- Tribuna Bajo el techo que se desmorona: revolución en Serbia
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Desde hace cuatro meses, las aulas de las universidades serbias están vacías y los estudiantes no se preocupan ni por las fechas de entrega de los trabajos ni por los exámenes finales. Cada día, a las 11:52 de la mañana, se concentran para recordar a las 15 víctimas del desplome el pasado 1 de noviembre de un voladizo en la estación de tren de Novi Sad, la segunda ciudad del país. La tragedia ocurrió precisamente a esa hora: las 11:52 de la mañana.
Una gran manifestación en Belgrado, con más de 100.000 asistentes según las autoridades y más de 275.000, según una agencia de recuento independiente, llenó en la tarde del sábado las calles del centro de la capital. Estas personas llegadas desde toda Serbia (un país de 6,6 millones de habitantes), y convocadas por el movimiento estudiantil, se congregaron en el centro de la capital, informó Efe, para expresar su malestar con el Gobierno y el presidente serbio, el populista nacionalista Aleksandar Vucic.
Según imágenes aéreas de la televisión regional N1, todo el centro de la capital serbia, en torno al Parlamento, estaba abarrotado por manifestantes, con banderas de Serbia y numerosas pancartas en contra de la corrupción en el Gobierno y en el Estado. Según los medios independientes, como N1 o Nova TV, se trata de la mayor concentración en la historia moderna de Serbia. Sería incluso más multitudinaria que las concentraciones que vivió el país balcánico cuando en otoño de 2000 cayó el régimen de Slobodan Milosevic.
Desde el viernes por la noche, decenas de miles de personas -31.000 según el Ministerio del Interior- recibieron a los manifestantes, llegados a pie, en bicicleta o en tractor desde toda Serbia, en un ambiente festivo. En un comunicado publicado en las redes sociales, los estudiantes pidieron que la manifestación se celebrara "con calma y responsabilidad".
Según cuenta Efe, los estudiantes fueron apoyados no solo por ciudadanos de todas las edades y procedentes de todo el país, sino también el deportista más famoso de Serbia, el tenista Novak Djokovic, ex 'número uno' del mundo y ganador de 24 torneos Grand Slam. Impresionado por las imágenes publicadas de la protesta, Djokovic colocó en los 'stories' de su cuenta de Instagram imágenes de la concentración con las palabras: "¡Historia! ¡Grandioso!".
Los universitarios llevan denunciando cuatro meses la corrupción sistémica en la que consideran que está enfangado Vucic, en el poder de Serbia, primero como primer ministro y luego como presidente, desde hace más de 10 años -no hay que olvidar que Serbia es uno de los países de los Balcanes Occidentales candidato a integrarse en la UE- y que fue ministro de Información en la última época de Milosevic.
Lo que empezó como pequeñas vigilias, arropadas con velas y silencio, ha derivado en el mayor desafío que se recuerda en el país desde las manifestaciones de octubre de 2000 que acabaron con el dictador Milosevic y con su entrega al Tribunal de la Haya para ser juzgado por crímenes de guerra. Un desafío que en vez de perder fuerza ha ido ganando adeptos.
En las protestas destacan las banderas serbias y los carteles con manos pintadas de rojo sangre. Poco a poco, los estudiantes han ido recabando apoyos de otros sectores de la población, sobre todo en las grandes ciudades. El presidente Vucic ha pasado de minimizar su empuje a querer negociar y a aceptar la renuncia del primer ministro, Milos Vucevic, que dimitió hace unas semanas "para no seguir aumentando la tensión en la sociedad". Pero, eso sí, el presidente no deja de acusarlos de estar financiados por "fuerzas extranjeras" y de tener detrás a "los que quieren destruir Serbia". El propio presidente ruso Putin, en una reciente llamada a su homólogo serbio, denunció las "injerencias exteriores inaceptables".
Las exigencias de los estudiantes
Los estudiantes se organizan de manera asamblearia, no han nombrado líderes ni quieren que se les relacione, ni de manera tangencial, con algún partido político. Tienen cuatro exigencias claras: piden que se aclaren las responsabilidades de la tragedia de Novi Sad y la posible corrupción en los contratos de las obras, que realizaron empresas chinas, que se juzgue y castigue a los responsables, que los estudiantes y profesores detenidos sean puestos en libertad, y que se aumente el gasto público en las universidades.
El bosnio Adnan Cerimagic, analista del grupo de expertos European Stability Initiative y con sede en Berlín, cree que la razón de la insistencia de los estudiantes por mantenerse separados de cualquier sigla es que "existe una profunda desconfianza tanto en las instituciones del Estado como en la mayoría de los partidos de la oposición", a los que consideran "ineficaces". "Sus protestas", continúa, "tienen que ver con la rendición de cuentas, la corrupción y la represión, no con luchas partidistas". Para Cerimagic, "mantenerse independientes les permite centrarse en sus reivindicaciones, en lugar de dejar que figuras políticas secuestren el movimiento en su propio beneficio".
