EMPRESAS
Empresas

Eduardo Gómez, presidente de ESIC University: "Nos llegan los alumnos de la universidad pública buscando otras cosas"

Dice que el decreto 'antichiringuitos' del Gobierno "no mejorará la enseñanza ni la empleabilidad". "Los fondos de inversión pueden reventar el mercado"

Eduardo Gómez, presidente de ESIC University: "Nos llegan los alumnos de la universidad pública buscando otras cosas"
JVIER BARBANCHO
Actualizado

Eduardo Gómez es el presidente de ESIC University, que en sólo una década ha pasado de ser una pequeña escuela de negocios especializada en marketing a un gran grupo con 13 campus en nueve ciudades españolas, además de en Colombia y Brasil, con una escuela de FP superior y con una división de formación online. No le ha alterado el éxito a este sacerdote dehoniano de 43 años, moderno y vibrante, que advierte del «peligro» del desembarco de los fondos de inversión en el sector educativo porque «pueden hacer que se reviente el mercado».

Un tercio de los alumnos de educación superior estudia ya en centros privados. ¿Por qué las familias pagan 18.000 euros al año por una carrera que en la pública cuesta poco más de 1.000?
La pública y la privada son complementarias. La privada está cerca del mundo empresarial, forma a los alumnos para el trabajo y responde a las necesidades de la sociedad. Todo está cambiando mucho, no sabemos cuáles serán las profesiones del futuro y hay que preparar a los alumnos para el aquí y el ahora. Para eso necesitamos actualizar los planes de estudios, contar con profesionales en las aulas e innovar en metodología.
¿No hace todo eso la pública?
La universidad pública está más lejos del mundo empresarial. Sus profesores fomentan dar pocas horas de clase y se centran en investigar, mientras la privada es más ágil detectando nuevos grados y se pone como objetivo que el alumno logre empleo. Nosotros tenemos un departamento de 20 personas dedicado en exclusiva a buscar trabajo a los alumnos: el 95% de nuestros graduados lo consigue. Además, la privada ofrece una atención más personalizada y acompaña al alumno desde el principio.
¿Tanto acompañamiento es bueno? ¿No infantiliza a los jóvenes?
No es bueno ni malo, es lo que hay. La Generación Z, o generación de cristal, es muy diferente a la nuestra, necesita acompañamiento. Si así sacamos la mejor versión de nuestros alumnos, está justificado.
La privada también ha crecido porque no hay suficientes plazas públicas.
Sí, no hay plazas suficientes en algunos grados. También tenemos alumnos que, habiendo entrado en la pública, vienen en segundo curso buscando otras cosas, porque no han tenido una buena experiencia o porque no han acertado con la carrera. Esto no es buena noticia y pone de manifiesto el momento en el que estamos.
¿El momento en el que estamos es una burbuja con riesgo de estallar?
El crecimiento de la privada ha sido exponencial, no sé si para bien o para mal. Siempre voy a defender la iniciativa privada, porque es un motor para el desarrollo, pero me preocupa la llegada de los fondos de inversión y las compraventas de universidades, que desdibujan todo porque, al final, es el señor dinero el que está detrás y no hay una vocación formadora. Se empieza a jugar con la educación, y con la educación y la sanidad ningún país se puede permitir el lujo de jugar. Ese es el peligro y debemos tener cuidado.
¿Puede poner un ejemplo?
Hay operadores que están en una guerra de precios muy fuerte. Ofrecen altísimos descuentos o un dos por uno. Pueden reventar el mercado y no ayudan al sector. A nosotros nos han querido comprar y hemos dicho que no.
Entonces, ¿está a favor del decreto antichiringuitos del Gobierno?
Estoy de acuerdo en que una universidad tiene que tener unos estándares, pero los requisitos que se han puesto en el decreto no aseguran una mejor calidad ni inciden en los temas nucleares, que son mejorar la enseñanza y la empleabilidad. Nos ha sorprendido la injerencia del Gobierno en una tarea que está delegada en las CCAA. Sin presuponer malas intenciones sobre si el Gobierno va contra la privada, creo que necesitamos pensar en el futuro de los alumnos.
¿Por qué no recurre el decreto, como han hecho el CEU o el Gobierno de la Comunidad de Madrid?
Porque no queremos entrar en guerras y queremos aprovechar para cumplir los requisitos como una oportunidad para mejorar.
¿No será porque una de sus alumnas es la hija de Pedro Sánchez y no quieren molestarlo?
No, ese no es el motivo. No nos planteábamos recurrirlo antes de saber que ella estaba matriculada aquí. Carlota es una alumna normal, como cualquier otra. Su familia tiene relación con el centro como las demás y no sabemos si quiera si lleva seguridad.
Eduardo Gómez, con los alumnos.
Eduardo Gómez, con los alumnos.JAVIER BARBANCHO

