INTERNACIONAL
Hungría

La prohibición del Orgullo, una estrategia de Orban para neutralizar a su mayor rival en las encuestas

El partido Tisza, de Péter Magya, se encuentra en una posición muy favorable frente a Fidesz, algo sin precedentes en los últimos 15 años

Decenas de miles de personas asiste al Orgullo LGTBI de Budapest y desafían a Orban
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"Llega el dictador", susurra Jean-Claude Juncker a Laimdota Straujuma, primera ministra de Letonia, quien le responde con una risa incómoda. Estamos en mayo de 2015 y Riga acoge una cumbre europea a la que llega Viktor Orban. El entonces presidente de la Comisión Europea, sin pelos en la lengua, insiste y al saludar al primer ministro húngaro reitera "Buenos días, dictador". Imperturbable, Orban le responde "buenos días, gran duque", en referencia al Gran Ducado de Luxemburgo, de donde es originario Juncker. Este último se echa a reír y le da una palmada en la cara al líder húngaro, sin que se supiera muy bien si se trataba de un gesto afectuoso o agresivo.

La escena fue cómica y dio la vuelta en los medios de comunicación europeos. Fue un ejemplo de las bromas de Juncker pero, sobre todo, simbolizó la ambigüedad, incluso el malestar, de los europeos ante este líder, en el cargo desde 2010, vinculado durante mucho tiempo al Partido Popular Europeo (PPE) y rival de Jaroslaw Kaczynski en materia de violaciones del Estado de derecho el tiempo que el partido Ley y Justicia (PiS) ocupó el poder en Polonia.

Figura del populismo, impulsor de un modelo de "democracia iliberal" que cuestiona el Estado de derecho en su país, Orban se ha convertido en el personaje más resiliente del panorama político europeo. En abril de 2022 fue reelegido por amplia mayoría para un cuarto mandato consecutivo y el año próximo intentará un quinto. La prohibición de la marcha del Orgullo como daño colateral de una reforma legal encaminada a proteger la infancia y la familia tradicional forma parte de esa precoz estrategia electoral. Porque el objetivo de esa prohibición no era la negación de sus derechos de la comunidad LGBTI o abrir un frente con la Comisión Europea, otro más, sino dividir la oposición y neutralizar a Péter Magyar, principal rival de Orban en los comicios de 2026.

Pancartas contra el primer ministro húngaro durante la marcha del Orgullo de ayer en Budapest.
Pancartas contra el primer ministro húngaro durante la marcha del Orgullo de ayer en Budapest.ATTILA KISBENEDEKAFP

Magyar fue compañero de filas de Orban, hasta que abandonó el Fidesz en febrero de 2024 tras denunciar que el partido se había convertido en un sistema mafioso, corrupto y autoritario. Lo hizo al conocerse que la presidenta Katalin Novák había indultado secretamente al director adjunto de un centro infantil por encubrir un caso de abuso sexual. Ese mismo día, su entonces esposa, Judit Varga, ministra de Justicia de Fidesz, también dimitió.

En este momento, las encuestas muestran que Magyar y su partido Tisza se encuentran en una posición muy favorable frente al Fidesz de Orban, algo sin precedentes en los últimos 15 años. Le aventaja por hasta 10 puntos, de ahí que Orban convirtiera la marcha del Orgullo en una trampa. Magyar no ha caído. Pese a la vorágine provocada por la prohibición de la marcha del Orgullo, se ha mantenido deliberadamente al margen. Criticar la prohibición era distanciarse de su propio electorado. Magyar no asistió a la marcha, que según él "se ha prohibido para desviar la atención de los millones de húngaros que enfrentan una severa crisis de subsistencia".

Orban lleva años trabajando para limitar el ejercicio de la democracia, con la excusa de salvaguardar la identidad, la integridad y los intereses del país de la injerencia exterior y eso incluye Bruselas. Él niega autoritarismo camuflado. Simplemente aplica otro modelo: la democracia iliberal, un concepto que supuestamente permite disociar el liberalismo político de la democracia. Es una disociación que gran parte de los intelectuales consideran, sin embargo, imposible.

Hungría se asemeja a una "dictadura electoral", sostiene el filósofo neerlandés Luuk van Middelar. Los electores, que ya no tienen libertad de prensa ni libertad de asociación, "siguen ahí para guardar las apariencias", pero el Ejecutivo "ya no permite contrapoderes". El populismo es "un estilo de gobierno", coincidía en este sentido Jean-Yves Camus, politólogo especialista en extrema derecha. Los populistas "quieren ir más allá de la democracia representativa para avanzar hacia la democracia directa" y "llegar a una dictadura de las pasiones", precisa.

Sólidamente afianzado en su cargo, con una estructura ideológica basada en los valores cristianos y convencido de que Europa podría "dejar de ser el continente de los europeos" a causa de la migración, Orban tiene un fuerte espíritu de poder, una característica de su mentor político, el ex canciller alemán Helmut Kohl y del presidente estadounidense, Donald Trump, con quien ha labrado una relación especial.

Con una mayoría en el Parlamento, Orban tiene vía libre para cambiar la Constitución a su antojo y dificultar la alternancia de poder. En algunos aspectos, el régimen de Orban se asemeja al de su también admirado Vladimir Putin en Rusia: práctica autoritaria y personal del poder y despliegue de una oligarquía fiel en los puestos clave de la política, medios de comunicación, universidad y cultura.