y el Banco Central ha mantenido tasas de interés elevadas de más del 20%, complicando el crédito y la inversión privada. Los almacenes militares soviéticos se han vaciado casi por completo y las fábricas de armas ya están al límite de tres turnos al día. The Moscow Times publica que "Rusia enfrenta una economía estancada con presión creciente sobre sus finanzas públicas, lo que limita su margen para sostener la guerra a la intensidad actual más allá de 2026".

Aunque nadie espera un colapso repentino, cada vez más analistas pronostican una degradación paulatina que empobrecerá la vida de los rusos y pondrá fin a la capacidad de Moscú de mantener su agresión a Ucrania mucho más tiempo. La Segunda Guerra Mundial introdujo una nueva regla en la política mundial: los estados que inician guerras de agresión a la larga suelen caer derrotados.

5. El apoyo de los aliados se agota y Ucrania se ve obligada a ceder a las exigencias maximalistas de Rusia

Aunque es difícil que suceda por la presión de los socios más cercanos a las fronteras rusas, cada vez más amenazados, algunos cambios políticos hipotéticos en Europa hacia posturas alineadas con el húngaro Orban o los alemanes de AfD podrían provocar un cambio de rumbo y cerrar poco a poco el grifo de la ayuda a Ucrania.

Con la Administración Trump ya distanciada, el apoyo de Europa es hoy vital para el sostenimiento del Estado ucraniano y su ejército. Aunque la industria de la guerra local es cada vez más eficiente y avanzada, su supervivencia necesita de los fondos que llegan de Bruselas. Sin ellos, habiendo perdido población refugiada en favor de Europa y parte de su músculo industrial por los bombardeos, las posibilidades de mantener esta guerra de desgaste para Ucrania son mínimas.

Según el Servicio Europeo de Acción Exterior, la ayuda europea es hoy el ancla fiscal y militar que permite a Ucrania seguir funcionando y combatiendo: en lo civil, la Según Ukraine Facility garantiza financiación estable hasta 50.000 millones de euros para pagar salarios, pensiones y servicios esenciales y se complementa con otros paquetes macrofinancieros y préstamos de 45.000 millones de euros.

En lo militar, la UE ha canalizado decenas de miles de millones en apoyo a armamento y munición (vía European Peace Facility y programas asociados), ha formado a más de 80.000 militares ucranianos y respalda el esfuerzo de artillería mediante iniciativas como el plan checo de munición (millones de proyectiles comprometidos y 4.500 millones de dólares aportados por donantes). Todo ello, junto con planes para usar los activos rusos congelados, sostiene la resiliencia del Estado y del ejército ucranianos mientras la guerra continúa.