¿Qué requisitos del decreto no cumple ESIC en estos momentos?
Estamos muy próximos a cumplir con el número de alumnos, tenemos 2.800 y ahora nos piden un 70% de los 4.500 que debemos tener en seis años. Tampoco cumplimos, pero estamos en el camino, los 20 proyectos competitivos que nos exigen. Para ello estamos buscando alianzas con otras universidades para participar en esos proyectos. El problema de todo esto es que nos han cambiado las reglas a mitad del partido.
El decreto también exige garantizar plazas en residencias universitarias para el 10% de los alumnos.
Tenemos un terreno y un proyecto para ofrecer una residencia a los alumnos internacionales, probablemente con otros agentes. Nos interesa ofrecer un pack completo al alumno y aprovechar también el hospedaje. Madrid se ha convertido en un hub de educación y, aunque ha aumentado mucho la demanda, las plazas para estudiantes en residencias sólo han crecido un 8%. El sector de la educación es muy parecido al del turismo: cuando viene alguien de fuera, compra un producto más amplio que la formación; compra una ciudad segura, buen clima, gastronomía, buena ubicación... Hay todo un ecosistema en torno a la educación que las instituciones debemos contemplar si queremos dar buen servicio a los alumnos que vienen.
¿Cuántos alumnos internacionales tienen?
Tenemos un 32% de alumnos extranjeros en la universidad y un 40% en la escuela de negocios. Y cada vez tenemos más alumnos desplazados de otras ciudades que no son Madrid, otro 30%.
¿Que ESIC sea un centro religioso ayuda para atraer a alumnos?
Cuando hablo con los padres de alumnos internacionales de 18 años que acceden al grado, me dicen: «Padre, nos quedamos más tranquilos si es una institución religiosa». Porque al final dejan al hijo aquí y, aunque la Iglesia en muchas ocasiones haya metido la pata y haya hecho las cosas mal, no deja de ofrecer seguridad a los padres de los alumnos desplazados.
¿Por qué no tienen crucifijos en las aulas?
Ofrecemos valores cristianos y en todos nuestros edificios tenemos una capilla, donde también van alumnos de otras religiones, pero sería demasiado fácil acabar toda nuestra tarea apostólica poniendo crucifijos. Nosotros, los miembros de la congregación del Sagrado Corazón de Jesús, la demostramos en el tú a tú, en los pequeños detalles. Creemos en que hay que formar buenos profesionales, pero también profesionales buenos. El espíritu de los dehonianos es muy cercano a lo social.
Hay, en todo caso, una moda por lo católico a la que ha sucumbido hasta Rosalía.
Un misionero que me dijo que, cuando hay crisis, las iglesias se llenan. Hay moda por lo católico, y una tendencia al alza de aprecio por lo religioso. Han surgido distintos grupos es imposible encontrar una casa libre en Madrid para hacer un retiro, porque están todas ocupadas. Utilizo la palabra moda porque hay que analizar bien hasta que punto tiene raíces profundas o hay un poco de superficialidad. Me gustaría que estos grupos enseñaran a pensar la fe y no movieran sólo los sentimientos de los jóvenes, porque los jóvenes están pasándolo mal. En todo caso, haya lo que haya, es un signo de los tiempos y hay que agarrarse a la ola. Hace 10 años no molaba ser de derechas y católico y ahora empieza a molar.
ESIC cumple 60 años. ¿Cómo se han convertido en universidad y han crecido tanto en la última década?
En 10 años ESIC ha duplicado el número de empleados y la facturación, de 56 a 106 millones de euros, y los alumnos han crecido un 30%. Estamos implantados en Barcelona, tenemos un campus en Medellín, hemos estrenado otro edificio en Pozuelo... Lo hemos hecho a pulmón, porque no nos financian el Estado ni la Iglesia. La congregación es la propietaria y no tenemos ánimo de lucro. El marketing es nuestra seña de identidad y queremos estar especializados. También queremos seguir siendo los segundos, no los primeros, porque estando en segunda línea tenemos la oportunidad de mejorar, como el guerrero que está atento y en búsqueda, con humildad. Nos chirría mucho eso de ser los mejores del mundo. Cuando eres el primero ya lo sabes todo y no avanzas. La fuerza del que tiene que luchar se demuestra siendo los segundos.
Usted ha experimentado un cambio de imagen que ha ido en paralelo al despegue de la universidad. ¿Qué le ha pasado?
Yo nací en una familia humilde de Alba de Tormes (Salamanca), donde está enterrada Santa Teresa. Llegar a Madrid fue una explosión y he ido descubriendo que hay que cuidarse, no sólo espiritual o intelectualmente, sino físicamente, por respeto a uno mismo. Me apunté a un gimnasio con un entrenador, me he quitado las gafas y me he dejado barba para parecer más mayor. Cuando me nombraron presidente de la institución, con 33 años, iba a las reuniones y no me hacían caso por mi edad. Estando a gusto con uno mismo se trabaja mejor y uno se siente más seguro.