El reloj turístico de Andalucía ya no marca sólo los meses de verano. Tras décadas de dependencia estacional, la comunidad está logrando lo que parecía imposible: atraer viajeros cuando el sol, la playa y las procesiones no son los reclamos. La llegada de visitantes se mantiene incluso en diciembre, cuando las luces de Navidad y los sabores locales despiertan nuevas motivaciones.
Este cambio responde a una estrategia consciente, explica Paco Bersabé, fundador y director general de la consultora de márketing turístico Faro Zahara: "La desestacionalización ya no es sólo un deseo políticamente correcto, sino una estrategia real de márketing de destino".
El objetivo, apunta, va más allá de alargar la temporada: "Desestacionalizar no es llenar noviembre; es rediseñar el modelo, diversificar motivaciones y reequilibrar territorios". Andalucía busca ampliar los motivos de viaje (cultura, naturaleza, gastronomía o bienestar durante los meses fríos) y repartir mejor la actividad para evitar presiones en los mismos puntos. El éxito ya no se mide sólo en volumen, sino en estancias más largas, con un mayor gasto y una experiencia de calidad que sostenga el destino más allá del verano.
Las cifras arrojadas por la Junta de Andalucía confirman ese avance. En 2024, la comunidad recibió unos 36,2 millones de turistas, un 5% más. Pero lo más relevante no es tanto el volumen como su distribución: la llegada de viajeros se reparte ahora a lo largo de todo el año. El turismo de interior, con 6,8 millones de visitantes (un 5,6% más), lidera esta transformación y representa el 18,9% del total. Este dinamismo se refleja también en el turismo rural, con ocupaciones en puentes que rozan el 60%, por encima de la media nacional.
No se trata de un crecimiento espontáneo, sino del resultado de una política activa. En el marco del Sun&Blue Congress celebrado este mes en Almería, la secretaria general para el Turismo de la Junta de Andalucía, Yolanda de Aguilar, destacó la necesidad de planificar estratégicamente el turismo: "Tenemos que adentrar al turista en nuestros territorios de interior de la mano de las costas, aprender a gestionar los flujos turísticos y aplicar la inteligencia a esa gestión".
HOJA DE RUTA
Para lograrlo, la Junta ha creado el Observatorio para la Sostenibilidad Turística Local de Andalucía, que proporciona a los municipios 17 indicadores de partida (entre ellos, la estacionalidad) para que conozcan su realidad turística y tomen decisiones basadas en datos. Se requiere, según De Aguilar, "visión a largo plazo, anticipación a la demanda y una voluntad regenerativa" que permita que el turismo contribuya efectivamente a regenerar los territorios.
En esa misma línea, la Junta ha ido afinando su hoja de ruta a través del Plan General de Turismo Sostenible META 2027, que sitúa la diversificación y la desestacionalización como prioridades. Para Bersabé, llevarlas a la práctica pasa por segmentar mejor al viajero, cocrear producto con los territorios (restaurantes, alojamientos o empresas de actividades) y apostar por nichos como el astroturismo, el enoturismo o el turismo rural y cultural, líneas recogidas en el citado plan. Y todo ello, apoyado en los datos y la inteligencia turística, con herramientas como Andalucía Nexus (la plataforma autonómica que integra y analiza la información turística en tiempo real).
El resto tiene que ver con el relato: abandonar la postal única del verano y enseñar una Andalucía que también es "niebla en la sierra, vendimia, senderos vacíos, patrimonio sin colas y pueblos vivos en enero". Para hacer realidad esta visión, los territorios andaluces han apostado durante los últimos años por los Planes de Sostenibilidad Turística en Destino (PSTD), impulsados con fondos europeos. El objetivo es claro: un turismo más sostenible, digitalizado y competitivo, que funcione durante todo el año. Andalucía lidera este ámbito a nivel nacional, con 79 planes desplegados entre 2021 y 2023 y 1.800 acciones que ya están transformando el territorio, desde sus playas hasta los municipios del interior.
Un ejemplo es la Mancomunidad del Condado de Huelva, donde este enfoque ha permitido crear una Ruta del Vino que convierte el viñedo tradicional en un producto turístico estable. "Es un cultivo de secano que no extrae agua del acuífero y, además, actúa como barrera verde protectora para Doñana", explica Adrián Moreno, gerente de la mancomunidad. Gracias a la rehabilitación de negocios históricos, como las Bodegas Iglesias en Bollullos del Condado, y a la creación de experiencias enoturísticas, las rutas ofrecen paseos entre viñedos, el descubrimiento de variedades de uva locales, la gastronomía onubense y recorridos por calles empedradas de ciudades históricas. Una forma, comenta, de atraer visitantes en primavera, otoño e invierno, que contribuye a fijar población en municipios que fuera del verano tienden a vaciarse.
En el Levante almeriense, el PSTD de la mancomunidad que agrupa a 14 municipios ha financiado una plataforma digital que redistribuye los flujos turísticos y potencia la desestacionalización. "Cuando la costa se satura en verano, el sistema sugiere alternativas en el interior. Y cuando llega el otoño, seguimos teniendo oferta para ofrecer", explica María Antonia Fuentes, gerente de esta mancomunidad. La herramienta permite interconectar oficinas de turismo, generar rutas desde la playa hacia municipios de interior y consultar información en tiempo real. "Se trata de crear expectación por el interior cuando el reclamo playero pierde fuerza", añade Fuentes.
Este rediseño estratégico, sin embargo, va más allá de una mera cuestión de márketing o de equilibrar las estadísticas. Como advirtió Robin Degron, director de Plan Bleu (el centro regional del Programa de la ONU para el Medio Ambiente en el Mediterráneo) durante el mencionado Sun&Blue Congress, este giro responde a una necesidad autonómica apremiante: "Se trata de la supervivencia para ustedes [Andalucía] en términos de economía".
En opinión de Degron, la creciente frecuencia de "noches caniculares por encima de los 25 grados" hace que el modelo del "turismo de barbacoa y playa" sea cada vez más vulnerable. Por eso, ampliar la oferta turística a lo largo de todo el año supone, a su juicio, optar por una estrategia clave para "fortalecer la economía y proteger los territorios".
