ESPAÑA
Política

La otra izquierda revive su peor pesadilla ante el 'No a la guerra del PSOE': ¿puede evitar la quiebra de hace 20 años?

La historia de hace dos décadas con Zapatero pone en alerta a Sumar que sabe del riesgo de que la maniobra de Sánchez acabe devorando su espacio

Gaspar Llamazares (IU), Cándido Méndez (UGT), José María Fidalgo (CCOO) y José Luis Rodríguez Zapatero (PSOE), en una manifestación contra la guerra de Irak en 2003.
Gaspar Llamazares (IU), Cándido Méndez (UGT), José María Fidalgo (CCOO) y José Luis Rodríguez Zapatero (PSOE), en una manifestación contra la guerra de Irak en 2003.EFE
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Potente, directo y movilizador. La recuperación del No a la guerra de 2003 por parte de Pedro Sánchez denota la gran confianza que el PSOE tiene en este lema como herramienta para agitar al votante progresista y, a la vez, al efecto de desgaste que produce en el PP por azuzar algunos de sus peores fantasmas. La fórmula le funcionó de maravilla a Zapatero, porque consiguió aglutinar a la izquierda en torno a su candidatura en las elecciones generales de 2004 y, después, darle continuidad en las de 2008. Fue una de las grandes consecuencias de aquella ola de manifestaciones. La otra es que hubo una víctima colateral a pesar de que estuvo empujando como uno más en las calles: la izquierda alternativa, entonces representada por IU. El PSOE capitalizó aquel movimiento pacifista en las elecciones, máxime después de los atentados del 11-M tres días antes, mientras que IU fue encadenando desde ahí resultados a la baja hasta llegar al mínimo de dos diputados.

Por eso, cuando Sánchez apela al imaginario colectivo del No a la guerra, lo que hace, en realidad, es arrancar el motor de la movilización de la izquierda en torno al PSOE. Y esto, como deja constancia la historia de hace dos décadas, y los años de Zapatero, es un motivo para que se ponga en alerta a Sumar y la nueva alianza de izquierdas, que sabe del riesgo de que el movimiento de Sánchez replique la maniobra de ver devorado su espacio. Y que esto lleve ahora a Moncloa a recuperar el anhelo de lanzarse a su costa a por el 35% del voto, como la vía para recuperar la hegemonía previa a 2014.

Primero, los datos. En las elecciones de 2004, el PSOE subió 39 diputados y llegó hasta los 164 en total. En cambio, IU, que había sido una pieza fundamental en las movilizaciones del No a la guerra como un impulsor, perdió tres escaños en esa cita y se quedó en cinco, a pesar de que había incorporado como aliado a los catalanes de ICV. Se quedó rozando el 5% de los votos.

En las elecciones de marzo de 2008, tras la primera legislatura de Zapatero, el PSOE creció en cinco diputados y alcanzó los 169 con casi un 43,9% del voto. Por su parte, IU entró en una grave crisis tras quedarse sólo con dos diputados y lograr un 3,77% de las papeletas. Salieron elegidos su líder, Gaspar Llamazares, y Joan Herrera (ICV).Daba así comienzo un periodo complicado en la formación y en la izquierda alternativa que años después vio cómo el movimiento del 15-M derivó en el surgimiento de Podemos y la reconfiguración de este espacio político.

El peligro de que el PSOE trate de acaparar este nuevo No a la guerra en detrimento de lo que hoy representa Sumar está ahí en el momento en el que las encuestas reflejan que la frontera que separa a los votantes de ambos espacios es porosa, es decir, que es muy permeable en las dos direcciones. Los límites entre PSOEy Sumar son vaporosos, hay una fuerte afinidad ideológica y, en consecuencia, hay transferencia de votos.

La encuesta de Sigma Dos para EL MUNDO publicada el viernes evidencia este peligro con números. Los votantes de Sumar son más entusiastas que los del PSOE con las posiciones defendidas por Sánchez. Por ejemplo, el 94,5% de los electores de Sumar aplaude que se deniegue a EEUU el uso de las bases, frente a un 78,5% de los socialistas.

Se repite este patrón cuando se pregunta por las consecuencias. En Sumar son muchos más que en el PSOE los que opinan que la imagen de España «mejorará» o que no habrá efectos «negativos». La conclusión es sencilla. Sánchez encuentra más respaldo porcentualmente entres quienes escogieron la papeleta de Yolanda Díaz que entre quienes le votaron a él. Por lo que el No a la guerra permea sobre todo en este votante.

IU, que vivió la experiencia de 2004 y 2008, no está preocupado por un achicamiento de su espacio. «Ese No a la guerra no es patrimonio de nadie más que de la amplia mayoría social de nuestro país, de la que IU siempre ha tomado buen ejemplo y en la que tiene bien asentadas sus raíces», aseguran fuentes de la formación.

Apelan a «los 40 años» que se van a cumplir de su nacimiento como causa de esas «raíces». IU, recalcan estas fuentes, ha enarbolado esa máxima del No a la guerra «sin rodeos ni medias tintas en cada conflicto internacional» y lo viene haciendo desde hace bastantes meses con el «genocidio» de Israel. De modo, dicen, que «buena parte de la sociedad lleva tiempo movilizada» en favor de la paz.

«Quienes desde la derecha política, económica o mediática se afanen en buscar rivalidades en el No a la guerra, intereses espurios o un falso intento de polarización de la sociedad saben de sobra en qué lado están y no se han movido desde las movilizaciones masivas de comienzos de este siglo, por mucha hipocresía argumental a la que recurran», afirman estas fuentes de IU.

Igualmente, la lectura en Sumar dista de ser de preocupación. «Esto no es 2004 ni 2008», se sentencia. Y se añade: «No es la posición del PSOE, sino que es la del Gobierno de coalición y nosotros empujamos para que esa sea la posición que haya salido adelante». Por tanto, se subraya que la paternidad es compartida con Sánchez, que ellos son copartícipes y, lo más importante, que el electorado les reconoce en esa decisión.

Fuentes de Sumar advierten de que la dimensión de la crisis de Irán va más allá de la posición diplomática, dado que se necesitarán medidas como activar «un nuevo escudo social» para encarar la crisis energética y de precios que ya asoma. Es ahí, en que salgan los ERTE, la paralización de los desahucios o el tope de precios a la energía, donde Sumar está seguro de que los españoles van a «identificar» con claridad que mucho de lo que allí se aprobará lleva su sello.

«No hay nadie en este país que no sepa que esas medidas son nuestras», señalan estas fuentes, que rechazan un escenario en el que el PSOE les coma terreno. Además, el espacio político de entonces y el de ahora no tienen nada que ver. Ahora existe un hueco más grande y consolidado. Casi el triple en votos con tres millones.

Antonio Maíllo: "La alianza solo ha servido para matar"

El coordinador federal de IU, Antonio Maíllo, reivindicó ayer en el acto central de la campaña castellano leonesa, la coherencia de su formación que «hoy, como hace 40 años» sigue enarbolando el 'OTAN no, bases fuera' y el 'No a la guerra'. Maíllo recalcó que sin IU y Sumar en el Gobierno el grito antibelicista no se habría escuchado y auguró «el final más pronto que tarde» de la Alianza, una organización que, dijo, «sólo sirve para matar».