ESPAÑA
El último escaño

Estado de corrupción general

La trama de Canarias, ligada presuntamente al narcotráfico, es uno de los muchos casos que hay en un país convertido en santuario del crimen organizado

Matos y Sánchez.
Matos y Sánchez.MUNDO
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Mientras Sánchez persiste en el intento de convertir al pueblo judío en su último chivo expiatorio -una vieja tradición española-, con la inestimable ayuda del criminal Netanyahu, media España volvía a quedarse ayer durante unas horas incomunicada y sin línea telefónica. Metáfora de la decadencia de un país enfangado por todo tipo de corruptelas y corrupción, desde el latrocinio organizado de los socialistas que amaban a sus sobrinas, hasta la transversal incompetencia con la dana y el gran apagón.

Un país que lidera las estadísticas de la vergüenza en Europa, como la de tener la mayor tasa de paro, de fracaso escolar y de pobreza infantil, pero que, entre la espantá de Melody y los goles imposibles de Lamine, se resiste a aceptar que tiene un problema grave también con el crimen organizado. Detrás de Rusia, Ucrania, Italia y Serbia, España es el quinto Estado europeo con mayor presencia de grupos criminales internacionales, mayormente dedicados al narcotráfico, la ciberdelincuencia y la trata de mujeres. Sin que esta situación parezca importar a casi nadie: estamos a las puertas del verano y lo que preocupa y atañe es pillar la paga extra y asegurarse un apartamentito en la playa.

Sin duda, un lugar idílico para pasar las vacaciones son las Islas Canarias -aunque mejor, en temporada baja-, donde la corrupción del PSOE añade ahora el vínculo con el narcotráfico a su variopinto catálogo. En este abundan las marisquerías de barrio, las prostitutas valencianas, un fiscal de confianza, los sindicalistas de lo ajeno, saunas gay, un máster universitario trucho, periodistas sicarios, la narco-venezolana amiga de Zapatero, la amnistía a los golpistas, el hermano enchufado, un presidente del TC y altos cargos de empresas privadas y públicas prestos a hacer lo que diga el «puto amo»... Claroscuro de un Estado de corrupción general.

El informe de Asuntos Internos de la Policía Nacional, desvelado en este diario por Gema Peñalosa, vincula al ex presidente del Parlamento canario y actual vicepresidente, Gustavo Matos, con un empresario libanés que presuntamente controla parte del tráfico de droga en el archipiélago. El documento reproduce una ilustrativa y mafiosa conversación entre ambos, y muestra la penetración del crimen organizado hasta el mismo corazón del socialismo y de las instituciones de dicha comunidad.

La familiaridad de Matos, un hombre de confianza del ministro Torres y puntal de Sánchez en las primarias de 2014, con un presunto narcotraficante es llamativa y alarmante, pero no debería sorprender. Es una consecuencia lógica de que España, donde los intentos de asesinato han aumentado en un 20% en 2025, se haya convertido en uno de los santuarios de las principales organizaciones mafiosas, cuya praxis habitual es corromper los estamentos necesarios para garantizarse la impunidad.

En la última década, cincuenta miembros de las fuerzas de seguridad han sido expulsados por su vinculación con grupos criminales, y estoy convencido de que en la lista de corrompidos anónimos (todavía) hay jueces, fiscales, políticos, periodistas... Sin olvidar a tantos que callan y miran a otro lado por pereza, miedo o sectarismo ideológico, legitimando esta España corrupta.