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La "isla" de Rueda, el único barón del PP sin el riesgo de Vox: llega fortalecido a la mitad de mandato con la vivienda y la Sanidad para el examen final

Con 17 años de hegemonía popular, mayoría absoluta reforzada y Vox fuera del Parlamento, afronta el ecuador de la legislatura con la mirada fija en las zancadillas de Sánchez más que en la oposición gallega

El presidente de la Xunta de Galicia, Alfonso Rueda.
El presidente de la Xunta de Galicia, Alfonso Rueda.EFE
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En San Caetano no se trabaja con la hipótesis del sobresalto. El PP suma ya 17 años consecutivos al frente de la Xunta y, lejos del desgaste que suelen dejar los ciclos tan largos, Alfonso Rueda cruza esta semana el ecuador de su segunda legislatura sin síntomas de fatiga, habiendo convertido la «estabilidad» y la «previsibilidad» en su principal baza electoral. Mientras Vox baila con los populares en Aragón y tensiona Extremadura, Rueda gobierna con la mayoría absoluta más amplia del mapa autonómico y Galicia sigue siendo la única comunidad donde la formación de Santiago Abascal no tiene ni un solo escaño, una singularidad que en el entorno del Ejecutivo describen como una «isla de moderación» frente a los extremismos que «contaminan y condicionan la política actual».

Desde que recogió el testigo de Alberto Núñez Feijóo en 2022, Rueda ha asumido el relevo con naturalidad, sin que la profunda huella de su antecesor lo eclipsara ni abriera grietas internas. Formado en la vieja escuela y «enemigo de alimentar el enfrentamiento», ha cultivado estos dos últimos años un perfil de fuerte arraigo territorial, más centrado en la gestión que en el choque simbólico con La Moncloa y a años luz de la teatralidad que marca la política madrileña.

Ese posicionamiento le ha permitido encadenar movimientos que refuerzan su relato de gobierno ordenado. Galicia fue la primera comunidad en aprobar los presupuestos de 2026, en un país donde la prórroga se ha normalizado. Ha consolidado un modelo propio de inmigración ordenada a través del Plan Retorna, con cifras récord de regresos, y ha aprobado una ley pionera que prohíbe la venta de bebidas energéticas y los váper a menores, una regulación que otras autonomías ya analizan con atención.

Puede hacerlo, por supuesto, porque la mayoría absoluta le garantiza margen parlamentario. Pero también porque enfrente no hay un bloque compacto capaz de desgastarlo. El BNG ejerce una oposición intensa y disciplinada, con vocación de Gobierno y capacidad para cohesionar a su electorado —hasta el punto de convertirse en referencia para otras siglas nacionalistas como la Chunta Aragonesista—, pero ha optado por tensionar el debate hasta el límite, apostándolo todo a la confrontación ideológica y a la denuncia permanente. El PSOE, en cambio, sigue debilitado, con un liderazgo que no termina de consolidarse y con crisis internas que han erosionado su credibilidad pública, como el caso Tomé y la posterior cascada de denuncias por acoso sexual y laboral que sacudió a la formación en la comunidad.

Esa posición no es irrelevante en el mapa interno del PP. Otros presidentes con mayoría absoluta afrontan el próximo ciclo electoral bajo mayor incertidumbre. En Madrid y Andalucía, los sondeos ya dibujan escenarios más ajustados para Isabel Díaz Ayuso y Juanma Moreno, con Vox conservando capacidad de presión en buena parte del territorio nacional. Solo en Galicia, Navarra y el País Vasco la formación de Abascal se mantiene sin fuerza determinante; pero en estas dos últimas el PP tampoco tiene horizonte inmediato de gobierno. En ese contexto, Rueda aparece hoy como el único barón popular con mayoría holgada y sin flancos abiertos a su derecha.

Y es que en el Gobierno gallego tienen claro que el adversario que más condicionará la etapa que viene no se sienta en la Cámara autonómica, sino en La Moncloa. Acusan al Ejecutivo de Pedro Sánchez de «atizar a la Xunta» en distintos frentes y de hacerlo de manera reiterada, mediante retrasos, bloqueos o recursos que lastran decisiones ya adoptadas en Galicia. Ese choque se materializa hoy en el pulso por infraestructuras estratégicas aún pendientes, en la ampliación de una Policía Autonómica con recursos limitados o en los recursos ante el Tribunal Constitucional contra iniciativas como el plan para agilizar el reconocimiento de la dependencia y la discapacidad o el programa para impulsar la repotenciación de los parques eólicos.

Es ahí donde Rueda se juega buena parte del relato para la segunda mitad de la legislatura: en su capacidad para sostener ese modelo de estabilidad frente a un Gobierno central que, con toda seguridad, seguirá empeñado en ponerle la zancadilla y en volver el diálogo más áspero.

