Después de seis meses de apaciguar a Moscú sin obtener ningún éxito, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, parece haberse decidido a emplear el arma de las sanciones a las ventas del petróleo ruso para así forzar a Moscú a aceptar un alto al fuego en Ucrania. Pero lo ha hecho atacando a uno de los mayores aliados de Estados Unidos en el mundo, India, que además es un rival estratégico de China, el país que es la mayor amenaza a la supremacía mundial de Estados Unidos.
Trump dijo ayer que India tiene "24 horas" (aproximadamente, hasta primera hora de la tarde en España) para que hacer algo, lo que no solo incluye comprar menos petróleo a Rusia, sino también menos armas de ese país (lo que presumiblemente implicaría más a EEUU). La cuestión es que no ha dicho qué quiere que haga Delhi. El presidente estadounidense ha amenazado con subir "sustancialmente los Aranceles" que deben pagar los importadores estadounidenses cuando compran bienes indios, pero no ha dado más indicaciones de lo que espera que el Gobierno de su hasta ahora aliado Narendra Modi haga.
Mañana jueves entran en vigor los nuevos aranceles del 25% que el presidente de EEUU ha fijado unilateralmente a las importaciones indias, a las que deberían sumarse las tasas por el petróleo ruso, si es que éstas llegan a materializarse. Y el viernes concluye el ultimátum que Trump ha dado a Vladimir Putin para que acceda a una tregua en Ucrania. De lo contrario, ha afirmado, habrá una oleada de sanciones. Dado que Estados Unidos tiene un comercio muy limitado con Rusia - al que además se muestra renuente a renunciar, porque se trata en general de minerales estratégicos - apenas importa nada de Rusia, se supone que las sanciones serían "secundarias", es decir, que afectarían a los países que sí comercian con Rusia.
De cara al exterior, India se mantiene firme y se niega a reducir sus compras de hidrocarburos rusos. Delhi emitió ayer un comunicado en el que recordaba que la UE mantiene un activo comercio de materias primas - incluyendo petróleo y gas - con Rusia, pese a que éste se ha reducido tras la invasión de Ucrania. Asimismo, explicaba que EEUU sigue comprando al régimen de Vladimir Putin "hexafluoruro de uranio para su industria nuclear y paladio para su industrias de vehículos eléctricos, además de fertilizantes y productos químicos".
Pero los hechos parecen apuntar en otra dirección. Según la agencia de noticias Reuters, la mayor empresa de refinerías de India, India Oil Corporation, ha aumentado drásticamente sus compras de crudo estadounidense, canadiense y de Oriente Medio para ser entregado en septiembre, en previsión de la suspensión de la llegada de petróleo ruso. La compañía ha adquirido 7 millones de barriles, de los que el 73% son estadounidenses. Las demás grandes refinerías indias han suspendido también la compra de petróleo ruso, incluso los cargamentos que ya han salido de ese país podrían no descargar nunca sus hidrocarburos. De acuerdo con el seguimiento de barcos que realiza la empresa de información financiera Bloomberg, el viernes pasado había al menos cuatro petroleros rusos detenidos al borde de las aguas territoriales de India, a la espera de que las autoridades de ese país decidieran qué hacer.
Las empresas indias han solicitado al Gobierno de Modi guía, y este se ha limitado a decirles que preparen planes de contingencia para asegurar suministros alternativos desde Oriente Medio, Estados Unidos y África Occidental. Este cambio no solo supondría un desafío logístico importante, sino que también podría generar repercusiones en los mercados petroleros globales. Si India reduce drásticamente sus compras a Rusia, tendría que competir más agresivamente en otras regiones, lo que podría disparar los precios y desestabilizar las estrategias de aprovisionamiento de otros grandes importadores.
India compra alrededor del 38% de las exportaciones de petróleo rusas que salen por mar de ese país, con las que abastece alrededor de un tercio de su demanda. Moscú le vende el petróleo con a 55 dólares, es decir, con un descuento de unos cinco dólares el barril, lo que permite al país asiático ahorrar unos 10.000 millones de euros anuales. El principal importador de crudo de Rusia es China, con el 48% de las ventas al extranjero de ese país. Sin embargo, Trump no ha amenazado a Pekín. Es más, el presidente estadounidense ha levantado la gran mayoría de las restricciones a la exportación de microprocesadores y alta tecnología a China, y hasta ha prohibido que le presidente de Taiwán - un país cuya independencia Pekín no reconoce -haga una escala técnica en Nueva York.
La súbita delicadeza de Trump hacia China parece deberse a su desesperación para que China acepte un tratado comercial, y, así, levante el embargo encubierto que ha lanzado de materias primas necesarias para las armas de Occidente y, en particular, de Estados Unidos. Por el momento, Pekín no parece estar interesado en ningun acuerdo con Washington.
Todas esas consideraciones económicas hacen que muchos en India se pregunten si lo que de verdad quiere Trump es hacer que Putin ordene a sus cañones que dejen de disparar a los ucranianos o, simplemente, que India, que es el tercer mayor consumidor y, también, el tercer mayor importador de petróleo del mundo, deje de comprar esa fuente de energía a Rusia y pase a hacerlo a EEUU.
Trump tiene además un problema económico y político de primera magnitud con la industria petrolera de su propio país, que es el mayor productor de ese hidrocarburo del mundo. Los aranceles al acero y al aluminio han encarecido considerablmentre la extracción del petróleo estadounidense, que en gran medida se obtiene a través de fracking, una controvertida técnica que lo hace unas diez veces más caro que el que se obtiene de, por ejemplo, Arabia Saudí.
Al mismo tiempo, la incertidumbre creada por la Casa Blanca con sus aranceles está frenando la economía de EEUU y del mundo, con lo que la demanda de gasolina y otros derivados del petróleo está creciendo poco (con la excepción de, precisamente, India). Las empresas del petróleo estadounidenses fueron uno de los mayores financiadores de la campaña de Trump, pero ahora se están viendo con que las políticas de 'su' candidato, indirectamente, no les favorecen, hasta el extremo de que la producción de crudo estadounidense va a caer este año por primera vez en una década, dado que no es rentable abrir nuevos pozos.