La también experta Mira Milosevich, nacida en Belgrado e investigadora principal del Real Instituto Elcano de Madrid, estuvo en su ciudad el pasado mes de diciembre y se vio con los estudiantes, con quienes, cuenta, sigue manteniendo el contacto. Ella apunta a que esa falta de articulación política que han decidido abrazar puede ser "una receta de fracaso" del movimiento: "Suena ético y muy bien, pero no veo cómo van a poder cambiar el régimen sin esa articulación política. Me parece un callejón sin salida", valora.
"La gente joven se ha hartado de la corrupción del Gobierno, que sin duda existe", afirma Milosevich. Para ella, en su país de origen, "hay una acumulación de descontento y los estudiantes no ven un horizonte claro, porque si no eres del partido de Vucic no tienes posibilidad de llegar ni profesionalmente ni personalmente a ninguna parte. Es algo típico de todas las ciudades postcomunistas", explica.
Las negociaciones con la UE
La otra gran cuestión es que Serbia está en plenas negociaciones con la UE para convertirse en Estado miembro en un futuro próximo. Según explica esta investigadora, los manifestantes perciben que la UE apoya al Gobierno de Belgrado y a todos los gobiernos de los Balcanes "porque prefiere la estabilidad a una inestable transición a la democracia verdadera". La responsable de la diplomacia europea, Kaja Kallas, pidió hace unos días que "las protestas no se supriman de forma violenta" y subrayó que los universitarios "tienen derecho a protestar pacíficamente por la justicia, la buena gobernanza y el Estado de derecho" y a "deshacerse de la corrupción".
Por su parte, la comisaria de Ampliación de la UE, Marta Kos, demandó que haya investigaciones independientes y exhaustivas sobre los ataques a los manifestantes. Según los datos del Centro de Periodismo de Investigación de Serbia, ha habido más de 50 agresiones a estudiantes, incluidos atropellos y golpes con palos, puñetazos y patadas. "El camino hacia la adhesión a la UE incluye reformas que forman parte de nuestros valores y prácticas compartidos", dijo en una carta abierta Kos. "La libertad de reunión es un derecho fundamental que debe ser respetado", añadió la comisaria.
"La respuesta de la UE ha sido vacilante. Al principio, Bruselas guardó silencio, esperando que las protestas se desvanecieran. Pero tras la dimisión del primer ministro y la presión del Parlamento Europeo, ignorarlas se hizo imposible", destaca Adnan Cerimagic, al que la carta de la comisaria le pareció "cautelosa": "Carecía de urgencia y de acciones concretas, lo que refuerza la impresión de que Bruselas ve las protestas más como una molestia que como una oportunidad para impulsar reformas relacionadas con la UE".
Para este analista, "la cuestión clave a partir de ahora es si esto sigue siendo una protesta contra la corrupción o evoluciona hacia un cambio político más amplio. Eso depende de cómo actúen el Gobierno, la UE y los manifestantes en los próximos meses". Mientras, estudiantes de Bosnia-Herzegovina y de Montenegro, otros dos aspirantes balcánicos al club comunitario, empiezan a salir a las calles para protestar contra casos de corrupción en sus países.
¿Efecto contagio en la región?
Las protestas contra la corrupción han atravesado fronteras y han llegado a otras dos republicas balcánicas, Bosnia-Herzegovina y Montenegro. Estudiantes de estas dos repúblicas balcánicas, también aspirantes a la UE, salieron hace unos días a las calles para protestar contra la corrupción en sus propios países. ¿Existe efecto contagio?
"Posiblemente, pero es demasiado pronto para saberlo. Muestra la creciente frustración con la corrupción y la gobernanza en toda la región", explica en analista bosnio Adnan Cerimagic. Según su punto de vista, "un verdadero contagio requeriría una causa unificadora, como la exigencia de reformas del Estado de derecho respaldadas por la UE. Pero en Serbia y otros países no hay banderas de la UE en las calles. La gente considera cada vez más que la integración en la UE es una promesa vacía. La UE, antaño dominante en Serbia, se ha visto desplazada por China, Estados Unidos, Rusia y otros países".
"No se recuperará la influencia con vagas promesas de adhesión. Sin un calendario claro para la plena adhesión o un paso intermedio significativo -como el pleno acceso al mercado único de la UE-, los líderes y los ciudadanos de la región seguirán tratando a la UE como uno más de los muchos actores externos", opina este experto. "Mientras tanto, con Donald Trump de nuevo en la Casa Blanca, Belgrado podría centrarse en estrechar lazos con Washington para defender sus intereses en el norte de Kosovo y en Bosnia y Herzegovina", subraya.