Cuando arde la calle

Los momentos más delicados del mandato llegaron en verano, cuando el fuego se cebó con Galicia y los montes volvieron a arder con una intensidad que reabrió viejas cicatrices. La emergencia puso a prueba el pulso del Ejecutivo y obligó a Rueda a combinar presencia constante sobre el terreno con la coordinación política de la respuesta y la activación de ayudas extraordinarias para los afectados. La oposición cuestionó la suficiencia de medios y el recuento final, que acabó situándose en torno a las 143.000 hectáreas, pero el episodio trascendió el cruce de cifras. Fue un examen de liderazgo en tiempo real y, pese a la dureza de la crisis, la reacción rápida y la coordinación institucional evitaron que derivara en un desgaste estructural de su imagen en una comunidad donde las llamas siguen grabadas en el trauma colectivo.

Más silencioso, pero no menos delicado, es el frente sanitario. La Atención Primaria gallega arrastra tensiones por la falta de profesionales y las dificultades para cubrir determinadas plazas, un problema que la Xunta enmarca en el déficit estructural de médicos de familia en toda España y que ha intentado paliar con incentivos y refuerzos. Pese a ello, la presión no ha desaparecido y sigue marcando el debate público estos días, con movilizaciones intermitentes y la oposición tratando de convertir cada sala de espera en argumento político.

Fuera del foco más tenso, la gestión ordinaria define ahora el rumbo. La vivienda pública emerge como el gran indicador del mandato, con el ambicioso objetivo de alcanzar las 10.000 viviendas en 2030 como vara de medir el pulso real del Gobierno. A esa hoja de ruta suma la gratuidad universitaria para los mejores expedientes, fórmula que une mérito y apoyo público, más una ofensiva por captar inversión bajo la marca Galicia Calidade, con el Xacobeo 2027 como plataforma internacional.

En su entorno describen el estilo del presidente con una idea que resume la diferencia. «Mientras otros sobreactúan, Rueda opta por la gestión tranquila». La frase no es casual. Se le presenta como un dirigente dispuesto a dar la batalla de las ideas desde los resultados, no desde el estruendo. Poco dado al guion escrito, cómodo en el debate parlamentario, ha cultivado una imagen de pragmatismo constante, siempre «con un pie en la calle y otro en San Caetano». En su equipo subrayan un rasgo que consideran definitorio: «Puede que no sea el primero en llegar a un acto, pero suele ser de los últimos en irse, convencido de que antes de decidir hay que escuchar».

En ese marco, Galicia no es una pieza secundaria en el engranaje del Partido Popular. Es uno de sus anclajes históricos y una reserva estratégica de poder territorial que, cuando el tablero nacional se agita, adquiere todavía más valor. Desde Génova se mira el modelo gallego como la prueba de que la derecha puede concentrar su espacio sin fracturas ni tutelas, apoyada en mayorías propias y en una cultura de gobierno reconocible.

A Rueda le queda por delante la segunda mitad del mandato y, en el horizonte, las municipales del año que viene y las autonómicas de 2028 ya asoman como telón de fondo inevitable. En ese tramo se decidirá si la estabilidad que hoy exhibe era coyuntura o método, si el laboratorio gallego sigue funcionando cuando arrecian los vientos nacionales. En esa respuesta se juega no solo su balance, sino el papel de Galicia como referencia interna de un partido que busca orden en medio de la turbulencia.

La xunta inicia el archivo del proyecto de la 'macrocelulosa' de Altri en Lugo

La Xunta anunció ayer el inicio del archivo del proyecto de la macrocelulosa de Altri en Lugo tras constatar que la planta no puede acreditar la conexión eléctrica imprescindible para su funcionamiento, ya que la subestación necesaria no figura en la planificación estatal hasta 2030. La empresa dispone ahora de tres meses para justificar una posible alternativa técnica; de no lograrlo, el expediente se dará por caducado y la tramitación quedará definitivamente cerrada.

El macroproyecto de la multinacional portuguesa, centrado en la fabricación de fibras textiles a partir de residuos vegetales y presentado como una inversión de «muchos cientos de millones de euros», con potencial para generar hasta 2.500 empleos, se había convertido en uno de los principales focos de fricción política de la legislatura y en una de las banderas de la oposición.

Alfonso Rueda denunció la «demagogia clarísima» en torno a una iniciativa que ofrecía una oportunidad industrial para el interior de Lugo. Si la cancelación se confirma, supondrá un duro golpe para el tejido productivo, pero también la desactivación de un frente incómodo en el mandato y el fin de un símbolo que venía tensionando el debate autonómico.