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Apenas ha pronunciado la ministra de Igualdad, Ana Redondo, que "el feminismo es pacifista", el público del auditorio del Museo Nacional del Prado se ha arrancado a aplaudir y a corear el 'no a la guerra' que esta mañana ha abanderado el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.
Así, el Gobierno ha convertido el acto institucional por el Día Internacional de la Mujer en un acto antibelicista, donde tanto la responsable del ramo como el líder del Ejecutivo han reivindicado que las mujeres "nunca deben ser coartada para lanzar guerras, ni argumentos para bombardear otro país".
"Por respeto a las mujeres que sufren opresión en todo el mundo, no podemos aceptar que se invoque la libertad cuando conviene y se olvide cuando no", ha subrayado Sánchez. En esta línea, el presidente ha afirmado que "si de verdad creemos en la libertad de las mujeres iraníes, la respuesta no puede ser más violencia". "Tiene que ser más diplomacia, más apoyo a quienes luchan desde dentro, y más derecho internacional", ha valorado.
El discurso del jefe del Ejecutivo en este acto, centrado en la llamada violencia digital, ha sido en realidad una prolongación de la comparecencia que había ofrecido a los españoles en la mañana de este miércoles. Sánchez se ha escudado alegando que "España es uno de los países más avanzados en materia de igualdad", lo que a su juicio nos dota de una "responsabilidad mayor" en aras de desplegar "una política exterior feminista".
El presidente ha prometido que en 2026 "al menos el 25% de la acción humanitaria" de nuestro país irá dirigida a mujeres y niñas porque "la igualdad se construye con coherencia, compromiso y apostando siempre por la paz, no por el odio y los conflictos". Sánchez ha reiterado su apoyo al orden multilateral y al papel de Naciones Unidas, donde ha manifestado que "ha llegado la hora de la igualdad con mayúsculas"; o sea, de que haya una mujer al frente de la secretaría general.
Por su parte, la ministra Redondo ha aprovechado el acto para refrendar también el no a la guerra. En esta línea, ha mencionado a las mujeres iraníes, afghanas, gazatíes y ucranianas porque "nada de lo que le ocurra a una mujer y niña en el mundo nos es ajeno".
Durante la parte de su intervención centrada en la temática del acto, la titular de Igualdad ha vinculado "el odio en las redes" con la "violencia física en las calles". "Debemos defendernos con democracia", ha continuado la ministra, "conscientes de que lo que pretenden es callarnos, amordazarnos, disciplinarnos, devolvernos al lugar de donde salimos para no volver: al ámbito doméstico y privado". "No vamos a dejar que el pasado avance", ha añadido.
"No se protege al poderoso"
Hace un año, también con motivo del 8-M, Sánchez se erigió paladín contra el "machismo tóxico" en un momento en el que los escándalos de acoso sexual en su espacio político emergían en la conversación pública como setas. Hoy que la metástasis se extiende por su organización política y por las instituciones del Estado que él preside, el presidente ha lamentado que estos casos se sigan produciendo, toda vez que ha achacado estas incidencias a "la expresión de esa cultura patriarcal que tenemos que extirpar de la sociedad".
"La diferencia no es que exista o no el problema", ha continuado, "la diferencia es cómo se responde cuando aparece". Sánchez ha hecho una defensa implícita del papel que jugó el PSOE ante los numerosos escándalos, asegurando que "cuando hay feministas dentro" de estas organizaciones, "evidentemente no se minimiza, no se relativiza, no se protege al poderoso"; sino que "se reacciona con fuerza y contundencia".
Algo que no sólo no sucedió en su partido con, por ejemplo, Francisco Salazar -que fue protegido por Ferraz y las denuncias de sus presuntas víctimas, desoídas-, sino que también se reprodujo en instituciones como la Policía Nacional, como hemos visto hace poco con las denuncias de acoso sexual contra el DAO de Fernando Grande-Marlaska, lo que pone en duda estas declaraciones del presidente envueltas, una vez más, con la bandera del feminismo.

