INTERNACIONAL
Guerra en Ucrania

Trump fracasa de nuevo con Putin: no habrá alto el fuego en Ucrania

El autócrata ruso vuelve a ganar tiempo ante el ultimátum del presidente de EEUU

Witkoff, recibido por Putin en el Kremlin, este miércoles.
Witkoff, recibido por Putin en el Kremlin, este miércoles.Efe
Actualizado

El negociador de Donald Trump, Steve Witkoff, se reunió este miércoles en Moscú para mantener una reunión clave: la que tenía que convencer al autócrata ruso Vladimir Putin de aceptar un alto el fuego total en Ucrania. Se trata de un objetivo que no ha conseguido desde que comenzó este esfuerzo negociador en enero y que parece cada día más lejano. Este encuentro se celebró antes de que terminara el plazo de su ultimátum, cuya rigidez parece ser, de nuevo con Putin, de algodón de azúcar.

Antes de la reunión se publicó un vídeo de Witkoff por el parque Zaryadye, en el centro de Moscú, acompañado de Kiril Dimitriev, director del Fondo de Inversión Directa de Rusia y uno de los negociadores de confianza de Putin. Después, el propio Putin le recibió en el Kremlin con menor efusividad que en anteriores ocasiones. «Mi Enviado Especial, Steve Witkoff, acaba de tener una reunión muy productiva con el presidente ruso, Vladimir Putin. ¡Se lograron grandes avances! Después, informé a algunos de nuestros aliados europeos», escribió después Trump, sin dar más detalles.

Se suponía que el tiempo corre en contra de Moscú. Este viernes, si no hay ningún movimiento por parte del Kremlin, será Trump el que tenga que mover ficha según sus propias palabras y decidir si aplica una batería de sanciones directas y secundarias a aquellos que compren gas o petróleo a Rusia. De momento, el presidente de Estados Unidos ha amenazado varias veces, pero nunca ha actuado contra Rusia directamente en lo que llevamos de proceso negociador.

La reunión en el Kremlin duró casi tres horas, según informaron medios oficiales rusos, sin que por el momento se conozca el resultado de estas conversaciones. Yuri Ushakov, ex embajador de Rusia en EEUU, afirmó que Witkoff y Putin mantuvieron una conversación «muy constructiva» sobre Ucrania y las perspectivas de cooperación estratégica entre Estados Unidos y Rusia. Pero que no se acordó ningún alto el fuego ni ninguna concesión del Kremlin. Es decir, otro intento de ganar tiempo. Habrá que esperar a que Trump decida actuar o seguir mostrándose dubitativo y apaciguador con el presidente ruso.

Apaciguamiento

Algunas fuentes cercanas al Kremlin creen que Putin pudo seguir ofreciendo alternativas a ese alto el fuego, pero sin aceptarlo en su totalidad, para no contrariar a Trump. El recurso del Kremlin sería ofrecer una tregua aérea, es decir, dejar de atacar con misiles y drones. Este gesto, que puede tener su importancia en un momento en el que Moscú golpea cada noche las ciudades ucranianas y a sus civiles con misiles balísticos y cientos de drones, dejaría en cambio fuera de la ecuación la larguísima línea del frente, donde según asegura Donald Trump, mueren miles de soldados cada semana.

Putin sigue ejerciendo un control bastante efectivo sobre Trump y la narrativa del conflicto. De nuevo, consiguió que Trump enviara a Witkoff a Moscú en lugar de a un diplomático experimentado. Witkoff es abogado inmobiliario, pero no sabe nada de Rusia, ni de Ucrania, ni de política exterior. Es un negociador débil en manos de un experto manipulador forjado en la KGB durante la Guerra Fría.

Retórica vacía

Desde el mes de enero, Rusia ha mantenido peticiones maximalistas (e imposibles de aceptar) sobre la cesión de territorios ucranianos, incluso algunos que no han sido conquistados por Rusia, además de su futura neutralidad ante la OTAN y una celebración de elecciones, ya que Moscú considera a Zelenski un «gobernante ilegítimo». Lo único que ha conseguido avances tangibles es el intercambio de prisioneros. El resto de cuestiones se han atascado en la retórica rusa y en los juegos dilatorios del Kremlin.

