En la edad antigua, cuando los millennials no existían y la generación equis era un simple proyecto en las mentes de los baby boomers, los futboleros recitaban de memoria las alineaciones de sus equipos favoritos con una mezcla de orgullo y esperanza.
Centrales de colmillo retorcido, mediocampistas virtuosos y delanteros escapistas eran los héroes de la sociedad, los referentes absolutos, la versión mediterránea del sueño americano. Y ya entonces, sutilmente todavía, sin connotar la tecnología revolución alguna, se deslizaba la pista de una brecha cultural.
Porque en EEUU, junto al emblema del deportista exitoso que representan Tom Brady, Michael Jordan o Barry Bonds, hay espacio para los pósters de Steve Jobs, Bill Gates, Jeff Bezos, Elon Musk y Mark Zuckerberg.
En España, la pared apologética de cualquier adolescente incluirá, según los gustos, a un par de peloteros y tal vez a un cantante de trap. El empresario tecnológico es tan exótico como la figura del unicornio que simboliza su éxito. Y, sin embargo, esos desconocidos detrás de algunas startups exitosas con valoraciones que, a veces, rebasan los 1.000 millones son parte integrante del futuro del país.
Miguel Arias, general partner de K Fund, el fondo de venture capital más potente de España, explica primero el cambio de chip que se ha registrado dentro del propio tejido empresarial. "Hace diez años éramos los locos de internet y esa percepción ha dado un giro de 180 grados. Los empresarios entienden que una startup puede generar un crecimiento explosivo en muy poco tiempo y que son necesarias inversiones fuertes para captar mercado".
Aunque, a menudo parezca lo contrario, Arias desmiente la coexistencia de dos economías, una de corte más convencional y otra más innovadora y audaz. "Para estos empresarios, la tecnología es crucial y apuestan por ella, pero aún falta que se atrevan a comprar más compañías tecnológicas y que family offices y gestores de planes de pensiones se mojen más con el venture capital".
Sin el músculo financiero adecuado es más difícil que surja una élite de capitanes tecnológicos. EEUU exhibe siete veces más fondos de más de 1.000 millones que Europa. En España no hay ninguno que supere ese listón.
El círculo virtuoso de la economía disruptiva funciona así: fundación de una startup, crecimiento, financiación, expansión y venta a terceros. En torno a cada compañía bien vendida surgen tres o cuatro más, recuerda Antonio Espinosa de los Monteros, CEO de Auara y LIUX, pero España acumula "cuatro o cinco ciclos mientras que EEUU lleva 80 años en esto", acota Arias.
¿Dónde se esconden esos guerreros de tercer y cuatro ciclo, esos emprendedores en serie con la receta de la victoria? En muchos casos, en sus casas u oficinas. "Al existir una imagen negativa del empresario en España, muchos de ellos prefieren una vida discreta porque saben que incluso se les va a atacar por sus logros más positivos. En EEUU, los líderes tecnológicos están en primera línea de las redes sociales".
"Aquí ya es un milagro que usen LInkedIn", observa Espinosa de los Monteros. "Se llama aprovechado, oportunista y explotador a quien en realidad se arriesga y crea valor. Es una visión distorsionada".
Profesora en Programas Executive de ESIC y coach de Alta Dirección, Raquel Davó se atreve con una lista de luminarias tech en la que menciona a José María Álvarez-Pallete, consejero delegado de Telefónica y propulsor de Wayra; Ana Botín, presidenta de Banco Santander y miembro del consejo asesor del MIT; Rosa María García, ex CEO de Siemens España; Nuria Oliver, una de las mayores expertas en inteligencia artificial (Vodafone Institute, Ellis Alicante Foundation); Miguel Vicente (Antai Ventures); y Alicia Asín (Libelium).
Tecno-economía
La de Davó es una relación de nombres híbrida donde se funden trayectorias tecnológicamente puras con otras más transversales. El gran escollo para amplificarla es que "faltan más multinacionales". Si la cartografía empresarial la componen al 99% pymes y en las empresas de más de 250 trabajadores la inversión en I+D+i es la mitad que en sus homólogas europeas y cuatro veces inferior a la alemana, el déficit es enorme. "Nuestra cultura es muy de océanos rojos: quitar de en medio al de al lado para brillar yo. El mundo necesita que las empresas, además de competir, colaboren".
Senior advisor en Innovación y Transformación Digital de IE Business School, Enrique Dans se muestra pesimista respecto al rol español en la tecno-economía del siglo XXI. "El emprendedor es un outsider que persigue a las administraciones para obtener capital semilla y se le percibe más como pedigüeño que como empresario. Saltar desde ahí a la visibilidad mediática es casi imposible cuando además se critica a quienes mejor lo hacen en el país (Amancio Ortega, Juan Roig)".
Dans desmonta la teoría del nuevo chip generacional. "La función pública sigue siendo la primera opción de los jóvenes. En el IE hay uno o dos alumnos españoles en una clase de 40, y no es un asunto de dinero, sino la sensación de obtener una sobreformación que ningún sueldo español va a pagar. El capital intelectual que fabrican las escuelas de negocio de España acaba haciendo las maletas".
En Netflix, ejemplifica Davó, prefieren la "concentración de talento", que consiste en tener a menos profesionales en cada área pero pagarles muy bien porque sólo se ficha a los mejores y esto impacta sensiblemente en los resultados. Si los mejores no cobran, emigran. Y, si emigran, la pared seguirá llena de futbolistas y el sueño de Miguel Arias -un índice tecnológico que complemente al Ibex 35 como el Nasdaq hace con el Dow Jones- nunca perderá su condición.
Musk contra Zuckerberg, la tecno-pelea del siglo
Tanto Elon Musk (Tesla, Twitter) como Mark Zuckerberg (Meta) son estrellas contemporáneas. El afecto que se profesan no es excesivo. Musk se burla de cuando en cuando en las redes de su billonario colega, quien por cierto ha hallado en las artes marciales mixtas una nueva forma de inspiración. Si Zuckerberg (39 años) entrena a diario y luce una musculatura decente, el rollizo CEO de Tesla (51) explica que se curtió en la dureza de las calles de Sudáfrica. Lo que para aquel es un desafío en toda regla (ha propuesto que el combate se celebre en Las Vegas), para éste parece una broma: "Mi mejor movimiento es La Morsa, que consiste en quedarme encima de mi adversario sin hacer absolutamente nada". Si el tamaño importa, Musk sería el favorito. Si importan las habilidades, ganaría Zuckerberg. España, tan hater con sus propios ricos, disfrutaría de lo lindo con el combate.
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