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Giro total en Bolivia tras el hundimiento de la 'revolución indígena' de Evo Morales

El MAS se desploma tras dos décadas en el poder y la segunda vuelta enfrentará al centrista Rodrigo Paz y al conservador Jorge Quiroga el próximo 19 de octubre

Unas mujeres indígenas esperan para votar en un colegio electoral en Laja, departamento de La Paz,este domingo.
Unas mujeres indígenas esperan para votar en un colegio electoral en Laja, departamento de La Paz,este domingo.AFP
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Bolivia ha cambiado de forma radical gracias a la fuerza de los votos, imparables en esta ocasión. Los bolivianos decidieron desalojar a la revolución indígena de Evo Morales tras dos décadas en el Gobierno, hastiados de la crisis voraz que les consume y de la guerra fratricida que enfrenta a sus líderes, enloquecidos por el poder.

"Una larga noche de dos décadas terminó", anunció Jorge Tuto Quiroga, ex presidente conservador al frente de la Alianza Libre que se medirá en segunda vuelta con la gran sorpresa de las elecciones, el opositor centrista Rodrigo Paz Pereira.

Dos líderes moderados, un escenario también sorprendente en un continente donde los dirigentes revolucionarios y sus sucedáneos se han topado como principales rivales a populistas en sus antípodas ideológicas, el bloque que tiene a Donald Trump y al salvadoreño Nayib Bukele como modelos. El sida contra el cáncer, como lo bautizó en su día Mario Vargas Llosa, asustado por la polarización del escenario político.

Quiroga, principal contradictor de Evo durante la hegemonía del Movimiento al Socialismo (MAS), consiguió el 26,8% de los apoyos frente al 32,1% del abanderado del Partido Demócrata Cristiano (PDC).

Todos los resultados son provisionales, procedentes del llamado Sistema de Resultados Electorales Preliminares, mientras se completa el escrutinio definitivo. Pero cada papeleta que entra en el sistema ahonda el batacazo histórico de los revolucionarios, que apenas sobrepasaron el 10% de los votos al sumar lo alcanzado por el presidente del Senado, Andrónico Rodríguez (8,2%), y por el gubernamental Eduardo del Castillo (3,6%). En las elecciones de 2020, el presidente Luis Arce, entonces heredero político de Evo, obtuvo el 55% de los apoyos.

"Lo que queremos es la reconstrucción de la patria. Que la economía sea de la gente y no del Estado", especificó en su primer discurso Paz, enemigo acérrimo del estado tranca y que ha dado una nueva vuelta de tuerca al concepto de capitalismo para todos. Los dos candidatos ganadores saben que la mejor propuesta económica para salir de la crisis que ha colapsado el sistema con la falta de dólares y de combustible será la que triunfe en el balotaje (segunda vuelta) del 19 de octubre.

Además de su propuesta económica, Paz se guardaba una carta muy poderosa: su candidato a vicepresidente, el capitán de policía Edman Lara, un outsider que ha irrumpido en el hogar de los bolivianos a través de las redes sociales.

El poder legislativo salido de las urnas también es fiel reflejo de la hecatombe revolucionaria. Los resultados provisionales adelantan que el MAS y sus distintas versiones no obtendrán ningún escaño de senador y sólo seis congresistas, unas cifras apabullantes.

En la Cámara Alta se ha impuesto el PDC, apoyado en el tirón de su candidato, que contará con 15 senadores, frente a los 12 escaños del movimiento de Quiroga. En tercer lugar aparece la Alianza Unidad del gran derrotado de estas elecciones, el empresario Samuel Doria, que ha firmado su cuarto fracaso en las presidenciales, pese a mantenerse en cabeza de los sondeos durante muchas semanas.

El reparto existente en la actualidad desnuda el derrumbe del MAS. De los 36 senadores, el partido indigenista contaba con una mayoría de 21 escaños, pero la división entre evistas y arcistas repartió a los primeros 14 asientos y siete a los segundos, frente a los 15 de la oposición.

En la Cámara Baja la situación es muy parecida, con sólo cuatro diputados para el bloque capitaneado por Andrónico. El PDC también es el ganador, según el conteo provisional, con 51 diputados, seguido de cerca por los libres de Tuto, con 43 representantes.

Pese a la formidable paliza, Evo compareció para adjudicarse una supuesta victoria, otra sorpresa más en el día de las sorpresas. "Nuestra protesta se hizo sentir, logramos un resultado histórico", se congratuló el antiguo líder del MAS.

Según los resultados preliminares, el voto nulo se elevó hasta el 19% del escrutinio presidencial. En anteriores contiendas, rondaba el 4%. Morales también sumó voto en blanco, abstenciones y todo lo que pasaba por allí para proclamarse ganador, pese a que Doria, tercero en discordia, rozó el 20% de los apoyos. La suma de los cuatro abanderados de la oposición se disparó por encima del 85% de los apoyos, con Paz muy fuerte en la zona andina, en especial la capital, y Tuto como ganador en el bastión de Santa Cruz.

"Es un giro total después de 20 años de autocracia irresponsable", certificó Carlos Mesa, el último gran candidato opositor, que apuesta por la unidad de cara a la segunda vuelta.

Los resultados se vivieron con mayor o menor euforia en el sector opositor, mientras en el revolucionario se implantó una especie de duelo nacional, al margen de Evo. Algo parecido ocurrió también en la llamada Patria Grande, que agrupa a revolucionarios, izquierdistas y populistas del continente, la segunda marea rosa. Durante dos décadas, Bolivia se convirtió en un estandarte para este bloque, por su éxito económico inicial y por la apuesta identitaria.

Los lamentos llegaron desde distintos puntos de la Patria Grande ante lo que consideran un suicidio de las fuerzas populares. Todos los intentos para establecer una tregua entre Arce y Evo que diera oxígeno político a Andrónico saltaron por los aires. Ni José Luis Rodríguez Zapatero y Delcy Rodríguez, que acudieron a La Paz convertidos en cascos azules del Grupo de Puebla, ni la mediación personal de Nicolás Maduro, amigo personal y aliado estrecho de los dos jerarcas del MAS, consiguieron el objetivo.

De esta forma, el bloque izquierdista de la región ha perdido a uno de sus gobiernos más longevos, con la excepción de Cuba y Venezuela, cuando el rally electoral de los próximos meses, en Honduras y Chile, anticipa unas durísimas batallas en las urnas.