En paralelo, Keith Kellogg, el enviado de Donald Trump para Ucrania, negociará con la contraparte ucraniana desde Kiev, mucho menos problemática, aunque también con sus líneas rojas.

La realidad es que Vladimir Putin no quiere poner fin a la guerra de Ucrania y lo hace por varias razones: la primera es que no ha conseguido nada parecido a algo a lo que pueda llamar victoria. Después de casi cuatro años de sangrienta invasión sólo controla un 20% del país (del que ya controlaba un 14% desde 2014) a un coste enorme en recursos, vidas y reputación nacional, además de una considerable pérdida de contratos gasísticos con Europa. Pero Putin cree que ahora Ucrania puede desmoronarse en su frente y conseguir más territorio.

La segunda razón es que ha transformado su economía en una economía de guerra, y cualquier parón puede comprometer su estabilidad de forma severa en los próximos meses. Las finanzas rusas se sostienen por el esfuerzo bélico. La tercera es que, como han señalado algunos analistas, el autócrata ruso está atrapado en un conflicto que él mismo provocó, que pensó que iba a ser un paseo militar y del que no sabe cómo terminarlo. En Moscú las calles llenas de carteles de reclutamiento y los programas de televisión pública rezumando belicismo tóxico. En resumen: Putin no quiere, no puede y no sabe cómo salir de la guerra.

Steve Rosenberg, corresponsal de la BBC en Moscú, cuenta que un periódico ruso «describió recientemente a Vladimir Putin y Donald Trump como locomotoras que se aproximan a toda velocidad: una colisión frontal parece inevitable». De momento ambas locomotoras parecen ir por vías paralelas.

Para saber más

Algunas fuentes cercanas al Kremlin creen que Putin pudo seguir ofreciendo alternativas a ese alto el fuego, pero sin aceptarlo en su totalidad, para no contrariar a Trump. El recurso del Kremlin sería ofrecer una tregua aérea, es decir, dejar de atacar con misiles y drones. Este gesto, que puede tener su importancia en un momento en el que Moscú golpea cada noche las ciudades ucranianas y a sus civiles con misiles balísticos y cientos de drones, dejaría en cambio fuera de la ecuación la larguísima línea del frente, donde según Trump, mueren miles de soldados cada semana.

Desde el mes de enero, Rusia ha mantenido peticiones maximalistas (e imposibles de aceptar) sobre la cesión de territorios ucranianos, incluso algunos que no han sido conquistados por Rusia, además de su futura neutralidad ante la OTAN y una celebración de elecciones, ya que Moscú considera a Zelenski un "gobernante ilegítimo". Lo único que ha conseguido avances tangibles es el intercambio de prisioneros. El resto de cuestiones se han atascado en la retórica rusa y en los juegos dilatorios del Kremlin. Putin sigue ejerciendo un control bastante efectivo sobre Trump y la narrativa del conflicto. De nuevo, consiguió que Trump enviara a Witkoff a Moscú en lugar de a un diplomático experimentado. Witkoff es abogado inmobiliario, pero no sabe nada de Rusia, ni de Ucrania, ni de política exterior. Es un negociador débil en manos de un experto manipulador forjado en la KGB.

En paralelo, Trump ha anunciado un arancel del 25% para India por la compra de petróleo ruso. Resulta interesante el texto de la orden ejecutiva para justificar esta nueva subida arancelaria: "He recibido información adicional de varios altos funcionarios sobre, entre otras cosas, las acciones del Gobierno de la Federación Rusa con respecto a la situación en Ucrania. Tras considerar esta información adicional, entre otras cosas, concluyo que la emergencia nacional descrita en la Orden Ejecutiva 14066 continúa y que las acciones y políticas del Gobierno de la Federación Rusa siguen representando una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos". No es una sanción directa a Rusia, pero puede suponer el primer paso para presionar a Moscú.

En paralelo, Keith Kellogg, el enviado de Trump para Ucrania, negociará con la contraparte ucraniana desde Kiev.