En el último año, las tecnologías cuánticas se han convertido en una carrera geopolítica intensiva en capital, donde los fondos de inversión, tanto públicos como privados, ya están determinando el liderazgo del futuro. Según datos de The Quantum Insider, a febrero del 2026, las inversiones privadas experimentaron un crecimiento extraordinario en el año anterior, sobrepasando los diez billones de dólares, cinco veces el promedio anual de la década, y cerca del 50% del total invertido en el periodo. Este compromiso refleja un salto estructural en la intensidad de capital, con un desplazamiento cercano al 70% hacia la financiación avanzada - SPAC, rondas post-IPO y private equity, entre otras -, consolidando a los actores existentes y reforzando su capacidad de crecimiento a gran escala. Este giro refleja la transición hacia la industrialización: la inversión se dirige a infraestructuras de gran envergadura y activa una competencia en los mercados de capitales más allá del I+D. De hecho, muchos startups del sector ya cotizan en bolsa, como D-Wave, Quantum Computing Inc, IonQ, Rigetti, y la recientemente estrenada Infleqtion. Incluso alguna de estas empresas que cotizan han adquirido a otras del sector para reforzar su oferta en ciberseguridad, comunicaciones o sensorica, como es el caso de IonQ, que ha comprado más de cinco empresas.
Para entender por qué estas inversiones son estratégicas, conviene recordar que abarcan exactamente las tecnologías cuánticas. Estas se basan en los principios de la mecánica cuántica, una rama de la física que describe el comportamiento de partículas como los electrones y fotones. Estos principios permiten manipular y controlar sistemas con una precisión sin precedentes. Se estructuran en tres grandes áreas. En primer lugar, los sensores cuánticos, capaces de detectar señales extremadamente débiles, lo que los hace útiles en ámbitos como la defensa, la medicina o la geolocalización. En segundo lugar, las comunicaciones cuánticas, que permiten cifrar datos de forma prácticamente inviolable, garantizando transmisiones seguras. Por último, los ordenadores cuánticos, que pueden resolver ciertos problemas matemáticos de forma exponencialmente más rápida que los sistemas tradicionales, con aplicaciones clave en optimización, análisis químico, inteligencia artificial y simulaciones probabilísticas.
La estrella de las inversiones son los ordenadores cuánticos, que acaparan casi el 75% del capital destinado a tecnologías cuánticas, debido al coste de construirlo por la complejidad de sus componentes como la electrónica de control, la integración de miles de componentes ópticos, el refrigerador de dilución que necesitan muchos de ellos, la sala dedicada para fabricar los chips o para acoger al ordenador en sí, y el equipo científico de unas 20 a 50 personas. Las mayores rondas de financiación se concentran en empresas estadounidenses como PsiQuantum, IonQ y Rigetti Computing, con inversiones de entre 500 millones y 1.000 millones de dólares. En Europa, Pasqal e IQM han alcanzado los 200 y 320 millones respectivamente, situándose ambas en la categoría de unicornios.
Por otra parte, los países también están invirtiendo activamente en las tecnologías cuánticas con planes nacionales de inversiones como puede ser el que lanzó recientemente España, con su estrategia de tecnologías cuánticas para 2025-2030 con una inversión pública inicial de aproximadamente 800 millones de euros. Este programa continúa invirtiendo en empresas cuánticas claves españolas, como la empresa que está creando el ordenador cuántico Qilimanjaro Tech o la empresa de software de IA y computación cuántica Multiverse, así como las recientes inversiones para la creación de una filial española de la empresa de interconexión cuántica Nu Quantum.
Las inversiones nacionales pueden clasificarse en varias categorías: los hiperlíderes con una inversión superior a cinco billones de dólares y capacidad de liderazgo tecnológico soberano y masa crítica suficiente para definir estándares, donde solo están EE.UU. y China. Les siguen las potencias competitivas con una inversión entre uno y cinco billones de dólares con cadenas de valor y ventajas estratégicas propias donde se sitúan varios países europeos como pueden ser Reino Unido, los primeros en lanzar un plan nacional cuántico y lideres junto con Alemania en inversión, Francia y Países Bajos. En la siguiente categoría, los constructores de ecosistema, con inversiones entre 100 millones y casi un billón de dólares y capacidad real para competir en áreas estratégicas específicas y construir ecosistemas robustos a nivel nacional o regional se encuentra España. A la cola están los países con inversiones menores a 100 millones de dólares, que son los programas emergentes que recién comienzan su programa como pueden ser algunos países del hemisferio sur.
Sin embargo, el liderazgo tecnológico no depende únicamente del volumen de inversión. Está vinculado al control del hardware crítico -el cubit como unidad básica de información cuántica, la electrónica de control, la criogenia y los materiales estratégicos- y a la capacidad industrial para escalar la tecnología. La verdadera soberanía tecnológica implica dominar estos elementos y convertir la inversión en capacidad productiva.
En este escenario geopolítico, Europa se encuentra en una situación intermedia. Como se vio en el estudio Is Europe Ready for the Quantum Age del Quantum Policy Lab del IE University, Europa cuenta con talento científico, planes ambiciosos y empresas emergentes con proyección internacional. Sin embargo, aún carece de la profundidad de capital privado y velocidad de escaldado que tiene Estados Unidos o la coordinación estratégica centralizada que impulsa China, ya que falta alineación entre los países europeos en su enfoque cuántico. El desafío europeo va más allá de invertir, tiene que transformar esa inversión en capacidad industrial autónoma y liderazgo tecnológico sostenido.
En la parte de las empresas que adquieren tecnologías cuánticas, los tres sectores que más invierten en el desarrollo de soluciones como parte de su presupuesto de I+D, según un estudio reciente del IBM Institute for Business Value, son el aeroespacial y defensa, el gubernamental, y el de productos industriales. Sus principales aplicaciones incluyen optimización de rutas y logística militar, protección de infraestructuras críticas, gestión de constelaciones satelitales y modelado de escenarios complejos de emergencia, lo que refuerza la dimensión geopolítica inherente a esta tecnología.
La carrera cuántica es una competición por definir la arquitectura tecnológica dominante para las próximas décadas, entre las distintas formas de construir los cúbits. Las inversiones de capital están seleccionando favoritos y, en este contexto, la pregunta no es solo quién logrará desarrollar la tecnología ganadora, sino qué países serán capaces de traducir esa inversión en soberanía tecnológica real y ventaja duradera.
* Elena Yndurain es directora ejecutiva, consejera independiente y profesora de Tecnología en el IE Business School.

