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- EEUU Atentado contra Donald Trump: el ex presidente está herido pero a salvo tras un tiroteo en uno de sus mítines
- Atentado Secuencia del intento de asesinato de Trump: disparos, caída, evacuación urgente... y el puño en alto
La ya caótica campaña electoral para las elecciones presidenciales de Estados Unidos ha quedado completamente desbaratada después del intento de asesinato del candidato del Partido Republicano, el ex presidente Donald Trump, el sábado, en un mitin en el pueblo de Butler, en el estado de Pensilvania. El atentado, que concluyó con dos personas muertas -incluyendo el asesino-, dos heridas muy graves, y Trump con heridas leves en una oreja, estuvo a punto de causar la muerte del ex presidente.
El asesino, Thomas Matthew Crooks, de Bethel Park -a unos 70 kilómetros al sur del lugar del atentado- disparó con un rifle semiautomático AR-15, como los que normalmente se utilizan en las matanzas que tienen lugar en Estados Unidos, desde el tejado de una construcción a unos 120 metros de distancia. Como era previsible, en EEUU no se han levantado apenas voces en favor del control de estas armas de guerra, cuyo uso y liberalización es defendido de manera especial por Donald Trump y el Partido Republicano.
Por el momento se desconocen las motivaciones de Crooks. Tenía 20 años, y las autoridades apenas han dado información de él. Paradójicamente, estaba registrado en el Censo como miembro del Partido Republicano, pero en enero hizo una donación de 15 dólares (13,75 euros) al Proyecto de Voto Progresista, una organización demócrata de izquierdas. Su madre es demócrata y su padre, del Partido Libertario, un partido minoritario que podría ser definido como ultraliberal y que es cercano a los republicanos en materia económica y a los demócratas en cuestiones sociales.
Joe Biden anunció este domingo una investigación independiente para determinar los móviles del atentado y, también, los posibles fallos de seguridad del Servicio Secreto, la organización de seguridad a cargo de la protección de Trump, que no había ocupado los tejados de los edificios que rodeaban al mitin del candidato republicano, que esta semana será nombrado oficialmente aspirante de ese partido a la Casa Blanca.

Un atentado previsible

Las armas las cargan los hombres
Así pues, nada está claro. Biden, que habló el sábado por la noche por teléfono con Trump, ha condenado el ataque y declarado que "esta violencia es enfermiza". Los líderes demócratas del Congreso se han sumado a las condenas y a los llamamientos a la unidad. La campaña electoral de Biden está suspendida como señal de solidaridad. Asimismo, Trump ha urgido a los estadounidenses a "estar unidos" tras el intento de asesinato y ha suspendido su campaña en señal de solidaridad.
Sin embargo, varios de los seguidores y colaboradores más destacados del candidato republicano han acusado, directa o indirectamente, a Biden de incitar el ataque. El senador por Ohio J.D. Vance, que parte como favorito a candidato a la vicepresidencia republicana, ha afirmado en la red social X (antigua Twitter) que "lo de hoy no ha sido un ataque aislado", en referencia al atentado. "El elemento principal de la campaña de Biden es que Trump es un fascista que debe ser frenado a toda costa. Esa retórica ha llevado directamente al intento de asesinato", añade el mensaje. La miembro de la Cámara de Representantes Marjorie Taylor Greene ha escrito en la misma red social "que Dios tenga misericordia de nuestros enemigos porque nosotros no la tendremos". El representante de Georgia Mike Collins acusó el mismo sábado, pocos minutos después del ataque, a Biden de "ordenar" el intento de magnicidio.
Gran parte del odio republicano se ha dirigido hacia los medios de comunicación. Cuando Trump fue evacuado del mitin sangrando por la oreja, varios de los asistentes gritaron a la prensa "¡vosotros vais a ser los próximos!", mientras hacían gestos obscenos. De acuerdo con algunas informaciones, varias personas trataron de irrumpir en el espacio reservado para los periodistas -al que Trump suele señalar con el dedo en su mítines mientras dice "ahí está la gente más deshonesta de América"- aunque los agentes del Servicio Secreto se lo impidieron.
Desde el punto de vista de la campaña, el intento de asesinato ha disparado la especulación sobre la victoria de Trump, que ya lideraba las encuestas, en las elecciones. En los mercados de apuestas, la elección de Trump en noviembre ha alcanzado alrededor del 65% de posibilidades, aunque esas cifras no tienen valor predictivo. En todo caso, las imágenes de Trump incorporándose con sangre en la cara y alzando el puño desafiante mientras parece gritar "¡luchad!", con la bandera estadounidense de fondo son, verdaderamente, imágenes para la Historia, y un formidable revulsivo electoral en una campaña en la que el republicano, aunque era el líder indisputable en las encuestas, no lograba despegarse de Biden por encima del margen de error de éstas.
El candidato 'valiente'
Ahora, todo eso puede cambiar. Incluso el poco sonido en directo del atentado hace que Trump aparezca, contrariamente a lo que dicen sus críticos, como un valiente. Cuando se incorpora herido, rodeado de agentes del Servicio Secreto, los micrófonos del estrado le captan diciendo "dejadme que me ponga los zapatos". No hay ni una queja, ni una muestra de dolor o de miedo. Ayer, había camisetas a la venta en la red social TikTok -que Trump, después de haber querido prohibir cuando era presidente, quiere mantener ahora- con Trump alzando el puño y las palabras "2024. A prueba de balas" por precios que oscilaban entre los 12,71 y los 36,51 dólares (de 11,65 a 36,47 euros). La web oficial del candidato, sin embargo, no había sido modificada.
El atentado, en realidad, es la culminación de una creciente tensión política en Estados Unidos alentada por la retórica guerracivilista en la que Donald Trump y muchos de sus seguidores han incurrido. El presidente comienza muchos de sus mítines con una grabación del himno nacional cantado por los presos por el asalto al Capitolio el 6 de enero de 2021 para impedir la ratificación de la victoria electoral de Joe Biden, a los que ha prometido indultar. Trump ha llamado a sus rivales "alimañas", ha acusado a los inmigrantes de "envenenar la sangre del país", y ha declarado que si es presidente "pondré punto final a la Constitución". En la campaña de 2016, Trump dijo que "la gente de la Segunda Enmienda" podría hacer algo si Hillary Clinton trataba de restringir el derecho a tener armas, en lo que se interpretó como una velada amenaza contra la entonces candidata demócrata.
Los líderes del Partido Demócrata nunca han llamado a la violencia. Pero sus bases son otra cosa. En 2017, un demócrata de izquierdas pegó un tiro en la cabeza al líder del grupo republicano en la Cámara de Representantes, Steve Scalise, que escapó vivo de milagro. Los saqueos -que nada tenían que ver con cuestiones de justicia racial o social- de la primavera y el verano de 2020 fueron excusados como legítimas protestas por la violencia policial contra los afroamericanos, pese a que quienes participaban en estas últimas no se dedicaban a ir a saquear las tiendas de Apple, las de zapatillas Nike, o las licorerías, como primer paso en la consecución de una sociedad más igualitaria.
Otros actos violentos no han tenido motivación política directa, pero sí han estado marcados por la ideología o la raza. En 2018, 11 judíos fueron masacrados por un neonazi en una sinagoga en Pittsburgh, a apenas 50 kilómetros de donde Trump fue tiroteado. Un año después, 23 personas fueron muestras en un ataque racista anti hispano en la ciudad de El Paso, en Texas. El intento de asesinato de Trump no es más que una nueva escalada en esta peligrosa tendencia en la que Estados Unidos parece meterse cada día más profundamente.
