GALICIA
Política

El socialismo gallego abre el curso político sin hoja de ruta y bajo la sombra del acoso

Besteiro encara el preludio de las municipales de 2027 sin poder sacudirse los escándalos que amenazan su liderazgo

El líder de los socialistas gallegos, José Ramón Gómez Besteiro en la Comisión Nacional extraordinaria que convocó ayer en Santiago para abordar los casos de acoso en el seno del partido.
El líder de los socialistas gallegos, José Ramón Gómez Besteiro en la Comisión Nacional extraordinaria que convocó ayer en Santiago para abordar los casos de acoso en el seno del partido.XOÁN REY|EFE
Actualizado

El PSOE gallego inaugura el año con el extintor a pleno rendimiento. El primer cónclave del curso político no ha servido tanto para desgranar las políticas con las que José Ramón Gómez Besteiro aspira a «movilizar al electorado progresista» de cara a las municipales de 2027 como para confirmar que la crisis provocada por las denuncias de acoso sexual y laboral sigue marcando el pulso interno del partido y lastrando cualquier intento de mirar al futuro.

La dirección socialista llegó al Comité Nacional extraordinario con el objetivo declarado de cerrar filas y pasar página. Sin embargo, el grueso del debate volvió a girar en torno a la gestión de los escándalos. Besteiro insistió en presentar lo ocurrido como una prueba de «coherencia», asegurando que la sucesión de casos «no es un síntoma de debilidad», sino el resultado de una actuación «firme, rigurosa y coherente», fruto de la «profunda conciencia feminista» que cimienta a la organización.

Era de esperar. Desde que empezaron a aflorar manifiestos internos críticos con el caso Tomé y a articularse un coro cada vez más nutrido de voces disconformes, el secretario general ha evitado cuidadosamente el término «crisis». Pero ni a él se le escapa que está en el punto de mira. De ahí que cerrara su intervención con un llamamiento explícito a la unidad interna: «Cuando el ruido se impone al debate sereno, cuando las luchas internas pesan más que los objetivos políticos, perdemos todos. Pierde el debate democrático. Y pierde el Partido Socialista».

Y, sobre todo, pierde Besteiro. Porque el mensaje no es menor para un PSOE gallego que ya otea las municipales de 2027 tras encadenar sus peores resultados históricos en las últimas autonómicas y firmar en 2023 unas municipales en las que fue el único gran partido que perdió representación en número de concejales. Un escenario que obliga a reconstruir su proyecto sin margen para nuevas turbulencias.

En un intento por ensanchar el foco y presentarse como una «alternativa reconocible» a la Xunta, Besteiro desplegó un discurso de amplio espectro, con referencias a los conflictos de Gaza, Ucrania y Venezuela, advertencias sobre «el avance de la extrema derecha» y críticas a la situación de la vivienda, la sanidad y la dependencia en Galicia. Pero el contraste con la oposición volvió a ser elocuente.

Mientras el BNG mantiene una estrategia sostenida de confrontación con la Xunta y el PP exhibe músculo en su 28ª Reunión Interparlamentaria con la consigna de «meter una marcha más», el socialismo gallego se ve abocado a reclamar unidad interna antes siquiera de poder empezar a proyectar su hoja de ruta para este año.

Ni siquiera el detallado relato cronológico que Besteiro articuló sobre los casos de Lugo, vinculados al expresidente de la Diputación José Tomé, y de Barbadás, con el exalcalde Xosé Carlos Valcárcel Doval, logró disipar el ruido interno. Menos aún el silencio mantenido sobre las denuncias que afectan a la alcaldesa de La Coruña, Inés Rey, un asunto que fuentes del partido explican que está en manos de la dirección federal, pero sobre el que el líder socialista ha evitado cualquier valoración pública.

Queda por ver si este intento por dar carpetazo a los escándalos surtirá realmente efecto. Más aún cuando el calendario inmediato amenaza con reactivar el foco político el próximo 14 de enero, fecha en la que la Diputación de Lugo celebrará un pleno para elegir a su nuevo presidente. Una votación a la que el PSOE concurre con la alcaldesa de Burela, Carmela López, mientras José Tomé y Xosé Carlos Valcárcel continúan aferrados a sus actas. Todo apunta, por ahora, a que la crisis aún tiene recorrido.