INTERNACIONAL
Guerra en Oriente Próximo

Las bombas israelíes cierran el mítico hotel Palmyra

La intensificación de los bombardeos en Baalbek ponen en peligro las célebres ruinas romanas, Patrimonio de la Humanidad, y provocan masacres en las que trozos de cadáveres aparecen colgados de las ventanas

Imagen de la destrucción junto a la Acrópolis de la localidad libanesa de Baalbek desde el tejado del hotel Palmyra.
Imagen de la destrucción junto a la Acrópolis de la localidad libanesa de Baalbek desde el tejado del hotel Palmyra.JAVIER ESPINOSA
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Como recuerda Rima al Husseini, el eslogan del establecimiento durante los 150 años que ha existido siempre fue: "El hotel Palmyra nunca cierra sus puertas". Tras el ataque del pasado día 6, la expresión se transmutó en trágica realidad, porque la onda expansiva las arrancó, junto a ventanas y trozos de tejado.

Los pedazos de madera -muchos de ellos con decenas de años de antigüedad- permanecen arrumbados en habitaciones con tanta historia como el establecimiento. La número 27 fue la que ocupó el intelectual francés Jean Cocteau, decorada con uno de sus escritos. La onda expansiva reventó la cristalera. Algo similar pasó en la que usó la cantante libanesa Feiruz, la 26. Y en la número 30, la habitación Charles De Gaulle, donde durmió el famoso dirigente del país europeo. Algunos ventanales -ahora inexistentes- han tenido que ser cerrados con planchas de madera.

El director del habitáculo, Ghassan Kaar, se asoma a la techumbre del edificio y señala hacia los emblemáticos templos romanos, Patrimonio de la Humanidad. "Uno de los ejemplos más impresionantes de la arquitectura romana de la época imperial" de todo el orbe, en palabras de la Unesco.

Justo en el aparcamiento del conocido complejo arqueológico, a pocas decenas de metros, se divisa una pila de ruinas. "Es lo que queda de Menshieh", asevera Kaar, mientras los empleados del Palmyra intentan reparar los agujeros que dejó la metralla en el tejado del hotel.

Los misiles israelíes aplastaron literalmente la construcción: un inmueble de la era otomana, que fue uno de los primeros cafés de la villa libanesa a principios del siglo pasado y, más tarde, una tienda de diseños tradicionales. Un lugar frecuentado por los artistas que solían participar en el famoso festival que se celebraba cada año en la acrópolis romana. "Ahí eligió su vestido la soprano June Anderson", recordaba Nayla de Freige, presidenta de esa renombrada cita cultural, cuyo inicio data de 1955.

Cultura, arte e historia forman parte de la mixtura que cimenta la relevancia de Baalbek en la geografía de Oriente Próximo, y por ello la arremetida aérea israelí ha generado toda una conmoción en la nación árabe.

"Pensábamos que ese sector era seguro. Habíamos visto a grupos terroristas como el Estado Islámico o los talibanes destruir ruinas, pero ¿quién podía imaginar que Israel iba a atacar junto a un yacimiento tan importante para toda la humanidad? ¿Qué quieren? ¿Borrar siglos de historia?", relata el gobernador de Baalbek, Bachir Khodr, que no oculta su frustración.

Es la misma opinión que comparte Jihad Bayan, una fémina de 52 años, que reside junto a la acrópolis romana y regenta una tienda de vestimenta tradicional que ella misma cose a mano.

Bayan se encontraba en su vivienda cuando se registró la explosión del día 6. "Pensé que la casa se me caía encima", dice. "Ahí no había nada. Lo que Israel hace es puro terrorismo contra nuestra historia", agrega.

El bombardeo del día 6 -que dejó al menos dos muertos- se inscribe en la escalada de asaltos israelíes contra Baalbek y el resto del Valle de la Bekaa, desde finales de septiembre.

La ofensiva no amenaza sólo la supervivencia del legado histórico de la villa; el coste humano es descomunal. Khodr guarda en su teléfono las tétricas estadísticas que acumula desde septiembre y que permiten comprender el alcance de la tragedia. "Desde esa fecha han sido asesinadas 772 personas y 1.292 han resultado heridas en esta zona", asevera mirando a la pantalla del artilugio.

Más de una docena de muertos por jornada en una sucesión casi ininterrumpida de acciones aéreas que ya rondan las 1.200 en el territorio asignado a su demarcación.

Las imágenes de edificios reducidos a montañas de escombros, que en la última visita del periodista seguían siendo algo localizado, se han multiplicado por doquier, tanto en el interior de Baalbek como en la carretera que une la urbe con el resto del país.

Ahora, entre el escaso tráfico rodado que se aproxima a la localidad, no es raro cruzarse con vehículos que portan banderas blancas o las que les identifican como parte de ONGs internacionales.

