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Viktor Orban, el amigo de Putin aislado por Bruselas

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La vuelta entre aplausos del polaco Donald Tusk al máximo nivel europeo contrasta con el distanciamiento creciente del húngaro en Bruselas

El 'premier' húngaro Viktor Orban.
El 'premier' húngaro Viktor Orban.LUDOVIC MARINAFP

La cara y la cruz. Las imágenes del 'mudo', como se conoce en argot periodístico a cuando las cámaras tienen acceso a los instantes previos al inicio de un Consejo Europeo par grabar las interacciones de los líderes de los 27, pero sin sonido, suelen ser reveladoras. No pueden explicar el fondo, pero sí las formas; dar pistas sobre el estado de ánimo, quién es más popular, a quién buscan los primeros ministros, junto a quién quieren ser retratados. Y, sobre todo, quién está solo. Hay ocasiones en las que el aislamiento obedece únicamente a problemas de idioma y hay otras, como se vio este jueves y viernes, que responde a algo mucho más duro: el vacío.

Viktor Orban, el primer ministro húngaro, el decano del Consejo Europeo, el mejor abogado de Vladimir Putin en la UE, el peor amigo de Ucrania, la gran amenaza para el Estado de Derecho de la Unión, el hombre que presume de no permitir la llegada de refugiados y que dice que "respaldar la inmigración es apoyar el terrorismo" estaba solo, en pie, sin nadie con quien hablar. Y no por casualidad. Fueron sólo unos instantes, imágenes que necesitan mucho contexto porque es fácil explotar momentos parecidos de cualquiera, pero si algo sobra en Europa ahora mismo es contexto para explicar por qué Hungría es lo más parecida a una paria, el principal problema y la amenaza diaria al funcionamiento de las instituciones.

Esa soledad contrastaba especialmente esta semana con la acogida entusiasta de las instituciones comunitarias, el Partido Popular Europeo (que expulsó al Fidesz húngaro) y de los líderes continentales al polaco Donald Tusk, ex presidente del Consejo Europeo y quien parece tener más papeletas para formar Gobierno tras las elecciones de la semana pasada. Tusk, al que ni siquiera le ha sido asignada la tarea de intentar una investidura todavía, pasó por Bruselas para verse con la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, o la del Parlamento Europeo, Roberta Metsola, entre otros. Para dar un mensaje de tranquilidad y confianza, para decir que está de vuelta, que Polonia gira su rumbo.

Tusk quiere reconstruir los puentes derribados por el PiS del saliente Morawiecki y Kaczynski necesita allanar el camino para ir cerrando los expedientes abiertos y tener acceso a miles de millones de euros en fondos congelados, tanto del Plan de Recuperación Next Generation, que sólo pueden usarse hasta 2026, y de Cohesión. Tusk, que debe formar una coalición complicada, es el rostro del europeísmo en uno de los dos países que más han hecho del choque con la Unión una forma de entender la política.

Hace unos años, Visegrado, el grupo formado por Budapest, Varsovia, Praga y Bratislava se convirtió en un bloque sólido con posiciones coincidentes en buena parte de los dosieres continentales y capaz no de marcar agenda, pero sí de modificarla, en especial en materia migratoria. La guerra de Ucrania lo rompió. Polonia se volvió el mayor aliado de Kiev y Hungría su principal rival y lo que esas diferencias rompió no ha sido sanado ni siquiera cuando el Ejecutivo conservador decidió distanciarse del país invadido por razones electorales hace unas semanas.

Orban soñaba con limar asperezas con sus tradicionales socios y formar una alianza sólida con Robert Fico, el nuevo primer ministro eslovaco pero que ya estuvo al frente del país en el pasado. E ir de la mano con Giorgia Meloni, presidenta a nivel europeo de ECR, el grupo de conservadores de la Eurocámara, que aspira a consolidarse como segunda o tercera fuerza en las Europeas del próximo y junio y ser una opción prioritaria para el Partido Popular de cara a las decisiones importantes legislativas.

Eslovaquia corta la ayuda a Ucrania

Fico, simpatizante de Moscú, expulsado hace unos días de la familia socialista europea, ha anunciado que cortará inmediatamente la ayuda militar, acusando a Ucrania de ser "uno delos países más corruptos del mundo" en un mensaje deliberadamente provocador publicado justo antes de llegar a Bruselas a la cumbre. Hungría, Polonia y Eslovaquia no tienen fuerza de bloqueo cuando hay mayorías, pero si tres países aprovechan su fuerza para torpedear todo lo que requiere unanimidad la cosa es muy distinta.

Pero ahora ha perdido un gran aliado y lo ha sustituido por un pequeño socio que ladra en casa pero no muerde en Bruselas. Que presume de cortar el envío de armas o munición cuando el país ya ha entregado casi todo lo que tenía en stock. Que denuncia la corrupción, pero no pone pegas reales a la ayuda que debe ser entregada. Que "se presenta como tigre pero no es más que un gatito", dicen fuentes europeas, "incapaz de aguantar la presión como sí hace Orban".

El líder de Fidesz, antiguo liberal que se hizo un nombre oponiéndose al dominio de Moscú, defendió a su llegada al Consejo Europeo su reciente reunión con Vladimir Putin, y se permitió bromear cuando se le preguntó por su posición respecto a un posible "algo el fuego" entre Israel y Gaza (ya que el gran debate del primer día de la cumbre sobre qué expresión se debería usar, decantándose al final los 27 por "corredores y pausas humanitarias") diciendo que estaba claramente a favor del alto el fuego, pero entre Rusia y Ucrania, insistiendo en que la única forma de lograrlo es dejar de enviando material bélico al invadido.

Los dos líderes, antaño aliados, amigos y europeístas liberales, ahora están en las antípodas. "Cuando Orban ganó las elecciones en 2010, su primer viaje fue a Varsovia, donde Tusk lo recibió calurosamente. Ahora, cuando Tusk está a punto de regresar al poder, Orban viajó a Pekín, donde se reunió con Putin", resume un analista de Budapest. "Ahora está solo y arrinconado", celebran en las instituciones. "Seguirá poniendo palos en las ruedas, seguirá retrasando decisiones, seguirá bloqueando declaraciones y condenas. Pero está más solo que nunca antes".