INTERNACIONAL
Europa en guerra

Putin dinamita los planes de paz de Trump con su peor ataque a Kiev

El ejército ruso lanza un 'blitz' sobre la capital ucraniana con misiles balísticos y centenares de drones, dejando 19 muertos y situando en el blanco "deliberadamente" a la delegación de la UE

Ataque masivo de Rusia con misiles y drones sobre Kiev deja varios menores muertos.E.M
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El ejército ruso no consiguió alcanzar ningún blanco militar en la ciudad de Kiev, pero sí logró sus objetivos: administrar otra venenosa dosis de terror sobre la población civil. Y son cada vez mayores. Vladimir Putin, que dirige la guerra personalmente, lanzó este jueves un blitz sangriento sobre la capital de Ucrania, el peor que se recuerda. Cuando el humo de los misiles se disipó, los servicios de rescate contaron 19 muertos, cuatro de ellos niños, y decenas de heridos.

Un enjambre de 563 drones Shahed, cinco misiles de crucero X-47, siete misiles balísticos Iskander y KN23, procedentes de Corea del Norte, y 18 proyectiles X-101 surcaron los cielos de Ucrania desde territorio ruso. Aunque muchos fueron derribados en vuelo, 629 blancos aéreos son demasiados para cualquier sistema antiaéreo, una estrategia de saturación de las defensas que tiene por desgracia cierto sentido. Ahora Moscú fabrica 500 drones Shahed cada 24 horas. El objetivo de Moscú es facturar 1.000 a finales de año, para que los ataques sean cada vez más mortíferos. Es un arma barata (20.000 euros) pero letal, que emite un sonido de motor que se escucha en toda la ciudad y que provoca el terror psicológico en la gente que trata de dormir.

"Rusia prefiere la balística a la mesa de negociaciones. Elige seguir matando en lugar de poner fin a la guerra. Y definitivamente es hora de imponer nuevas y duras sanciones contra Rusia por todo lo que está haciendo", clamó el presidente ucraniano Volodimir Zelenski. El alcalde de Kiev, el ex campeón del mundo de boxeo Vitali Klitschkó, aseguró que hubo unos 50 heridos, de los que 40 fueron hospitalizados. Los ataques dañaron edificios de viviendas en varios distritos de la capital, además de un centro comercial, una guardería, así como las oficinas del periódico Ukrainska Pravda. También alcanzaron con un dron Shahed un tren de pasajeros que cubría la ruta Kiev-Járkiv.

El ataque también iba destinado "deliberadamente" contra la delegación de la Unión Europea en Kiev, según denunció el presidente del Consejo Europeo, António Costa, que se declaró "horrorizado" ante la nueva oleada de atentados y aseguró que "la UE no se intimidará. La agresión rusa sólo refuerza nuestra resolución por estar del lado de Ucrania y su gente". El edificio de la UE quedó reventado por el impacto de un misil. Rusia tiene muchos misiles de la era soviética con muy baja precisión, pero no es el caso del Iskander. Si cayó junto a ese edificio diplomático, es que ese era el objetivo.

"Terror y barbarie", declaró Macron. Ursula von der Leyen escribió en su perfil de X: "Putin debe sentarse a la mesa de negociaciones. Debemos garantizar una paz justa y duradera para Ucrania con garantías de seguridad firmes y creíbles que conviertan al país en un puercoespín de acero. Europa desempeñará plenamente su papel". Gabrielius Landsbergis, ex ministro de Exteriores de Lituania, fue muy crítico con esta postura: "Putin sonreirá al ver los anuncios de la UE que enfatizan las negociaciones. Lo interpretará como nuestro abandono definitivo del objetivo de la victoria en el campo de batalla para Ucrania. Deberíamos decirles a los terroristas que ganaron. Esto no es sólo preocupante, sino devastador".

Durante el ataque nocturno, cazabombarderos de la OTAN despegaron y patrullaron los cielos en la cercana frontera con Polonia. El portavoz del Kremlin, Dimitri Peskov, aseguró, con su habitual cinismo: "Rusia está golpeando con éxito infraestructuras militares y relacionadas con lo militar. Al mismo tiempo, Rusia sigue interesada en continuar el proceso de negociación para lograr nuestros objetivos por medios políticos y diplomáticos".

Otros misiles cayeron en edificios residenciales, algo que sucede a diario. ¿Realmente es eficiente para Rusia usar misiles de millones de dólares en atacar objetivos sin valor estratégico? Debe serlo bajo su mentalidad de castigo, porque lo practican desde el inicio de la invasión. La táctica ucraniana, que ha puesto su objetivo en la economía de guerra de Rusia, destruye refinerías y fábricas de armas, pero Moscú ha puesto su punto de mira en los civiles.

Por su parte, Ucrania alcanzó dos refinerías más: la de Samara, a más de 1.000 kilómetros de Ucrania, y la de Afipsky, a 380 kilómetros, lo que agrava la crisis de carburante que ya empiezan a sufrir algunas regiones rusas. No hay sanción más efectiva que los drones Liuty de Ucrania.

Ante el batacazo de Putin en el frente, donde la ofensiva de verano ha fracasado de nuevo en la toma de sus objetivos de mínimos (Pokrovsk, Kupiansk, Konstiantinivka, Liman...), llega siempre la venganza a larga distancia. Es un patrón que se repite desde los primeros días de la invasión.

Pero algo sí ha cambiado en los últimos meses. Antes se responsabilizaba de la matanza a Moscú, pero ahora se mira también a la Casa Blanca. El movimiento de Trump ha blanqueado a un dirigente en busca y captura por crímenes de guerra en la Corte Penal Internacional. Con su actitud, dejándose masajear hábilmente por el autócrata, Trump ha conseguido que Rusia haya doblado el número de ataques nocturnos a las ciudades ucranianas de la era Biden, que Trump asegura que era el presidente débil.

Un análisis de ABC News señala que la intensidad de los ataques con drones de largo alcance de Rusia aumentó alrededor de un 44% durante la semana posterior a la victoria electoral de Trump. Según la ONU, los primeros cinco meses de 2025 registraron un aumento del 50% en víctimas civiles por ataques rusos sobre infraestructura respecto al mismo periodo del año anterior. En abril y mayo, los ataques dejaron cifras muy elevadas: 1.389 afectados (221 muertos) en abril y 1.019 (183 muertos) en mayo.

Putin, el hombre que quiere la paz, según dice el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sigue dando muestras tangibles de lo contrario. En Ucrania nadie confiaba en él, pero ahora ya tampoco Trump, empeñado en una negociación que rechaza cada semana, resulta creíble. El Kremlin tiene tomada la medida al rubio magnate, que parece engatusado por el autócrata ruso, del que presume en cada ocasión de tener una relación estrecha. Se vio en la alfombra roja de Alaska, donde Trump recibió a Putin con aplausos. Es el respaldo que necesita Putin para poner su alfombra roja de sangre sobre Ucrania.

Putin se siente impune con un apaciguador Trump, pero también con una Europa inoperante cuyo edificio en Kiev saltó por los aires. Todos los esfuerzos de sus líderes parecen funcionar durante unos días, cuando Trump amenaza a Rusia con sanciones. Pero basta que vuelva a hablar con el ruso por teléfono para volver al eterno ultimátum de dos semanas que jamás se cumple. Ya llevamos siete ultimátum sin respuesta.