"A la una de la tarde, todo el mundo cierra los pocos negocios que siguen abiertos porque es cuando empiezan a atacar los aviones", comenta Jihad Bayan, al ver como el propietario de un pequeño supermercado clausura su local cuando el reloj marca esa hora.

Los más viejos de la región tienen que remontarse a los bombardeos de la década de los 80 del siglo pasado -cuando franceses y estadounidenses se sumaron a las operaciones de la aviación israelí- para imaginar un castigo semejante.

"Y nunca causaron tanta destrucción como ahora", apostilla otro residente local.

El ataque que sufrió la urbe el día 14 fue el más "traumático" que han afrontado hasta esta fecha, según opina Khodr. Los misiles israelíes destruyeron la oficina principal de los equipos de rescate civiles de la administración local. Una operación tan violenta que el gobernador sigue turbado al rememorar los detalles.

"Rescatamos 10 cadáveres. Otros cinco eran despojos de carne mezclada. Los responsables me decían: 'Bachir, aquí tengo una pierna derecha, aquí un brazo izquierdo, aquí media mandíbula, esto es un trozo de cara...'". El relato es puro espanto.

Khaled Zama salvó la vida porque se encontraba recuperando cadáveres en otro lugar que había sufrido una suerte semejante. Volvía para dormir en esas mismas dependencias, que todos consideraban un "oasis" -esa es la palabra que usa-, aislado de las explosiones que sacudían los arrabales del entorno.

Los vecinos de Baalbek han colocado una bandera libanesa, un traje de bombero -casco incluido- y una chaqueta con unas botas, colgando de los hierros que sobresalen de las ruinas. Es su pequeño homenaje a los rescatistas y a su jefe, Bilal Raad, una conocida figura local.

"Esto ya no es una guerra. Es una cacería. No tienen límites", opina Zama.

Uno de los libaneses que le acompaña explica que los pedazos de carne humana aparecieron regados por las viviendas de alrededor.

"¿Ves esa ventana en el segundo piso? ¿La mancha negra? Ahí apareció una pierna. Y ayer (tres días después del sangriento episodio) encontramos otro trozo de una pierna", aclara.

"Eran bomberos. Están 'armados' con mangueras de agua. ¿Por qué los asesinaron?", añadió.

Destrozos del interior del hotel Palmyra, en Baalbek.
Destrozos del interior del hotel Palmyra, en Baalbek.Ihab Sh

El Palmyra es uno de esos hoteles anclados en la nostalgia colectiva, frecuentado por la realeza, poetas y artistas. Construido por el magnate griego Perikili Mimikakis en 1874, Al Husseini indica que es quizás el hotel "más viejo de todo Oriente Próximo".

El establecimiento está adornado con estatuas grecorromanas de cientos de años, muebles de época y alfombras persas que doblan en edad a la mayoría de los visitantes.

Su libro de firmas es una especie de enciclopedia del "Quién es Quién" de los personajes que marcaron los últimos decenios: desde dirigentes como el emperador de Alemania Wilhelm II, a aventureros como Laurence de Arabia, y toda una plétora de artistas como Nina Simone, Joan Baez, Ella Fitzgerald o Plácido Domingo.

Ali al Husseini -miembro de una conocida familia local- lo adquirió en 1985 y su esposa, Rima, decidió que, además de mantener su insigne aureola, podía ser escenario de otra de sus devociones: el idioma español. Hace tres años, el Palmyra se convirtió en una "extensión" del Instituto Cervantes de Beirut y acogió desde recitales de flamenco o poesía, a festivales de cine y otros muchos actos culturales para promover la cultura en castellano. El último de ellos, hace sólo algunos meses.

"Quería incorporar el español a la magia de Baalbek. Desgraciadamente, este último ataque nos ha forzado a cerrar. Es la primera vez que el Palmyra cierra en 150 años", proclama.

La arremetida contra Baalbek ha propiciado la reacción de la Unesco, que este lunes la incluyó en una lista de 34 yacimientos libaneses que pasan a estar bajo "protección reforzada". La institución internacional respondía así a la petición urgente que habían realizado en ese sentido el Ministerio de Cultura del país árabe, un centenar de diputados locales y cientos más de expertos internacionales en patrimonio.

En esa lista no sólo figuran los templos de Baalbek, sino los restos de Tiro, que también han sufrido los ataques israelíes. La destrucción implementada por los aeroplanos del país vecino se ha extendido a otros enclaves históricos como el mercado centenario de la villa sureña de Nabatieh o la fortaleza de Tebnine, que data del siglo XII, ubicada en la misma región.

"Ahora hay que rezar para que Israel respete las indicaciones de la Unesco", asegura en un tono ciertamente dubitativo el gobernador Khdor.

Para Rima al Husseini, que además de devota del español es experta en conflictos internacionales, el comportamiento de Israel la ha sumido en el desconcierto. "¿Cómo voy a dar clases ahora? ¿Quién es el terrorista y quién el que se defiende?", sentencia.